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Durante la subasta de pescado en la lonja de Arenys de Mar (Barcelona), dos pescadores comentan la noticia sobre la designación como Área Marina Protegida (AMP) del Espacio Marino de la Costa Central Catalana. Uno de ellos menciona que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció en junio de 2025 su inclusión en la Red Natura 2000, la red europea de espacios protegidos. Miriam Artacho, pescadora de arrastre y patrona de la embarcación Mini One, escucha la noticia de sus colegas y, en medio de la conversación, añade que su generación de pescadores será la última. “Lo tengo muy asumido”, se lamenta.
La noticia también ha llegado a 30 kilómetros al norte, hasta la Cofradía de Pescadores de Blanes. En ese lugar, Fernando Martínez, pescador de palangre de fondo y patrón mayor, señala en un mapa unos caladeros que se solapan con el AMP del Espacio Marino de la Costa Central Catalana.
Este paso por las lonjas de Blanes y Arenys de Mar muestra que, a cinco años del límite para los objetivos 30×30 —proteger el 30% del mar para 2030—, las normativas europeas que redefinen la pesca en el Mediterráneo occidental se encuentran de frente con la expansión de las áreas marinas protegidas. Un hecho que sucede en medio del reclamo de científicos y organizaciones expertas sobre la necesidad de concretar acciones que conviertan las AMP en planes de gestión, en lugar de señalar simplemente “áreas de papel”.
Del anuncio político al engranaje europeo
Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), la designación de nueve AMP, incluido el Espacio Marino de la Costa Central Catalana, sitúa a España con el 25,7% de Áreas Marinas Protegidas y lo acerca al cumplimiento de los objetivos 30×30.
“La costa catalana, tanto en sus aguas interiores como en las marítimas, es la zona marina del Mediterráneo español con menos superficie protegida. Además, también se encuentra a la zaga en cuanto a protección estricta (zonas de veda), junto con la Región de Murcia: menos del 0,0005 % de las aguas catalanas”, explica el oceanógrafo Pablo Rodríguez Ros, responsable del programa 30×30 Mediterráneo de Med Sea Alliance.
Ese contexto explica la designación del AMP de la Costa Central Catalana. Según la cartografía del MITECO, comprende un área de 2.569 km² distribuidos entre la desembocadura del río Llobregat y Palamós. Asimismo, este espacio marino fue propuesto por España ante la Unión Europea como Lugar de Interés Comunitario (LIC) y Zona Especial para la Protección de las Aves (ZEPA). El ministerio espera su aprobación en abril de 2027 y, posteriormente, contará con seis años para activar la elaboración del plan de gestión.
Ese futuro plan deberá conciliar la protección de hábitats vulnerables —como las praderas de posidonia oceánica, praderas de Cymodocea (la seba), comunidades de algas maërl, arrecifes o cañones submarinos— con actividades económicas que dependen del mar, como la pesca, el turismo de intensidad o el tráfico portuario. Además, las medidas para la protección marina también contemplan la reducción del esfuerzo pesquero en las zonas de protección, la modificación de las artes y los cierres permanentes o estacionales.

El AMP de la Costa Central Catalana colisiona con el sector pesquero
En una carta de alegaciones preventivas enviada al MITECO, la Generalitat de Catalunya recuerda que parte de la superficie marina propuesta es de competencia autonómica y que el espacio designado es adyacente a sus aguas interiores.
Según estas alegaciones, en dicha AMP operan 589 embarcaciones. Un total de 194 tienen su puerto base dentro del área de protección del Espacio Marino de la Costa Central Catalana y potencial LIC, lo que afecta al 32,94% de la flota pesquera de Catalunya.
“Nuestro gobierno en Catalunya también está por el objetivo de proteger el 30% de las superficies marinas antes del 2030. Pero eso no se puede hacer a costa de los caladeros de pesca de nuestra ya muy maltrecha flota pesquera”, apunta Antoni Espanya, director general de Política Marítima y Pesca Sostenible de la Generalitat de Catalunya.
Espanya se refiere a la reducción del 40% de los días disponibles para la pesca del Plan Plurianual para el Mediterráneo occidental, formulado por la Comisión Europea y aprobado por el Consejo de la UE en 2019. A pesar de que en diciembre de 2025 la Comisión y los Estados miembros alcanzaron un acuerdo con el bloque formado por España, Francia e Italia para fijar en 143 días la actividad de la flota de arrastre en el Mediterráneo occidental durante 2026, otro sector de la pesca en Catalunya comenta que su actividad continúa bajo mínimos.
Áreas Marinas Protegidas sin planes de gestión
La designación del Espacio Marino de la Costa Central Catalana también pone sobre la mesa los interrogantes respecto a la gestión efectiva de las AMP en el contexto de los objetivos 30×30 y el compromiso adicional del país de proteger de forma estricta el 10% de su superficie marina para 2030.
A este respecto, WWF alerta sobre la proliferación de “áreas marinas protegidas de papel” y el retraso en la implementación de medidas de gestión efectivas.
“Aunque tengamos más o menos del 11% del área marina europea declarada como área protegida, solo tenemos el 2% del área total con un plan de gestión”, señala Jacob Armstrong, responsable del programa marino de WWF para la Unión Europea.
Entretanto, los números son menos alentadores para el caso de la protección marina estricta. La organización Oceana advierte de que España cuenta con apenas 145 km² de protección estricta, lo que equivale a solo el 0,014% de su superficie marina total.
Frente a la incertidumbre del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el incremento de la temperatura en el mar Mediterráneo, los expertos claman por planes de gestión reales para las AMP. Aniol Esteban, de la Fundación Marilles, explica que “la solución más obvia”, consiste en gestionar de manera eficaz una red de áreas marinas protegidas que cubran al menos el 30% del mar Mediterráneo, con un tercio de ellas cerradas a la pesca (es decir, el 10 % de la superficie total del Mediterráneo declarada como zona de veda).
Sobre el terreno, y sin el plan de gestión del AMP del Espacio Marino de la Costa Central Catalana, la incertidumbre la cargan los trabajadores del mar. “Si dijeran que todo ese espacio marino queda inhabilitado, la flota de Blanes desaparecería. Los barcos salen y entran cada día al mismo puerto. Si voy hacia Palamós, está inhabilitado; si voy hacia Mataró o Barcelona, también. Por lo tanto, el sector de la pesca, tal y como se conoce en Blanes, desaparecería automáticamente”, sentencia Fernando Martínez mientras sostiene el mapa de unos caladeros que se superponen al Espacio Marino de la Costa Central Catalana.
Este reportaje contó con el apoyo de la organización MedMosaic.




