El 'carbon farming' (agricultura de captura de carbono) gana protagonismo en las políticas europeas, pero su efectividad y rentabilidad están en debate. Un estudio centrado en Andalucía y su olivar revela los límites –y también las oportunidades– de pagar a los agricultores por cuidar el suelo.
Los mercados de carbono han surgido para eludir un problema: el de dejar de quemar combustibles fósiles. La inmensa mayoría de los planes de compensación (o sea, emitir el mismo dióxido de carbono pero invertir en la plantación de árboles o en prevenir la deforestación) se han revelado ineficaces.
La ley prevé diferentes mecanismos como tecnologías de almacenamiento de carbono o reducciones del metano para favorecer los objetivos comunitarios de neutralidad climática.
Ecosistemas en regiones como África oriental, Centroamérica, India o Pakistán pueden sufrir cambios debido al carbono que capturan, según un estudio publicado en 'Nature'.
La ciudad danesa se propuso ser en 2025 la primera capital del mundo en alcanzar la neutralidad de carbono. Sin embargo, se han topado con una realidad que se extiende a todo el planeta: la tecnología de captura y almacenamiento de carbono aún no está lo suficientemente madura.
Tras radiografiar nuestra vulnerabilidad digital en ‘El enemigo conoce el sistema’, la ensayista señala ahora soluciones factibles y colectivas para combatir el calentamiento global en ‘Contra el futuro. Resistencia ciudadana frente al feudalismo climático’.
Así lo cree la mayoría de los científicos británicos que se reunieron en torno al laboratorio de ideas lanzado por el gobierno de Johnson para encontrar una solución tecnológica.
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