50.000 muertes por calor este verano en Europa: 32.619 están vinculadas al cambio climático

Una investigación científica sitúa a España como el tercer país europeo más afectado por el calor extremo este verano, con 6.824 fallecimientos urbanos, de los cuales el 77% son consecuencia directa de la crisis climática. 
50.000 muertes por calor este verano en Europa: 32.619 están vinculadas al cambio climático
Una persona mayor recibe asistencia tras sufrir una bajada de presión arterial relacionada con el calor durante la visita del papa León XIV. Foto: REUTERS/Nacho Doce.

El verano de 2026, que ya parece lejano, ha sido un periodo de calor extremo, incendios forestales y sequías. Y también de muchas vidas perdidas. En concreto, más de 50.000 personas perdieron la vida en Europa de forma prematura en zonas urbanas debido a las altísimas temperaturas de los meses estivales. Y según un nuevo estudio publicado en la revista cie ntífica Nature Health, aproximadamente dos tercios de estas muertes son atribuibles directamente al cambio climático antropogénico, impulsado fundamentalmente por la quema de combustibles fósiles.

El análisis, llevado a cabo por un equipo de investigación del Imperial College London y la London School of Hygiene & Tropical Medicine, examinó la mortalidad relacionada con el calor en 854 ciudades de 30 países europeos, áreas que concentran alrededor del 40% de la población del continente. Y el primer hallazgo es que, con 50.391 muertes estimadas, el verano de 2026 es el más mortífero registrado en las últimas dos décadas, superando de forma amplia a 2022 (con cerca de 29.500 fallecimientos) y 2003 (unas 28.500 muertes). Para entender la envergadura de la situación, solo las muertes impulsadas por el calentamiento global son más que el total de muertes por calor de los dos años de referencia.

Para comprender la magnitud real del impacto del calentamiento global, los científicos compararon las temperaturas observadas con modelos climáticos contrafactuales, los cuales simulan un escenario sin la acumulación actual de gases de efecto invernadero emitidos desde la era preindustrial. El resultado es que de las más de 50.000 muertes, unas 32.619 están estrechamente vinculadas a la alteración del clima provocada por el ser humano. A principios de siglo, el calentamiento antropogénico era responsable de cerca del 40% de la mortalidad estival por calor; en 2026, esa proporción ha escalado hasta el 65%.

España y el sur de Europa, en el epicentro de la vulnerabilidad

Dentro de este exceso de mortalidad, el sur y el oeste de Europa sufrieron las peores consecuencias. España, un territorio especialmente expuesto a la inestabilidad climática de la cuenca mediterránea, figura como el tercer país con mayor número de fallecimientos en términos absolutos, solo por detrás de Italia y Francia. En las áreas urbanas españolas analizadas por el equipo científico, se registraron 6.824 muertes atribuibles al calor extremo. De ellas, un 77% (5.227 fallecimientos) son consecuencia directa del calentamiento global antropogénico.

Las anomalías térmicas en Europa occidental promediaron los 2,9 °C por encima de la media del periodo 1991-2020 durante toda la temporada de verano. Además, en jornadas críticas, las temperaturas llegaron a rebasar los registros climáticos históricos en hasta 12 °C.

Uno de los episodios más devastadores del verano pasado ocurrió de forma inusualmente temprana. Casi un tercio de todas las muertes estimadas a nivel europeo tuvieron lugar durante una ola de calor severa ocurrida entre el 17 de junio y el 1 de julio, un lapso en el que las temperaturas medias superaron en más de 5 °C los valores habituales de esas fechas.

No solo afecta a los más mayores, y no solo al sur

Aunque los países mediterráneos soportan históricamente la carga más dura, este último verano ha demostrado que la crisis climática ya no entiende de latitudes. El estudio destaca que miles de muertes tuvieron lugar en zonas urbanas del norte de Europa, tradicionalmente más templadas, registrándose en el Reino Unido alrededor de 4.500 fallecimientos.

También es frecuente asociar las muertes por calor exclusivamente a la población envejecida. Si bien es cierto que las personas mayores de 85 años concentran la mayor tasa absoluta de mortalidad, la situación afecta a todos los grupos de edad. Los cálculos del estudio estiman que unas 6.000 de las personas fallecidas en estas ciudades tenían menos de 65 años.

Como explica el doctor Garyfallos Konstantinoudis, uno de los autores del estudio, la relación estadística entre altas temperaturas y mortalidad está sólidamente establecida, permitiendo modelar con precisión el impacto en todas las comunidades. Una realidad que se materializó rápidamente en los hospitales: el profesor Andrew Hartle señala que el verano, históricamente la época más tranquila para los servicios de salud británicos, se transformó este año en un periodo de enorme demanda, asimilable a las peores temporadas de virus invernales. Gran parte de la infraestructura médica, añade, no está diseñada para operar bajo este estrés térmico, poniendo en riesgo a los pacientes.

«Podemos afirmar con bastante seguridad que el verano de 2026 será probablemente el peor registrado en cuanto a mortalidad relacionada con el calor en gran parte de Europa», reflexiona la doctora Clair Barnes, autora principal de la investigación. La experta apunta a la urgencia innegociable de abandonar los combustibles fósiles para frenar la espiral de calentamiento.

A la necesidad de mitigar las emisiones, hay que sumarle una urgente adaptación estructural. El doctor Pierre Masselot, también parte del estudio, advierte sobre el profundo problema de los entornos metropolitanos, donde el efecto de isla de calor dispara la vulnerabilidad. «Nuestras ciudades están mal adaptadas al aumento del calor; debemos enfriar las zonas urbanas con más espacios verdes, menos contaminación y garantizar atención sanitaria específica», recalca. Los datos constatan que el estrés térmico está rebasando nuestra capacidad de adaptación.

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