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El interés del presidente estadounidense, Donald Trump, por Groenlandia no es nuevo, ya lo había comentado al inicio de su segundo mandato (en enero de 2025) y también lo hizo durante el primero (en 2019). Tampoco lo es el interés de Estados Unidos. En 1946, el presidente Harry Truman ofreció 100 millones de dólares a Dinamarca por la isla (lo que equivaldría a 1.622 millones de dólares ajustados por la inflación), muy lejos de los 700.000 millones que ofreció Trump. Pero ¿por qué?, ¿qué tiene tan valioso Groenlandia que no tenía antes? O, mejor dicho, ¿qué no tiene ahora que sí tenía antes?, ¿por qué es hoy tan estratégica?
Empecemos por lo que sí tiene,
Groenlandia tiene un subsuelo rico en recursos geológicos: petróleo, minerales y tierras raras. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) estimó en 2023 que la isla más grande del mundo podría tener unas reservas de petróleo equivalentes a 16.7 mil millones de barriles de crudo y 2.6 mil millones de metros cúbicos de gas fósil.
Sin embargo, en 2021, Groenlandia prohibió las nuevas exploraciones de petróleo y gas en alta mar, algo que seguramente Trump revertiría si llegara a hacerse con el control de la isla.
Las reservas mineras de Groenlandia también son de especial interés tanto para la Unión Europea (la isla posee entre 25 y 27 de los 34 minerales críticos identificados por la Comisión Europea), entre los que se destacan las tierras raras. [Conviene aclarar que no se denominan “tierras raras” porque sean escasas en la corteza terrestre, sino porque están muy dispersas y mezcladas con otros minerales, lo que hace su extracción compleja, costosa y altamente contaminante].
Tanto estos minerales críticos como las tierras raras son esenciales para la fabricación de tecnologías renovables, baterías, electrónica y otros sectores industriales clave. Además, Groenlandia también alberga uranio, litio, grafito y otros minerales clave para la industria aeroespacial. Concretamente, el USGS estima que la isla puede tener unos 36 millones de toneladas de tierras raras y unas 235.000 toneladas de litio.
Con estos recursos, Donald Trump podría buscar hacerle frente al líder en el mercado de producción, manufacturado y exportación de tierras raras, China.
Sin embargo, la lucha geopolítica por estos minerales no es el único factor que le interesa al presidente de los Estados Unidos, otra de las principales razones son las nuevas rutas marítimas árticas.
Lo que Groenlandia no tiene, o cada vez tiene menos: hielo
Trump puede negar el calentamiento global, pero no puede negar sus consecuencias: el Ártico se está calentando mucho más rápido que el resto del planeta y Groenlandia es uno de los grandes epicentros del deshielo. Actualmente pierde cinco veces más hielo que hace 20 años debido al calentamiento global, a un ritmo de 30 millones de toneladas de hielo por hora.
Esto hace que las rutas árticas tengan cada vez más protagonismo en el comercio marítimo mundial. En 2023, el tráfico marítimo en el Ártico aumentó un 37 % respecto a la última década.
Pero lo realmente disruptivo es la futura ruta transpolar ártica, que reduciría aún más los tiempos de transporte y, por lo tanto, costes logísticos y de combustible. Hoy en día, existen dos rutas árticas: la del Noroeste y la del Norte. La primera quedó abierta al tráfico marítimo, por primera vez, sin rompehielos, en 2007; y la del Norte, pegada a la costa siberiana, en 2017. Sin embargo, la transpolar ártica, es decir, la que atravesaría el Ártico por la mitad, se espera que sea navegable antes del año 2060, en verano y en otoño. Una vez más, al igual que las otras rutas, como consecuencia directa del deshielo provocado por el calentamiento global.
Nuevo Orden Mundial y Foro de Davos
Puede parecer que la relación entre la crisis climática y la geopolítica actual esté forzada, pero todo lo expuesto hasta ahora responde a dinámicas muy concretas: la búsqueda de recursos fósiles que perpetúan una economía causante del cambio climático; la carrera por minerales críticos necesarios para la transición energética y tecnológica o el aprovechamiento de nuevas rutas comerciales abiertas por el propio calentamiento global.
El análisis del Foro Económico Mundial1 sobre los principales riesgos globales a corto y largo plazo refuerza esta lectura: conflictos geopolíticos, desinformación, eventos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad o escasez de recursos aparecen estrechamente interconectados.
