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Quizá si decimos política verde, no solo nos vengan a la cabeza esos partidos que intentan poner el medio ambiente en el centro, sino que nos salte una señal de advertencia al lado del término greenwashing. Estamos muy acostumbradas a ver ese lavado de cara verde en empresas y organizaciones, en anuncios de combustibles y en cumbres del clima. Así, cuando es un político o política quien hace alarde de su lucha contra la crisis climática, ya casi ni nos sorprende que parte de lo que diga no sea del todo cierto. Sobre esa corrupción del lenguaje trata la obra Los árboles no votan, escrita y dirigida por José Ignacio Tofé, que se estrena este 25 de febrero en el Teatro del Barrio, en Madrid.
Empecemos por el principio: el título. ¿Qué dice la frase Los árboles no votan sobre la política actual?
En esta obra hablamos de dos temas. Por una parte, de cómo hay aparentemente un interés en evitar el cambio climático, pero solo un interés muy de fachada, porque si hay que elegir entre economía y cambio climático, no siempre se elige la segunda. Entonces, el cambio climático se convierte en algo que, en realidad, nunca es prioritario. La obra habla de cómo se manipula la verdad y a la gente para conseguir que al final acabe aceptando que esto es así.
«Las personas que nos dedicamos al mundo espectáculo entendemos cada vez mejor a los políticos, porque al final nos dedicamos a lo mismo».
De hecho, el asesor de la Presidenta le dice “me pagas para que te manipule”. ¿Crees la manipulación es habitual en la clase política de este país y es algo general en todos?
La política es un espectáculo. Las personas que nos dedicamos al mundo del espectáculo entendemos cada vez mejor a los políticos, porque al final nos dedicamos a lo mismo. Nos dedicamos a introducir unas ideas en la cabeza de la gente y utilizamos relatos y ficciones para conseguir que esas ideas les lleguen.
Hay una frase que dice que los actores utilizan las mentiras para contar una verdad y los políticos utilizan las mentiras para ocultar la verdad. Nuestros oficios se parecen mucho, y yo creo que estamos en un momento en el que nunca en la historia de la humanidad ha habido tantas herramientas para manipular a la gente. Por eso, como ciudadanos, lo que necesitamos es desarrollar el espíritu crítico, porque ahora tenemos un móvil en la mano en el que constantemente estamos recibiendo mensajes que nos intentan manipular.
Y es muy fácil ver cómo manipulan a los otros, a los del otro partido, pero es muy interesante observar cómo te está manipulando, digamos, los tuyos. Es importante desarrollar ese espíritu crítico y decir: vale, yo tengo unas ideas afines pero no voy a aceptar todo lo que me digan desde mi partido. Y esta crítica es fundamental porque nos saca de los buenos y los malos, y los míos y los otros, en la que nos meten las redes sociales y que creo que no nos ayuda a resolver los problemas reales.

Hay un momento en el que la Presidenta dice: “la entrevista de esta noche es fácil porque son amiguetes”. ¿Qué papel juegan o deberían jugar los medios de comunicación?
La orientación editorial de los medios se ha extremado. Antes había medios que intentaban mantener voces de un lado y voces del otro. Pero cada vez esto es menos común y las voces se van sesgando más hacia la línea editorial de ese medio de comunicación.
En ese sentido, claramente los políticos saben cuándo van a medios que les son favorables y cuando van a medios que no. Y creo, dentro de los equilibrios que tiene que haber en una democracia, que los medios de comunicación son fundamentales; pero para que hagan su labor, deben ser críticos consigo mismos.
¿Consideras que la obra es caricatura o lo llamaría realismo político?
Pues la verdad es que estamos en un mundo donde la política es tan delirante que, con despegarte dos centímetros de la realidad, ya entras en el absurdo. Una de las herramientas que he usado para escribir esta comedia son las grabaciones que hace la policía en los casos de corrupción. Cuando realmente oyes cómo hablan de verdad los políticos y las personas que están alrededor de la política, te das cuenta de que es como una película de Berlanga.
«Con la crisis del petróleo y del gas, se ha empezado a decir que la energía nuclear podría ser una energía verde porque no produce CO2. Este tipo de discursos es un ejemplo de cómo se puede coger un concepto y darle la vuelta».
Una de las propuestas políticas en la obra es crear un bosque de árboles de plástico. ¿Crees que podría pasar algo así en el mundo real?
Creo que sí. Tenemos que estar muy atentos a las mentiras. Hay una cosa que cada vez trabajan más los políticos, que es que el voto sea emocional y no racional. Buscan tocar botones emocionales muy básicos para movilizar el voto. Y eso nos lleva a aceptar cosas que, de pensarlo, no lo haríamos.
