‘Mi huella’, de Fuel Fandango junto a María José Llergo

"No se trataba de otra típica canción de amor. Ella acababa de escuchar una reivindicación. La de regresar a la tierra, a la naturaleza, como forma de volver a encontrarse con ella misma".
Foto: fotograma del videoclip de ‘Mi huella’.

Se había vuelto a saltar su parada por culpa de aquella canción. Culpa suya por repetirla una y otra vez. Se quedaba envuelta en aquella melodía cíclica, que podía seguir escuchando en bucle una vez terminaba, hasta el infinito que parecían marcar sus compases: comienzo suave, curva flamenca, vuelve lo cíclico, se topa con un solo de guitarra, vuelve a abrazar la melodía... Normal que se perdiese las paradas, con aquello en la cabeza.

La descubrió por casualidad, como todas. Spotify había considerado oportuno regalársela al ‘atar cabos’ y descubrir que, entre sus preferencias, se encontraban aquellos dos artistas. Últimamente, los músicos usaban demasiado a menudo ese pequeño truco que les permitía sortear el dichoso algoritmo de la plataforma sueco-estadounidense. Unirse para aparecer en los perfiles de ambas formaciones, y así acaparar el doble de escuchas (ese elemento del que se alimentaba ‘el Spoty’). 

En ese sentido, la canción parecía ser perfecta para la ecuación algorítmica: duraba menos de cuatro minutos, el estribillo aparecía vaticinado desde los primeros compases de la canción, así como el enganche de los primeros treinta segundos -si una canción no llega a esos segundos de escucha, Spotify no la cuenta como “escuchada”-.

Pero había algo más. Algo que la diferenciaba de toda la cantidad de canciones algorítmicamente iguales que pululaban por internet. Aunque ella no sabía deducir exactamente de qué se trataba.

El videoclip parecía ofrecer algunas claves más para desenredar aquella letra críptica, como también estaba de moda entre los indies del momento. Unas chicas se besaban en la cama. Con cada beso, el edificio en el que se amaban comenzaba a elevarse, haciendo flotar también al resto de sus vecinos. Unos transeúntes se maravillaban con la vista de una construcción suburbial flotando en el aire y yéndose al espacio, como en aquellas películas de ciencia ficción. Ella no daba crédito, ¿de verdad había caído en las garras de tan-solo-una-canción-indie-de-amor-más? No daba crédito.

Una breve búsqueda confirmó sus peores temores.

“La canción ‘Mi huella’, de Fuel Fandango, en la que se incluye la colaboración de María José Llergo, forma parte del EP Romances que prepara el dúo cordobés formado por Alejandro Acosta y Cristina Manjón Nita”, decía la nota de prensa. “La canción trata acerca de la huella que nos dejan las relaciones y que jamás nos podremos quitar de encima”, terminaba de explicar el periodista de turno. Pero aquello no podía ser todo. En su cabeza, ella comenzó a darle su propia explicación.

“Quisiera reconstruir lo que caerá”, cantaba la tal Nita en sus oídos. La protagonista sabe que habrá una pérdida, pero no lo puede evitar. Y habla de esa pérdida como una caída, como algo inevitable, casi físico, como el vaso que cae al suelo y se romperá en pedazos.

“La naturaleza me abraza, sin ella no sé dónde habito, no sé quién soy”

Las pequeñas olas de retoque electrónico, tan Fuel Fandango, le llevaban al único espacio en el que esa protagonista era capaz de reconstruirse: la naturaleza. “Si tocan mi piel, la herida se ve. Ya no hay huella”, recalcaba el estribillo. Pero, para ella, no se trataba del roce de las manos de otra persona. Era la tierra la que permitía a aquella voz ver su propia herida. Perder de vista la huella de todo aquello que la había mantenido “retenida”, como recogía la voz de María José Llergó en el segundo bucle de aquel infinito que parecía dibujar la canción.

La Llergó cantaba acerca de un encierro, de estar enclaustrada entre cuatro paredes que no tenían por qué ser las de una habitación, ni las de un edificio; si no la de todo su conjunto: una ciudad, un ritmo de vida, un bucle como aquel que recogía la melodía. Una sensación psicodélica de caer en el torbellino de una música de la que es difícil salir, incluso aunque sea para bajarse en la parada correspondiente.

“Ya sé quién soy”, finalizaba Nita en ese último giro de guion.

Para ella, para esa escuchante anónima y obsesionada, no se trataba de otra típica canción de amor. Ella acababa de escuchar una reivindicación. La de regresar a la tierra, a la naturaleza, como forma de volver a encontrarse con ella misma. La de parar el ritmo para verse las propias heridas. La de salir de aquel mundo que nos encierra y nos confina para respirar y encontrar la calma, para reconstruir lo que caerá. Lo que caerá, que será nuestra propia forma de vida, nuestra propia salud mental y nuestro propio mundo. Volver a la naturaleza para volver a encontrarnos.

De repente, se dio cuenta de lo que significaba aquella canción: un polizón en medio de internet que nos ofrecía otra visión del confinamiento y el encierro y nos daba su propia solución a través de las ondas. Un mensaje pirata, enmascarado en el algoritmo.

De pronto, descubrió también por qué se había saltado la parada. No quería volver a su casa. Quería ir al parque. Y respirar.

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COMENTARIOS

  1. Denuncian el marketing engañoso y las presiones de la industria del gas fósil.
    Activistas ambientales denuncian a, entre otras empresas, Iberdrola, Repsol y Naturgy por su marketing engañoso y las actividades de presión política que realizan en torno al gas fósil.
    Queremos que todo el mundo conozca los esfuerzos de desinformación que grupos de presión del gas fósil como Iberdrola, Repsol o Naturgy están realizando. Queremos que la gente –y los políticos– sean conscientes de que no existe el gas limpio, que el gas es básicamente metano, un gas de efecto invernadero, ¡y además lo venden como una solución climática! Tratan a la gente de forma ingenua, pensando que entrará al trapo de su hábil marketing.
    Existen abrumadoras razones científicas para dejar de considerar el gas fósil como una opción válida para cubrir las necesidades energéticas de la población, ya que se trata de un combustible muy contaminante: solo en Europa ya es responsable de más emisiones de CO2 que el carbón.
    «En toda Europa y en el mundo, la industria del gas fósil está gastando millones de euros en vender la idea de que el ‘gas natural’ es imprescindible para una transición energética limpia y ecológica y, por desgracia, los políticos, los responsables de la toma de decisiones están cayendo en este engaño. Pero es un combustible fósil peligroso, tan ‘natural’ como el carbón o el petróleo e igual de malo para nuestro clima», ha advertido Kevin Buckland, del colectivo de Gastivists.
    «El Estado español es el principal importador de gas procedente de fracking de toda la UE. Además, es el país de toda Europa donde más aumentó el precio del gas entre los años 2009-2019, más de un 53 %, con un impacto altísimo en las economías de los hogares y en los niveles de pobreza energética», apunta Sagrario Monedero, coordinadora de la campaña de Ecologistas en Acción ‘La verdad del gas’.
    «El gas fósil no es más que un rescate de la industria petrolera de siempre.
    https://www.ecologistasenaccion.org/166844/denuncian-el-marketing-enganoso-y-las-presiones-de-la-industria-del-gas-fosil/

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