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Europa se calienta a un ritmo alarmante y las consecuencias ya están transformando la geografía y la vida en el continente. Según el informe sobre el Estado del Clima en Europa, elaborado de forma conjunta por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (CEPMPM) a través del Servicio de Cambio Climático de Copernicus, Europa es el continente que más rápido se calienta de todo el planeta. Durante el año 2025, al menos el 95% del territorio europeo experimentó temperaturas anuales por encima de la media histórica, dejando a su paso un rastro de sequías, incendios sin precedentes y mares asfixiados por el calor.
El Ártico con calor extremo
Uno de los hallazgos más impactantes y preocupantes del informe de 2025 se sitúa en las latitudes más septentrionales. Las regiones frías de Europa, que desempeñan un papel fundamental en la mitigación del cambio climático global gracias a su capacidad para reflejar la luz solar hacia el espacio (el conocido como efecto albedo), están sufriendo alteraciones rápidas y dramáticas.
Durante el mes de julio, la región subártica de Fennoscandia —que comprende los territorios de Noruega, Suecia y Finlandia— padeció la ola de calor más larga y severa de su historia registrada. Este evento extremo se prolongó durante tres semanas ininterrumpidas. En pleno Círculo Polar Ártico, los termómetros superaron la barrera de los 30 °C durante 21 días consecutivos, alcanzando un pico asfixiante e inédito de 34,9 °C en la localidad noruega de Frosta. En contrapartida, el 90% del continente europeo experimentó una cifra de días por debajo de la media con estrés por frío «fuerte», confirmando que el área de Europa que registra días de invierno con temperaturas bajo cero se está encogiendo de manera significativa.
Este calor sostenido ha tenido un efecto devastador sobre la criosfera. En marzo de 2025, la superficie cubierta de nieve en Europa se situó un 31% por debajo de su media. Esta anomalía se traduce en una pérdida de 1,32 millones de kilómetros cuadrados de nieve, lo que equivale a la superficie combinada de Francia, Italia, Alemania, Suiza y Austria, marcando la tercera extensión de nieve más baja desde que comenzaron los registros en 1983.
Asimismo, los glaciares de todas las regiones europeas reportaron una pérdida neta de masa. Islandia destacó negativamente al registrar la segunda mayor pérdida de masa glaciar de su historia. La situación es aún más grave en la capa de hielo de Groenlandia, que perdió 139 gigatoneladas (139.000 millones de toneladas) de hielo a lo largo del año. Para contextualizar la magnitud del deshielo, esta cifra equivale a 1,5 veces el volumen total de hielo que almacenan todos los glaciares de los Alpes europeos. El documento advierte que esta pérdida contribuye directamente a la subida global del nivel del mar, y recuerda que cada centímetro de aumento expone a 6 millones de personas más al riesgo de inundaciones costeras.
Océanos ‘hirviendo’ y ecosistemas marinos al límite
A nivel global, los océanos han absorbido aproximadamente el 90% del exceso de calor provocado por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero. En este escenario, la región oceánica europea registró en 2025 la temperatura anual de la superficie del mar más alta de todos los tiempos, encadenando así su cuarto año consecutivo batiendo récords de calor marino.
Las olas de calor marinas afectaron al 86% de toda la región oceánica de Europa, alcanzando al menos la categoría de «fuerte». Además de ser más extensas, estas olas de calor fueron mucho más violentas. El 36% de las aguas europeas sufrieron condiciones catalogadas como «severas» o «extremas», la proporción más alta jamás documentada.
Todo el mar Mediterráneo ha soportado al menos un día con condiciones de ola de calor marina «fuerte» durante cada uno de los últimos tres años, y en 2025 su temperatura media anual fue la segunda más alta jamás observada. El mar de Noruega, que abarca el norte de Europa y se adentra en el Ártico, también sufrió embates térmicos «severos», un fenómeno oceánico que coincidió en el tiempo con la ola de calor atmosférica histórica en Fennoscandia.
Sequía implacable y un año negro para los incendios
La combinación letal de altas temperaturas y falta de precipitaciones sometió a los recursos hídricos a un estrés sin precedentes. El 70% de los ríos europeos mostraron caudales por debajo de la media anual, una carencia que se arrastró durante 11 meses de 2025. Además, la tierra se secó drásticamente, haciendo de este año uno de los tres más secos en términos de humedad del suelo desde 1992. En mayo, las condiciones de sequía castigaban a más de la mitad de Europa (el 53%).
Este cúmulo de fenómenos llevó a una temporada de incendios forestales catastrófica. Europa vio arder alrededor de 1.034.550 hectáreas, la mayor superficie registrada en la historia y un área equivalente a un país entero como Chipre. En consecuencia, las emisiones provocadas por estos incendios alcanzaron sus niveles máximos históricos. España fue el epicentro de la catástrofe, concentrando en solitario alrededor de la mitad de todas las emisiones continentales. Junto a España, países como Chipre, Reino Unido, Países Bajos y Alemania anotaron sus propios registros históricos de emisiones por incendios.
Biodiversidad amenazada y la esperanza renovable
Los fenómenos meteorológicos extremos de 2025 han infligido severos daños a la biodiversidad, afectando a las praderas marinas del Mediterráneo y provocando incendios en turberas, los cuales liberan grandes reservas de carbono, amplificando aún más la crisis climática. Aunque la Unión Europea se ha comprometido legalmente a restaurar al menos el 20% de sus áreas terrestres y marinas para 2030 mediante enfoques basados en la naturaleza, los autores del informe insisten en que los progresos deben acelerarse.
El principal contrapunto positivo lo aportó el sector energético. Las energías renovables cubrieron casi la mitad de la demanda eléctrica de Europa en 2025, alcanzando un 46,4% del mix. Dentro de este apartado, la energía solar estableció un nuevo récord histórico de contribución, aportando el 12,5% de toda la electricidad.
Como concluye Samantha Burgess, responsable de clima en el CEPMPM, «la evidencia es inequívoca: el cambio climático no es una amenaza futura, es nuestra realidad presente». Un presente que exige adaptar con máxima urgencia a un continente que se calienta, se seca y arde a un ritmo insospechado.

