Las especies invasoras constituyen una seria amenaza para la biodiversidad. Un mal que se acentúa con el calentamiento global, que permite que especies no nativas, como las tropicales, colonicen aguas más septentrionales y expulsen a la fauna y la flora autóctonas.
El informe sobre el Estado del Clima de Copernicus y la OMM confirma que el 95% del continente registró anomalías térmicas en 2025. Las olas de calor alcanzaron el Círculo Polar Ártico mientras la región sufría la mayor devastación por incendios de su historia.
Con Catalunya a la cabeza, hay ejemplos de cogestión de los recursos marinos que aportan beneficios sociales y medioambientales. Se trata de fomentar el diálogo entre todos los actores implicados para evitar la sobreexplotación pesquera y la imposición unilateral de vedas y restricciones por parte de los poderes públicos.
Los efectos de la contaminación acústica y la contaminación lumínica son evidentes en todos los seres vivos marinos, desde las pardelas hasta los corales, pasando también por los microorganismos.
"La Tierra no es exclusivamente de uso humano y necesitamos al resto de las especies de animales y plantas para vivir", señala María García de la Fuente, presidenta de APIA.
Mientras la ciencia da la voz de alarma, la falta de coordinación política y los intereses económicos paralizan el rescate de la biodiversidad oceánica.
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