Las especies invasoras constituyen una seria amenaza para la biodiversidad. Un mal que se acentúa con el calentamiento global, que permite que especies no nativas, como las tropicales, colonicen aguas más septentrionales y expulsen a la fauna y la flora autóctonas.
Mientras la ciencia da la voz de alarma, la falta de coordinación política y los intereses económicos paralizan el rescate de la biodiversidad oceánica.
Para 2030, el mundo debe proteger el 30% de la superficie marina (objetivo conocido como 30x30). España, bajo el marco europeo, se enfrenta además al reto de que un 10% cuente con protección estricta (10x30).
La designación del Espacio Marino de la Costa Central Catalana como Área Marina Protegida plantea interrogantes sobre la gestión de estas áreas y su impacto en las flotas pesqueras locales.
Los buques navegan estables gracias a depósitos que contienen agua de lastre, pero al liberarla en otros puertos depositan infinidad de microorganismos, larvas y algas. Sin el tratamiento adecuado a bordo de los buques, se convierten en especies invasoras. Un convenio internacional trata de impedirlo.
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