Dos años después de la dana de València y tres desde las continuas inundaciones en la región de Emilia-Romagna en Italia, sus habitantes siguen conviviendo con las consecuencias mientras persisten las preguntas sobre qué falló en la comunicación y por qué las alertas no llegaron a tiempo.
Una investigación científica sitúa a España como el tercer país europeo más afectado por el calor extremo este verano, con 6.824 fallecimientos urbanos, de los cuales el 77% son consecuencia directa de la crisis climática.
La profesora de la London School of Economics, experta en gestión del riesgo y asesora de empresas privadas y administraciones públicas, apuesta por la adaptación y la resiliencia frente a la crisis climática.
Tras un fin de semana con precipitaciones extremas que han dejado al menos tres víctimas mortales y más de 200 l/m² en distintas localidades, la semana arranca con varias comunidades autónomas con avisos naranja y amarillo.
El clima europeo cambia más rápido que las políticas de prevención: un nuevo estudio de atribución señala el riesgo que suponen las olas de calor extremo y una sequía prematura tras un invierno húmedo.
"Las playas se regeneran en operaciones millonarias, pero nuevos temporales se llevan la arena aportada y con ella millones de euros, un descomunal esfuerzo económico de todos", reflexiona Carmen Grau.
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