Las inundaciones en Libia fueron hasta 50 veces más probables por el cambio climático

El cambio climático y otros factores humanos aumentaron la gravedad de la tormenta Daniel en Libia, según un estudio de atribución del World Weather Attribution (WWA). Los especialistas resaltan la necesidad de adaptarse a los eventos extremos de alto riesgo.
Imagen aérea de la devastación causada por la tormenta Daniel en el noreste de Libia. Foto: Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC)

No ha pasado mucho desde que la tormenta Daniel inundó varias regiones de España. El episodio duró pocas horas, pero se acabó con cinco vidas. Grecia, Bulgaria y Turquía también la han sufrido durante días. Libia, la que más: las fuertes precipitaciones provocaron el colapso de dos presas y, aunque no se sabe el número exacto de víctimas, por ahora se cifran 3.958 muertes en Derna y 170 en el resto del país. También hay más de 10.000 personas desaparecidas.

El cambio climático ha influido en estas inundaciones. Según un rápido estudio de atribución del World Weather Attribution (WWA), el calentamiento provocado por la actividad humana multiplicó por diez la probabilidad de lluvias torrenciales en Grecia, Bulgaria y Turquía; y por 50 en Libia. Los autores también concluyen que en España se pueden esperar episodios de precipitaciones tan intensas una vez cada 10-40 años.

En el caso de Libia, los científicos especifican que un evento de lluvia extrema como este cuenta con hasta un 50% más las precipitaciones a causa de los gases de efecto invernadero. Estas lluvias torrenciales pueden ocurrir una vez cada 300-600 años en el clima actual. Es decir, son muy improbable aunque ahora son 50 veces más probables que antes del calentamiento global causado por la acción humana.

Voluntarios de la IFRC llegan a Libia para apoyar la respuesta de emergencia a la tormenta Daniel en septiembre de 2023. Crédito: IFRC

Por otro lado, en Grecia, Bulgaria y Turquía, el análisis muestra que el cambio climático aumentó hasta un 40% más las precipitaciones. Para esta gran región, el fenómeno es actualmente bastante frecuente y puede esperarse aproximadamente una vez cada diez años, es decir, que hay un 10% de probabilidades de que se produzca cada año. En cambio, para el centro de Grecia, donde se produjeron la mayoría de los impactos, el fenómeno es poco probable y solo se espera que se produzca una vez cada 80 a 100 años, es decir, que hay un 1-1,25% de probabilidades de que se produzca cada año.

“Después de un verano de olas de calor devastadoras e incendios forestales con una huella del cambio climático, cuantificar la contribución del calentamiento global a estas inundaciones ha resultado ser un reto aún mayor, pero no cabe duda de que reducir la vulnerabilidad y aumentar la resistencia a todo tipo de condiciones meteorológicas extremas es fundamental para salvar vidas en el futuro“, defiende Friederike Otto, profesora titular de Ciencias del Clima en el Instituto Grantham de Cambio Climático y Medio Ambiente del Imperial College de Londres.

El Mediterráneo es un punto caliente del cambio climático porque se está calentando más rápido que la media global pero, sobre todo, porque la región está muy expuesta y es muy vulnerable a los efectos del cambio climático”, explica Anna Cabré, científica del clima asociada a la Universidad de Pensilvania. “No estamos preparados ni adaptados para lo que está ocurriendo en eventos extremos y mucho menos para lo que viene y este estudio lo describe en números”, explica la investigadora en declaraciones a Science Media Centre (SMC) España.

Los factores que agravaron las inundaciones

El cambio climático no es el único factor que convirtió un fenómeno meteorológico extremo en una “catástrofe humanitaria”. Una de las principales conclusiones del estudio es que los efectos fueron agravados en algunas regiones debido a “la combinación de la alta vulnerabilidad de la población y su exposición a los fenómenos meteorológicos“.

“El conflicto en curso y la fragilidad del Estado en Libia agravaron los efectos de las inundaciones, contribuyendo a la falta de mantenimiento y al deterioro de las infraestructuras de las presas con el paso del tiempo y aumentando el riesgo para la población y los impactos resultantes. El conflicto también limita la planificación y coordinación de la adaptación a escala nacional en una serie de problemas climáticos a los que se enfrenta el país, como la escasez de agua y los fenómenos meteorológicos extremos como el calor y las inundaciones”, argumenta.

Adaptarse a los eventos extremos

“Esta catástrofe devastadora demuestra que los fenómenos extremos provocados por el cambio climático se combinan con los factores humanos para crear efectos aún mayores, a medida que aumenta el número de personas, bienes e infraestructuras expuestos y vulnerables a las inundaciones”, sostiene Julie Arrighi, Directora del Centro del Clima de la Media Luna Roja de la Cruz Roja. “Sin embargo, hay soluciones prácticas que pueden ayudarnos a evitar que se produzcan catástrofes, como el refuerzo de la gestión de emergencias, la mejora de las previsiones y los sistemas de alerta basados en los impactos, y el diseño de infraestructuras para el futuro clima”.

Hay que adaptarse para eventos poco probables, pero de alto riesgo y para eso se necesitan más estudios así, para poder adaptarse sabiendo a qué nivel de riesgo estamos expuestos. Esto nos permite diseñar infraestructura, en este caso presas, que aguante eventos más extremos que los de antes, y tener vías de escape planificadas en el caso de que el evento sobrepase la capacidad de la infraestructura”, señala Anna Cabré.

“Las medidas preventivas en la gestión de inundaciones desempeñan un papel fundamental en la reducción de riesgos y la protección de las comunidades. Entre estas medidas se incluyen el desarrollo de sistemas de alerta temprana, la construcción de presas de control, la mejora de los sistemas de drenaje y la implementación de planes de gestión de emergencias”, añade Enrique Doblas, investigador del CREAF y miembro del MedeCC, en las reacciones al estudio recogidas por SMC España.

Doblas también considera que “las medidas preventivas basadas en la planificación urbana para la resiliencia y en soluciones basadas en la naturaleza ofrecen un enfoque prometedor y económicamente viable”. Esto incluye acciones como “la reforestación en áreas aguas arriba, la restauración de llanuras inundables y la protección contra la erosión de las orillas, así como prácticas agrícolas adecuadas para retener el agua”. El investigador destaca que “la adaptación proactiva al aumento del nivel del mar es esencial para las áreas costeras“. El acrecentamiento de playas y costas, así como la restauración de dunas y zonas húmedas pueden contribuir a la protección contra las inundaciones y, además, a preservar la biodiversidad.

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