El fin del programa LIFE como síntoma: la UE esconde su bandera verde

El icónico programa que ayudó a salvar al lince ibérico de la extinción, entre otras muchas especies, podría desaparecer de los presupuestos de la Unión Europea para el periodo 2028-2034.
El fin del programa LIFE como síntoma: la UE esconde su bandera verde
En 2002, había menos de cien linces entre Doñana y Andújar. Hoy son más de 2.000. Foto: Jorge Monje/CSIC.

A estas alturas de la película, poca gente no ha oído hablar de la historia de éxito del lince ibérico: de ser el felino más amenazado del mundo, con menos de 100 ejemplares en libertad, a superar los 2.400 individuos en apenas 20 años. Los programas de recuperación de esta especie habrían sido, probablemente, imposibles sin los fondos europeos del programa LIFE. Tampoco los del bisonte europeo, los del oso pardo en la cordillera Cantábrica, los del quebrantahuesos ni los del águila imperial.

Desde 1992, cuando la Unión Europea aprobó la Directiva sobre hábitats y lanzó la red Natura 2000 de áreas protegidas, el programa LIFE ha sido el principal instrumento de financiación de más de 6.000 proyectos en todo el continente (más de 1.000, liderados desde España). Ha servido para establecer la protección del 18% de la superficie terrestre y del 10% de la superficie marítima de la UE. Y debería servir para seguir ampliando esta protección hasta el 30%, impulsando la regeneración de las áreas degradadas, restaurando la biodiversidad del continente y mitigando el cambio climático, de acuerdo con la estrategia de clima y biodiversidad de la UE a 2030.

Sin embargo, puede que pronto se convierta en un instrumento del pasado, en poco más que un recuerdo de 30 años de hitos medioambientales. El último borrador de presupuestos de la Comisión Europea para 2028-2034 (que todavía tiene que ser negociado) pretende eliminar el programa LIFE tal como existe ahora y fusionarlo junto a otros programas en un gran fondo para la competitividad de la economía circular, la descarbonización y la transición energética. Aunque desde la Comisión dicen que nada cambia, las organizaciones ambientalistas aseguran que todo es un movimiento para recortar drásticamente el presupuesto medioambiental y dejar más espacio para las políticas industriales y de defensa.

La careta verde de la UE

Los argumentos de la Comisión Europea para crear un gran Fondo Europeo de Competitividad en el que fusionar 15 programas de financiación independientes (entre los que está LIFE) pasan por buscar la simplicidad burocrática, eliminar duplicidades y facilitar el acceso eficiente a los fondos. Es decir, crear un instrumento que impulse la productividad y la competitividad en el que, a priori, el medioambiente queda relegado a un segundo plano. De hecho, en los propios documentos y análisis presentados por la Comisión, las referencias a la biodiversidad y al medioambiente son nulas, y las menciones al cambio climático están siempre relacionadas con las industrias limpias y la transición energética.

“Al transformar el principal vehículo de financiación medioambiental y climática en un mero instrumento de competitividad, la Comisión quiere dar carpetazo a sus propios compromisos ambientales. Los datos hablan por sí solos”, explica Katy Wiese, responsable de Políticas para la Transición Económica del European Environmental Bureau (EEB), una red que agrupa a más de 190 organizaciones ambientalistas. “Aunque la Comisión presume de un objetivo del 35 % de gasto verde, en realidad estamos ante una caída en la financiación de la transición ecológica. El gasto verde del anterior Marco Financiero Plurianual 2021–2027 y el plan de recuperación Next Generation EU ascendía a 750.200 millones [en precios de 2025]. La propuesta actual prevé 617.000 millones en precios de 2025, es decir, una caída de más de 100.000 millones”.

Para Wiese, convertir el único fondo de la UE dedicado exclusivamente al medioambiente, la naturaleza y la acción climática en una herramienta de competitividad lanza un mensaje preocupante: la UE antepone los intereses a corto plazo de la industria y las corporaciones al interés general a largo plazo. “Una economía resiliente depende de un planeta sano y de una sociedad justa. El propio Pacto Verde Europeo y los objetivos climáticos de la UE reconocen que la degradación ecológica representa un riesgo directo para la estabilidad económica, la seguridad alimentaria y la salud pública. Destinar recursos públicos a inversiones verdes y sociales no es una carga, sino una necesidad para construir economías menos vulnerables, más equitativas y dentro de los límites geofísicos del planeta”, añade.