La energía nuclear, por ejemplo, siempre se tuvo claro que es una cosa peligrosa y que no es ecológica. Y ahora, con el problema que está habiendo con la crisis del petróleo y del gas, es como que empieza a acercarse un discurso diciendo que la energía nuclear podría ser una energía verde porque no produce CO2. Este tipo de discursos es un ejemplo de cómo se puede coger un concepto y darle la vuelta.
«En los debates políticos no gana quien ha dado las mejores ideas sino el mejor espectáculo«
En la obra vemos también a la figura de una científica que trata de poner sobre la mesa datos. ¿Crees que la ciencia ha perdido la batalla del discurso político por no ser, precisamente, un discurso tan emocional?
La científica dice «esto no es un debate, esto es un manicomio», y el asesor poítico le responde “sí, pero quien no debate en el manicomio, no gana las elecciones”. Para que haya un debate real tiene que haber unas reglas, alguien que modere y una voluntad por las personas que debaten de llegar, digamos, a una verdad global que sea mayor que su verdad individual. Esas reglas no existen en el debate que hay en redes sociales, no existen en los debates que hay en los medios de comunicación. Como no existen esas reglas, pues debatir es muy complicado.
Lo que entendemos por un debate en televisión es un espectáculo. Son dos personas que se lanzan frasecitas e intentan demostrar que el otro está equivocado mientras ellos demuestran lo inteligentes y lo ingeniosos que son. En ese terreno, gana quien es bueno en el espectáculo y no en la ciencia. Quien se considera que ha ganado el debate es el que ha conseguido proyectar una imagen mejor, no quien ha dado las mejores ideas o quién ha demostrado con dato que el otro está equivocado. Gana quien ha dado el mejor espectáculo.
Todo esto se cuenta en clave de comedia. Para ti, ¿el humor es una forma de resistencia o un bálsamo para suavizar una crítica?
Decía Billy Wilder que “si quieres decir la verdad a la gente, sé divertido o te matarán”. Pues es un poco ese punto. Además de que mi crítica no va sólo hacia los políticos, sino hacia la gente que vota. No digo que los políticos son muy malos y el pueblo es muy bueno, sino que le digo a la gente «cuidado con dejarte manipular». El humor es una gran herramienta porque el mensaje te entra mucho más fácil; te ríes y luego, cuando sales del teatro y la comentas –porque una de las cosas importantes que tiene el teatro es que sigue siendo un acto colectivo–, te hace pensar. A lo mejor, esas ideas planteadas con un drama, generan más resistencia.
Hablas de la gente sin la gente, porque no hay una figura de votante en la dramaturgia. Aunque sí los mencionas y dices: “No estamos aquí para hacer lo que piden los árboles, sino para hacer lo que pide la gente. La gente no quiere árboles, quiere puestos de trabajo”.
Es esta dicotomía entre la economía o la ecología como fuerzas enfrentadas. Y creo que ese es uno de los grandes desafíos a los que nos enfrentamos ahora. Tenemos a una nueva superpotencia, que es China, con un gran desarrollo económico que no va a frenar por cuestiones ecológicas. Dentro de nuestra realidad, me pregunto: ¿cómo podemos devolverle a la ecología un lugar central en una sociedad donde la economía está por encima de todo? Estamos además claramente en un momento donde las potencias más poderosas directamente plantean, sin ningún tipo de disimulo, que van a ir a por los recursos de otros países.
«Las mentiras no van a llegar por X u otra red social sino por imágenes hechas con IA que no podremos distinguir si son reales. Desarrollemos el espíritu crítico porque lo vamos a necesitar«
Has dicho la palabra poder, y quería saber si la obra es una reflexión sobre este tiempo que estamos viviendo o más una reflexión universal sobre el poder.
No hay ninguna referencia a ningún político o escándalo concreto, pero sí hay una referencia al momento actual donde, como decía antes, los políticos nunca han tenido tantas herramientas para manipularnos. La reflexión es sobre las democracias actuales. Para poder ejercer la democracia realmente necesitas desarrollar un buen espíritu crítico, porque el siguiente capítulo de todo esto ya no son las mentiras que te van a llegar por X u otra red social, sino las imágenes o vídeos hecho con IA que no vas a poder distinguir si son reales o no reales. Así que desarrollemos el espíritu crítico porque lo vamos a necesitar.
* Funciones: 25 de febrero, y 4, 11 y 18 de marzo. En el Teatro del Barrio.




