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Por Sergio Colombo, María Almagro Bonmatí y Juan Castro-Rodriguez, investigadores en el Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (IFAPA).
España, como parte de la Unión Europea, se ha comprometido a reducir sus emisiones netas de gases de efecto invernadero en al menos un 55 % para el año 2030 en comparación con los niveles de 1990. Para ello, además del mercado regulado de derechos de emisión, se está fomentando un mercado voluntario de carbono que permite a las empresas y entidades ir más allá de los requisitos mínimos, apoyando proyectos que capturen dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera o reduzcan emisiones de gases de efecto invernadero. En este mercado de carbono voluntario, la agricultura puede jugar un papel fundamental gracias a uno de sus principales componentes: el suelo. Nace así el concepto de carbon farming (agricultura de captura de carbono), un modelo de producción –y, aparentemente, una nueva oportunidad de negocio para los agricultores– que apuesta por prácticas que aumenten la captura de carbono y reduzcan emisiones, como por ejemplo permitir el establecimiento de una cubierta vegetal en los periodos de barbecho en cultivos herbáceos o entre las líneas de árboles en cultivos leñosos.
Estas prácticas agrícolas tienen múltiples beneficios ambientales, pues no solo contribuyen a la mitigación del cambio climático, sino que también promueven la mejora y protección de recursos naturales esenciales como son la biodiversidad, el agua y el suelo. En este contexto, las empresas no son los únicos actores que pueden contribuir a la lucha contra el cambio climático, sino también la administración pública mediante instrumentos políticos que fomenten la adopción y difusión de prácticas sostenibles clave para la captura de carbono en los suelos agrícolas, como los eco-esquemas o eco-regímenes contemplados en la nueva arquitectura verde propuesta en la última reforma de la Política Agrícola Común (PAC).
Debido al gran gasto previsto en la arquitectura verde, es crucial verificar que los recursos invertidos por la administración generen resultados ambiental y económicamente efectivos. De lo contrario, podría resultar más rentable destinar estos fondos a la compra de derechos de emisión en otros proyectos de mitigación, en lugar de invertir en esta estrategia sin una garantía clara de impacto positivo.
En plena emergencia climática, es clave identificar qué prácticas agrícolas capturan más carbono de forma sostenible. Por eso hemos evaluado el impacto ambiental y económico de dos eco-regímenes propuestos por la PAC —cubierta vegetal viva y cubierta inerte— aplicados a olivares andaluces.

¿Cómo evaluamos los impactos ambientales y económicos de los eco-regímenes propuestos por la PAC para los olivares andaluces?
Combinando los sistemas de información geográfica (SIG) con la información declarada por los agricultores en su solicitud de ayuda PAC del año 2022, hemos mapeado el olivar andaluz integrando información sobre el manejo agrícola a escala de parcela (un total de 1.487.700 hectáreas y más de 1,4 millones de parcelas), identificando hasta 10 tipos de prácticas diferentes llevadas a cabo por los olivareros andaluces. Estos datos fueron combinados con variables ambientales, como la textura del suelo, el clima, la pendiente y las tasas de erosión, permitiendo una representación espacial detallada de las condiciones edafoclimáticas y geomorfológicas del área de estudio.
Posteriormente, aplicamos el modelo RothC, una herramienta especializada que simula los cambios en el carbono orgánico del suelo a lo largo del tiempo en función de las condiciones climáticas, las propiedades del suelo y el manejo agrícola. Una descripción más detallada de los pasos metodológicos empleados se pueden consultar en el artículo científico publicado en la revista Ecological Economics.
El modelo RothC nos permitió proyectar los cambios en el contenido de carbono orgánico del suelo bajo diferentes escenarios de manejo agrícola en un periodo de 100 años. Los escenarios analizados fueron:
- Escenario actual (SQ): representa la situación actual de manejo agrícola en los olivares andaluces, donde los agricultores siguen las normativas mínimas de cumplimiento obligatorio de la PAC (condicionalidad agraria).
- Escenario 1 (adopción parcial de los eco-regímenes): se asume que solamente un porcentaje de los agricultores adopta los eco-regímenes mencionados antes, concretamente aquellos que ya aplicaban prácticas similares. En la práctica, quienes ya empleaban cubiertas vegetales adaptan su gestión para cumplir los requisitos, mientras que quienes mantenían el suelo desnudo mediante laboreo siguen haciéndolo y no se acogen a los eco-regímenes.
- Escenario 2 (adopción completa de los eco-regímenes): se asume una adopción generalizada en todos los olivares andaluces, abandonando prácticas como el laboreo y el uso de herbicidas en favor del empleo de cubiertas vegetales.
Para medir los efectos en el secuestro de carbono , y si la inversión pública resulta rentable, comparamos el carbono acumulado en el suelo en estos tres escenarios con los costes presupuestados por la administración para su implementación..
