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El Consejo Asesor Científico Europeo sobre el Cambio Climático insta a la Unión Europea a mantener una alta ambición climática y pide que la Ley Europea del Clima incluya un objetivo de reducción de emisiones para 2040.
Actualmente, la norma comunitaria –aprobada en 2021– recoge que la Unión debe reducir sus emisiones netas de gases de efecto invernadero en al menos el 55% para 2030, en comparación con los niveles de 1990, y alcanzar la neutralidad climática para 2050. Sin embargo, el comité asesor ha recomendado este lunes fijar un objetivo intermedio y, en su informe, pide reducir entre un 90 % y un 95 % las emisiones netas para 2040 mediante medidas nacionales.
El comité, que actúa de manera independiente de los países y las instituciones europeas, está compuesto por 15 especialistas de distintas nacionalidades. Su propuesta, aseguran, «sigue siendo científicamente sólida y está en consonancia con los objetivos estratégicos más amplios de la UE».
En el documento de 61 páginas difundido, el consejo asesor advierte de que el aumento de las emisiones ya ha elevado la temperatura global entre 1,3 °C y 1,4 °C, «exacerbando fenómenos extremos y amenazando con daños irreversibles». En esta línea, recuerdan que la acción climática no solo es urgente desde el punto de vista ambiental, «sino estratégica para la prosperidad, seguridad y resiliencia de Europa«.
«El cambio climático no es una crisis aislada, sino que amplifica otras. Al reevaluar nuestro asesoramiento para 2023, hemos llegado a la conclusión de que un objetivo de reducción del 90-95% para 2040 sigue siendo sólido desde el punto de vista científico y mantiene a la UE en una trayectoria creíble para alcanzar la neutralidad climática en 2050″, señala el presidente del consejo, el profesor Ottmar Edenhofer. Asimismo, el científico recuerda que «responder frontalmente a este reto es plenamente compatible con abordar otras prioridades urgentes de Europa, en particular en materia de seguridad y competitividad».
Esta nueva evaluación del Consejo Asesor Científico Europeo sobre el Cambio Climático viene motivada tras los diversos cambios geopolíticos y económicos de los últimos años, además del nuevo ciclo político tras las pasadas elecciones europeas. En el informe, los miembros subrayan que mantener un objetivo claro para 2040 aportaría certidumbre política más allá de 2030, impulsando tecnologías limpias como la electrificación, reforzando la seguridad energética mediante la reducción de importaciones de combustibles fósiles y acelerando la innovación.
Asimismo, los especialistas desaconsejan el uso de créditos de carbono internacionales para cumplir los objetivos, ya que podrían restar recursos a las inversiones internas y comprometer la integridad ambiental del proceso.
«Necesitamos reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles, y las tecnologías necesarias están ampliamente disponibles. Retrasar la acción o depender de los créditos de carbono internacionales supondría el riesgo de perder oportunidades vitales para modernizar la economía de la UE, crear empleo de calidad y consolidar el liderazgo de Europa en tecnologías limpias», apunta la profesora Jette Bredahl Jacobsen, vicepresidenta del Consejo Asesor.
Mitigación… y adaptación
Además de mitigar las emisiones, el consejo advierte sobre la necesidad urgente de fortalecer las políticas de adaptación al cambio climático «para proteger a los ciudadanos de los crecientes riesgos climáticos y salvaguardar la infraestructura, las economías y los medios de vida».
A pesar de que «el aumento de las temperaturas amenaza la salud pública y causa pérdidas de vidas y daños económicos evitables en todo el continente», los especialista denuncian que «la actual política de adaptación de la UE carece de objetivos mensurables y de una sólida base jurídica«. Por ello, instan a la UE a adecuar su legislación a los esfuerzos de adaptación globales y «reflejar los hitos clave esperados en la COP30 a finales de este año».
«La UE debería aclarar su visión de la resiliencia climática y respaldarla con gobernanza, herramientas jurídicas y objetivos mensurables», detalla la española Laura Díaz Anadón, vicepresidenta del consejo asesor.




