La protección de la naturaleza, clave contra la pobreza

Un informe elaborado por un grupo independiente de científicos apunta a un cambio en el sistema de producción de alimentos, entre otras medidas, para abordar la crisis climática y la pobreza.
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Si este martes un informe de la Comisión Mundial sobre Adaptación al Cambio Climático llamaba a los países a actuar ante la crisis climática con medidas de adaptación, ahora un grupo independiente de científicos señala que lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2030 todavía es posible “pero exige un cambio urgente en la relación entre los seres humanos y la naturaleza”.

El informe The Future is Now: Science for Achiving Sustainable Development –El futuro es ahora: la ciencia al servicio del desarrollo sostenible–, que ha sido presentado este miércoles en la sede de la ONU en Nueva York, establece que “hará falta una profunda comprensión científica para anticipar y mitigar las tensiones inherentes a un cambio estructural en la naturaleza”. Por ejemplo, según el informe, “aquellos que pierdan sus trabajos en la industria energética por el abandono de los combustibles fósiles deben recibir apoyo para lograr medios de vida alternativos”.

Por eso, y porque no todos los países comienzan desde el mismo punto de partida a la hora de conseguir los objetivos para 2030, según el estudio deben aplicarse medidas diferentes en los países desarrollados que en la zonas empobrecidas.

Entre las medidas concretas que proponen está la creación por parte de Naciones Unidas de un certificado de inversión financiera en sostenibilidad, con claras directrices, “para alentar y recompensar a las industrias y mercados que contribuyan al avance del desarrollo sostenible, desalentando la inversión en aquellos que no lo hagan”. En este sentido, ponen especial énfasis en áreas como los sistemas de producción y consumo de alimentos y la energía al ser “clave”. “No solo porque están llevando al medio ambiente a puntos de inflexión sino porque son áreas críticas para la salud y el bienestar”, según el estudio.

Reducir el impacto en los sistemas de producción de alimentos

En la misma línea de lo que ya sugirió el IPCC hace un mes, desde el informe apuntan a que “el sistema alimentario debe sufrir cambios generalizados tanto en su infraestructura como en las normas sociales, culturales y políticas que respaldan el insostenible statu quo actual”.

Así, establecen que “para los países en desarrollo, se necesitan bases de protección social más fuertes que garanticen la alimentación de sus poblaciones. Las naciones ricas deben reducir el impacto ambiental de sus sistemas de producción y el desperdicio de alimentos y la dependencia de proteínas de origen animal”.

Eliminación de los combustibles fósiles

La falta de acceso a la electricidad de los países empobrecidos y la dependencia de los combustibles fósiles en los países ricos son los dos principales problemas que señala este informe en lo referente al sistema energético mundial.

“Estas brechas de la desigualdad deben cerrarse, al mismo tiempo que se ha de aumentar la eficiencia energética y eliminar gradualmente la generación de energía basada en combustibles fósiles para que la economía mundial se descarbonice, en línea con las aspiraciones del Acuerdo de París para frenar el cambio climático”, recuerda el estudio.

Hace unos días, desde la ONU señalaban que el uso de energías renovables se ha cuatriplicado a nivel global en los últimos 10 años. “Sin embargo, el crecimiento adicional se ha visto obstaculizado por los subsidios directos e indirectos a los combustibles fósiles, que continúan distrayendo de sus verdaderos costos económicos, de salud y ambientales”.

Un informe reciente del Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible (IIDS) afirma que con un 10% de los subsidios de los combustibles fósiles se impulsaría la transición verde.

Valorar el conocimiento científico

El informe The Future is Now también considera el papel de la ciencia y sostiene que “la propia ciencia debe transformarse para cambiar sus actuales prioridades y encaminarse a una ciencia sostenible”. “Las Universidades, quienes legislan y quienes investigan, deben estrechar su colaboración”, añaden.

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