La crisis climática y de vivienda: dos problemas generacionales que exigen soluciones conjuntas

Aunque los edificios cada vez son más eficientes, la descarbonización avanza muy lentamente. Un nuevo informe de ONU Medio Ambiente insta a alinear las políticas de eficiencia energética con el derecho a un hogar asequible y seguro.
La crisis climática y de vivienda: dos problemas generacionales que exigen soluciones conjuntas
El PNUMA considera que las políticas climáticas deben abordarse de la mano de la creciente crisis mundial de accesibilidad a la vivienda. Foto: Patrik Kovar.

Cada día, el mundo construye cerca de 12,7 millones de metros cuadrados de superficie edificada, el equivalente a una ciudad entera del tamaño de Barcelona o París casi cada semana. Sin embargo, esta frenética expansión global choca con la urgencia climática. Lejos de reducir su huella para alinearse con los objetivos climáticos, el sector de la edificación y la construcción ha vuelto a batir su récord histórico de emisiones operacionales. 

Sobre ello habla la décima edición del Informe Mundial sobre el Estado de los Edificios y la Construcción (2025-2026), publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, también conocido como ONU Medio Ambiente) y la Alianza Global para los Edificios y la Construcción (GlobalABC). En él, se advierte de que la descarbonización de nuestros edificios se ha estancado, alejándonos peligrosamente del objetivo de cero emisiones netas para 2050.

El organismo internacional explica que el sector de la edificación y la construcción se encuentra en un punto de inflexión crítico. Con una responsabilidad directa sobre el 37% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y el 28% del consumo mundial de energía, la forma en que construimos, habitamos y rehabilitamos nuestros espacios es determinante para el futuro del planeta.

Las emisiones operacionales de los edificios —aquellas derivadas de la energía utilizada para calentarlos, enfriarlos y mantenerlos en funcionamiento— aumentaron un 1% en 2024, alcanzando las 9,9 gigatoneladas de dióxido de carbono (GtCO₂). Esta cifra consolida una tendencia preocupante, ya que desde el año 2015 estas emisiones han crecido un 6,5%, cuando, para mantenerse en la senda de los objetivos climáticos, deberían haberse reducido un 31,6%.

El ritmo de expansión física del sector ilustra la magnitud del reto. Solo en 2024, la superficie total edificada a escala mundial creció un 1,7% hasta alcanzar los 273.000 millones de metros cuadrados. Esto supone un volumen de construcción equivalente a seis veces la ciudad de Madrid, cinco veces el tamaño de Nairobi o cuatro veces el de Berlín. Este rápido crecimiento, liderado en gran medida por economías emergentes como la India y los países del Sudeste Asiático, contrasta con una desaceleración temporal en Europa y China.

Materiales y emisiones incorporadas: el peso del hormigón y el acero

El impacto de la construcción va mucho más allá del consumo energético diario. El sector tiene la mayor huella material a nivel global, acaparando cerca del 50% de la extracción mundial de recursos. Durante todo su ciclo de vida, los materiales de construcción generan una enorme cantidad de gases de efecto invernadero. Solo el cemento, el acero y el aluminio empleados en los edificios representaron alrededor de 2,1 GtCO₂ en 2024, lo que supone el 9% de todas las emisiones mundiales. Estas cifras de emisiones incorporadas se han mantenido prácticamente inalteradas en la última década, evidenciando la falta de políticas efectivas para descarbonizar la cadena de suministro en la construcción.

Para atajar este problema de raíz, el informe subraya la necesidad de transitar hacia una economía circular priorizando tres vías urgentes de actuación: evitar la extracción de materias primas optimizando el diseño y reutilizando edificios; cambiar hacia prácticas de materiales regenerativos de origen biológico y bajas emisiones de carbono; y mejorar radicalmente los procesos para descarbonizar materiales convencionales como el hormigón y el acero.

La inseparabilidad de la crisis climática y el acceso a la vivienda

Más de tres cuartas partes de la superficie edificada mundial se destinan a uso residencial, y las viviendas consumen el 70% de la demanda total de energía del sector de la edificación. En este contexto, la investigación subraya que las políticas climáticas deben abordarse de la mano de la creciente crisis mundial de accesibilidad a la vivienda.

«Desde hogares y escuelas hasta hospitales y lugares de trabajo, los edificios desempeñan un papel fundamental en nuestras vidas», señala Inger Andersen, directora Eeecutiva del PNUMA. «Los edificios pueden prolongar los riesgos climáticos o proporcionar condiciones de vida más seguras, saludables y asequibles. Con la mitad de los edificios del mundo aún por construir o renovar para 2050, los gobiernos tienen una oportunidad decisiva para impulsar construcciones resilientes de cero emisiones mediante mejores políticas, normativas e inversiones», añade.

Mejorar la eficiencia energética reduce de forma directa la factura, protegiendo a los hogares frente a la volatilidad de los precios de la energía y blindando la habitabilidad ante los fenómenos meteorológicos extremos exacerbados por la crisis climática.

Políticas tímidas y un profundo déficit de inversión

A pesar de ciertos avances técnicos, como la reducción de la intensidad energética global de los edificios en un 8,5% desde 2015 o la progresiva penetración de las energías renovables (que pasaron al 17,3% del suministro), las medidas actuales son insuficientes frente a la magnitud del reto. El índice del Global Buildings Climate Tracker arroja una alarmante brecha de 49,3 puntos de descarbonización respecto a la meta necesaria en 2024 para garantizar el balance neto cero a mediados de siglo.

En el ámbito regulatorio, la situación requiere un impulso drástico. A mediados de 2025, solo Canadá y Estados Unidos contaban con códigos energéticos de construcción alineados con los principios de cero emisiones, y únicamente de forma voluntaria a nivel estatal o subnacional. Asimismo, ninguna de las nuevas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC 3.0; los planes climáticos de los países) presentadas hasta principios de 2026 incluyó una estrategia verdaderamente exhaustiva y vinculante para el sector.

Financiar esta transición estructural requiere un salto de escala. Desde 2015, se ha logrado acumular una inversión de 2,3 billones de dólares en eficiencia energética. Sin embargo, para cumplir con el Acuerdo de París,se necesitan alcanzar los 5,9 billones de dólares en inversiones acumuladas para el final de esta década.

Para que el sector asuma su cuota de responsabilidad climática, las administraciones de todos los niveles deben establecer planes obligatorios para abandonar el uso de combustibles fósiles en los edificios, acelerar la rehabilitación profunda del parque inmobiliario existente y asegurar estándares de emisiones cero en la obra nueva. La década actual, como pone en evidencia el nuevo informe de ONU Medio Ambiente, exige una transformación de la edificación sin precedentes para garantizar que nuestras infraestructuras protejan la vida humana y contribuyan directamente a la salvaguarda de la biodiversidad y la estabilidad climática.

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