Estos espacios suelen ser un momento que los asistentes aprovechan para marcar agenda y dar mensajes de cómo la humanidad debería enfrentar estos problemas. Una oportunidad que el presidente Trump no pudo dejar escapar y que, como no podía ser de otra manera, utilizó para desinformar sobre las energías renovables. Concretamente, sobre China y la energía eólica diciendo que China exportaba muchos aerogeneradores pero que el país asiático no tenía esta energía. Bulo que fue rápidamente verificado por los medios de comunicación.
La cuestión no es solo que China lidere la energía eólica a nivel mundial, sino que cuenta con más potencia instalada que los siguientes 18 países juntos. Además, ni los aranceles estadounidenses han frenado su auge exportador ni EE. UU. puede competir con China en el mercado global: el 70 % de los países comercia más con China que con EE. UU., y más de la mitad lo hace al menos el doble. Una hegemonía que también se extiende al mercado de la llamada cleantech, “tecnología limpia”: vehículos eléctricos, baterías, placas solares o aerogeneradores—, hoy claramente dominado por el país asiático.
La crisis climática no actúa como un factor más, sino como un acelerador que reordena prioridades, alianzas y conflictos a escala global. Condiciona la competencia por los recursos, redefine el valor estratégico de territorios antes periféricos y abre nuevas rutas comerciales al tiempo que intensifica desigualdades y tensiones geopolíticas. En este contexto, el llamado “nuevo orden mundial” no se está construyendo al margen del clima, sino a partir de él: sobre un planeta cada vez más limitado, más inestable y determinante para las decisiones políticas y económicas del presente.
1 El Foro de Davos o Foro Económico Mundial es una reunión anual que alberga a líderes políticos internacionales, líderes mundiales y otras personas relevantes y que tiene el objetivo de analizar los problemas las relevantes que afronta el mundo a nivel de economía, salud, tecnología, medioambiente, etc.)





DAVOS, EL FORO DE LOS PRIVILEGIADOS: DONDE SE DECIDE EL MUNDO… SIN EL MUNDO, Martín Alvarez, Canarias Semanal.
… Los objetivos que proclama el Foro suenan, por supuesto, muy nobles. “Mejorar el estado del mundo” es su eslogan. Sostienen que buscan soluciones a los grandes problemas globales: el cambio climático, la desigualdad, las guerras, las pandemias.
Allí se testean conceptos como «resiliencia», «sostenibilidad», «transformación digital», «inversión social», «capitalismo inclusivo». Pero lo curioso es que cada una de estas palabras, cuando sale del microclima alpino de Davos, ya ha sido vaciada de su contenido más radical. Se convierten en etiquetas bonitas que adornan las mismas lógicas de acumulación, despojo y control que vienen operando desde hace décadas.
Por ejemplo, se habló de transición ecológica. Pero se omitió que muchas de las empresas allí presentes —grandes petroleras, tecnológicas, mineras— son las principales responsables del colapso ambiental. Se habló de justicia fiscal, pero no se discutió en serio la existencia de paraísos fiscales, ni el poder de las multinacionales para eludir impuestos con total impunidad. Se habló de paz, mientras representantes de empresas armamentísticas paseaban sus tarjetas de invitación por los pasillos.
…BlackRock, el megafondo de inversión que administra más dinero que el PIB de muchos países juntos, defiende esta “nueva” versión del capitalismo… mientras sigue invirtiendo en industrias contaminantes, empresas con antecedentes de violaciones laborales y proyectos extractivistas que expulsan comunidades enteras. ¿Es eso una transformación del sistema o solo un nuevo envoltorio?
… Lo que nunca se dice en Davos es que buena parte del sufrimiento global es una consecuencia directa del orden que allí se celebra. Las políticas de ajuste estructural, las reformas laborales regresivas, la mercantilización de los derechos sociales, los tratados comerciales desiguales, no son errores del sistema: son su esencia. Y en Davos se actualizan, se revisten, se legitiman.
…La edición de 2026 terminó con una imagen que resume bien el momento actual: mientras se celebraba una cena de gala con champán y foie gras, fuera del recinto miles de personas se manifestaban bajo una nevada espesa, con carteles que decían: “No hay planeta B”, “Vuestras soluciones son nuestro problema”, “Nosotros también queremos decidir”.
Los trabajadores precarios del Sur Global, los pueblos desplazados por megaproyectos, las mujeres que sostienen la vida en medio del abandono institucional, las juventudes sin futuro que llenan las calles de protesta… no tienen asiento en la mesa de Davos. Y si lo tienen, es simbólico. Las decisiones que les afectan se toman sin ellos.
https://canarias-semanal.org/art/37828/davos-el-foro-de-los-privilegiados-donde-se-decide-el-mundo-sin-el-mundo