Incumplimiento de las obligaciones medioambientales

Este giro no llega, sin embargo, de forma inesperada. El último informe de revisión de la implementación de las políticas ambientales de la UE ya señalaba que los 27 países miembros no están cumpliendo sus obligaciones en materia medioambiental. Además, tanto las ONG ambientales como muchas de las organizaciones civiles que reciben financiación a través de LIFE llevan meses denunciando los ataques de una parte del espectro político europeo conservador; ataques que, aseguran, buscan preparar el terreno para retrocesos más amplios.

El contexto geopolítico y económico global tampoco ayuda. La llegada de Trump a la Casa Blanca ha hecho tambalearse algunos de los pilares que se creían más sólidos en la UE y la política ambiental podría ser la primera en empezar a derrumbarse. “Con esta propuesta de presupuestos, la ambición climática pierde protagonismo mientras avanza la militarización. Los objetivos climáticos y de biodiversidad quedan en segundo plano, el gasto militar ni siquiera se incluye en la base de cálculo del porcentaje de gasto verde, lo que infla las cifras, y se están etiquetando como inversiones verdes actividades tan cuestionables como la ampliación de aeropuertos o la apertura de minas”, recalca Katy Wiese.

“Esto no solo mina la confianza ciudadana, sino que pone en entredicho la credibilidad de la Unión Europea como líder climático global. En un mundo al borde del colapso ecológico, la UE debería redoblar su acción ambiental, no reetiquetarla al servicio de agendas corporativas, económicas o de seguridad”, añade. De acuerdo con EEB, sin un fondo LIFE independiente y específico, existe un grave riesgo de que desaparezca la cooperación transfronteriza para buscar soluciones al cambio climático y al colapso de la biodiversidad.

Por ahora, esto es solo la propuesta de la Comisión. Y, aunque las probabilidades de que se apruebe son altas, las organizaciones ambientales insisten en que hay margen para introducir enmiendas, incluyendo la preservación del programa LIFE. Las negociaciones clave se producirán después del verano, cuando los partidarios de reforzar la defensa y la competitividad a costa del resto de políticas de la UE debatan los detalles de la propuesta con quienes muestran su preocupación por la pérdida de ambición en materia ambiental.

“Desde la sociedad civil, las ONG también nos estamos movilizando contra el lavado verde y el debilitamiento de los objetivos climáticos y de biodiversidad. Con una mayor presión pública, la posición del Parlamento podría reforzarse y permitir impulsar cambios”, concluye Katy Wiese. “Aquí es donde el programa LIFE cobra especial relevancia. Aunque su presupuesto sea modesto, es el único fondo de la UE dedicado exclusivamente al medioambiente, la naturaleza y el clima, y tiene un gran peso histórico, simbólico y político. Ese valor podría ayudar a protegerlo, sobre todo si países aliados como Alemania, Países Bajos o los países nórdicos alzan la voz”.

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  1. El 97% de los bosques originales de Europa han desaparecido para siempre.
    Estos bosques albergan animales y plantas únicos, y son cruciales para el clima.
    Este es un error del sistema. Las empresas de todo el mundo siguen obteniendo materiales de la destrucción de la naturaleza. Literalmente estamos cepillando, empaquetando y quemando algunos de los últimos bosques nativos de Europa hasta convertirlos en cenizas.
    La situación es grave.
    En su estudio de la industria forestal europea, Greenpeace ha revelado cómo los bosques autóctonos, que deberían haber sido protegidos, están siendo talados para convertirse en muebles, cartón y productos desechables.
    Nos negamos a rendirnos.
    Los bosques vivos son esenciales para un clima estable y una rica biodiversidad. Son un requisito previo para la seguridad y el bienestar de todos nosotros. Si continuamos explotando y destruyendo ecosistemas, estamos poniendo en riesgo el futuro tanto de los humanos como de los animales.
    Los bosques autóctonos no tienen precio. Tardan cientos de años en crecer, pero pueden destruirse en cuestión de días. Ahora nos necesitan más que nunca.
    Juntos, podemos detener la destrucción, restaurar lo que hemos perdido y dejar que las generaciones futuras deambulen por bosques vibrantes y prístinos llenos de vida.
    Te necesitamos.
    (Noticias Greenpeace)

  2. …»la ambición climática pierde protagonismo mientras avanza la militarización»….
    Así es; pero tenemos lo que nos merecemos.
    Nos tratan como a disminuidos psiquícos porque saben que lo somos.
    Cada vez estamos más dormidos, atontaos, embrutecidos, manipulados, robotizados.
    A medida que avanza la IA nosotros avanzamos también para atrás.
    Salir de esta Unión Europea que sirve a las fuerzas más oscuras, siniestras, criminales, destructivas y genocidas del Planeta es hoy una obligación moral e incluso un acto de supervivencia.
    Es necesario que nos vayamos mentalizando.

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