Los costes se basan en el presupuesto previsto por la PAC para aplicar estas prácticas en olivares andaluces durante diez años, ajustado por inflación. Los beneficios se estiman según la cantidad de carbono que nuestras simulaciones indican que puede almacenarse, multiplicada por el precio medio del carbono en el mercado europeo entre 2019 y 2023.
También realizamos un análisis de sensibilidad con precios mínimos y máximos del carbono, y aplicamos una tasa de descuento del 3,1 % para reflejar la inflación media en España.
Los eco-regímenes, instrumentos económicamente, ambientalmente y socialmente deseables para la agricultura
La tabla 1 resume las diferentes prácticas de manejo del suelo declaradas por los agricultores y su superficie correspondiente en las parcelas de olivar analizadas (escenario actual), así como las prácticas y superficies resultantes en los escenarios de adopción asumidos. Observamos que actualmente el 72,9 % de la superficie del olivar andaluz utiliza cubiertas vegetales, mientras que el 27,1 % mantiene el suelo desnudo mediante laboreo. El uso de herbicidas para controlar la cubierta vegetal se limita a un 1 % de la superficie. Sin embargo, solo un 57 % de la superficie sigue manejos compatibles con los eco-regímenes, siendo común el uso del laboreo para su gestión.
Nuestras investigaciones muestran que es posible incrementar de forma significativa el carbono en el suelo mediante los eco-regímenes, incluso bajo un escenario de adopción parcial (figura 1 debajo de este párrafo). Concretamente, si se adoptaran en toda la superficie del olivar andaluz, el contenido de carbono orgánico en el suelo aumentaría hasta un 72% tras 100 años, en comparación con el escenario actual.
Según nuestros resultados, las cubiertas vegetales vivas son más efectivas que las cubiertas inertes en la captura y almacenaje de carbono en el suelo, ya que aportan más biomasa y frenan mejor la erosión, lo que reduce las pérdidas de carbono. No obstante, aunque las cubiertas inertes tienen una capacidad más limitada, también contribuyen a mantener los niveles actuales de carbono y a reducir la erosión.
A corto plazo, las mayores tasas de secuestro se observan entre los primeros 5 y 10 años tras la adopción, especialmente en el caso del eco-régimen relativo a las cubiertas vegetales vivas. Sin embargo, la tasa de acumulación disminuye con el tiempo hasta alcanzar una meseta conforme el suelo se aproxima a su nivel de saturación, lo que reduce la eficacia a largo plazo. Además, el carbono capturado podría perderse rápidamente si se abandonan las cubiertas en favor del laboreo, lo que resalta la importancia de mantener prácticas sostenibles en el tiempo.
La tabla 2 resume el análisis coste-beneficio durante los primeros diez años. En las columnas dos y tres se muestra el total de carbono secuestrado en ambos escenarios. Las cantidades estimadas un año después de la adopción podrían compensar el 4,5 % (escenario 1) y el 11,3 % (escenario 2) de las emisiones anuales de CO₂ de Andalucía, lo que evidencia el alto potencial de los eco-regímenes.
¿Son rentables para la administración?
El balance económico muestra que los eco-regímenes no resultan rentables para la administración si se considera exclusivamente la captura de carbono, ya que los costes superan los beneficios. Esto se debe a dos causas:
- Los precios actuales del carbono no son lo suficientemente altos. El precio medio en los últimos cinco años ha sido de 53,48 €/tonelada, mientras que el precio mínimo necesario para cubrir costes sería de 123,41 €/ton en el escenario 1 y de 67,77 €/ton en el escenario 2. La diferencia de precios entre escenarios se explica por la mayor superficie de adopción de eco-regímenes en el segundo, lo que incrementa el carbono secuestrado y diluye los costes por hectárea.
- Se considera solo la captura de carbono como beneficio. En realidad, los eco-regímenes generan beneficios adicionales como la reducción de escorrentía y erosión, mitigación de inundaciones y daños a infraestructuras ocasionados por lluvias extremas , mejora de la estructura y retención del suelo, aumento de la biodiversidad y un paisaje más valorado socialmente.
Si se incluyeran estos cobeneficios —además de los costes evitados por daños a infraestructuras—, concluiríamos que la adopción de eco-regímenes es rentable no solo ambiental y socialmente, sino también económicamente. Por ello, es conveniente que la administración continúe incentivando la adopción de prácticas agrícolas sostenibles en olivares y otros cultivos leñosos mediante ayudas adicionales.





La Administración debe incentivar el cultivo de cañamones entre viñas, olivares, secanos. Urge sustituir petroquímica genocida con cáñamo tradicional industrial, una solución a todos los males. Lo mejor para la mente, cuerpo y medioambiente. Canamovida.com