Miguel Brieva: «Cuesta afrontar la crisis climática cuando la sociedad está sumida en un estado de aletargada adolescencia»

El humorista gráfico persigue una salida al paradigma actual de sobreproducción y consumismo y reivindica un nuevo relato colectivo que aporte ilusión en su libro ‘Se busca un futuro posible en el que desear vivir’ (Astiberri).
El ilustrador y humorista Miguel Brieva ha colaborado como ilustrador y humorista gráfico en medios como 'El Jueves', 'El País', La 'Vanguardia', 'El Salto' o 'La Marea'. Foto: Cedida por el autor.

Nos hemos habituado a que el dinero sea el fin último, a entregarnos diariamente a un consumo voraz de productos y servicios, y también de ficciones escapistas sin sentido. Nos hemos acostumbrado a creer que los seres humanos somos malos por naturaleza y que el colapso de la Tierra que nos da cobijo es inevitable. Contra tanto pesimismo se revela Miguel Brieva (Sevilla, 1974) en Se busca un futuro posible en el que desear vivir, que acaba de publicar la editorial Astiberri.

Brieva ofrece un recopilatorio de sus trabajos en este gallardo volumen con distintos capítulos que abordan temas que le preocupan, como el cambio climático, la adicción a la tecnología o el capitalismo voraz. Y a la vez es capaz de hilvanar carcajadas y anhelos, de interpelar a quien le lee para romper con un «marco mental que nos aprisiona», para pinchar la burbuja digital y detener una rueda consumista que «no nos hace más felices».

Atiende esta entrevista desde su estudio por una videollamada, con guitarras de fondo (es miembro del grupo musical Las buenas noches), aunque no es muy devoto de la tecnología. De hecho, explica que hace tan solo cuatro años que utiliza un teléfono móvil y no le da apuro mostrar que es un rara avis con un dispositivo sin inteligencia, de aquellos que básicamente solo le permiten atender llamadas y que no le subyuga a los grupos de WhatsApp o las notificaciones de las redes sociales.

El humorista gráfico muestra su trabajo en Instagram desde hace cuatro años por recomendación de una amiga, para «no desaparecer del universo», y allí ha encontrado un punto de encuentro con sus lectores. Pero se muestra muy crítico con las redes sociales y el plano paralelo que crean. «Sabemos que la gente cada día pasa más tiempo en el entorno digital dejando de pasar tiempo en el mundo real. Cuando están ahí también están en el mundo, vale, pero de algún modo, a nivel simbólico o vivencial están en otro lugar», reflexiona. 

Ese entorno digital «tiene algunas cosas buenas», pero considera que merma la vida social. Para Brieva la neutralidad de las tecnologías es una falacia. «Tengo una desconfianza muy grande de cualquier cosa que pueda venir del buen uso de la tecnología bajo el sentido común capitalista. Y más en un contexto en el cual la tecnología está monopolizada por empresas tan tremendas cuyo único interés, incluso por encima del interés personal de sus dueños, es generar beneficio». Esto desemboca en «comportamientos totalmente inmorales», como diseñar dispositivos para «generar adicción en adultos y en niños».

Brieva plasma su preocupación por el incremento de problemas de salud mental en sus viñetas. En una de ellas dibuja dos posibles estados en los que se encuentran los usuarios de las redes sociales: el de ansiedad o el de hedonismo depresivo. «Este es el Zeitgeist o el espíritu de los tiempos. La ansiedad y el hedonismo depresivo son dos caras de lo mismo, de una sociedad que no avanza, que no genera ilusión».

Miguel Brieva

No lo dice como un reproche, pero apunta que la gente joven está «un poco abducida por la esfera digital», como en una huida hacia adelante frente a un futuro terrible. Creo que toda la responsabilidad emana de las generaciones mayores. Yo diría que a día de hoy hay una especie de gerontocracia. O sea, estamos gobernados por ancianos, pero al mismo tiempo hay una interfaz que es la publicidad y el espectáculo que entroniza a los jóvenes, a sus cuerpos y aspiraciones, para que los mayores queramos ser como esos jóvenes». «Si tuviera 20 años, diría que estamos en manos de locos que, como no van a vivir las consecuencias, van a quemarlo todo. A los que les quedan 60 años por vivir se van a comer un mundo inhabitable», destaca el ilustrador.

«El capitalismo no tiene nada en cuenta la vida en la tierra»

El trabajo de Brieva señala sin ambages las consecuencias del capitalismo en las múltiples crisis que atraviesan a la sociedad. «Sabemos por multitud de estudios que la acumulación de bienes materiales no aumenta en absolutamente nada el bienestar, dice en referencia a la salud mental. También apunta que este sistema económico como un «enorme disruptor de la vida» y el origen del cambio climático. «Nos hemos subido a lomos de esa bestia llamada capitalismo, una creencia mitológica que no tiene nada en cuenta la vida en la tierra. El capitalismo funcionaría en un mundo infinito».

Brieva, quien también es miembro del consejo editorial de Libros en Acción, de Ecologistas en Acción, conoce bien la dificultad de comunicar la crisis climática. Considera que los datos no convencen a gran parte de las personas, ya que «a los seres humanos no nos es fácil bajarnos de la burra de nuestras creencias» y renunciar a ciertos privilegios. «Cuesta mucho hacer ese acto de adultez de afrontar la crisis climática cuando la sociedad está sumida en un estado de aletargada adolescencia idiota. ¿Cómo le dices a una gente que es yonqui de satisfacciones inmediatas que nos enfrentamos a otro modo de vida?».

Sin embargo, defiende que no hay que maquillar la realidad por miedo a incrementar la ecoansiedad. «Estamos frente a un cambio climático sin precedentes y el decrecimiento y la contracción material y energética son un hecho. Queramos o no van a suceder, el decrecimiento no es una opción política, ni ideológica». Asegura que ni los más ricos se van a librar de las consecuencias de un calentamiento global que cree que puede llevarnos a la extinción de nuestra especie. «Pueden ganar 30 años más de vida, pero no van a fundar una nueva humanidad».

Miguel Brieva

El autor reivindica la imaginación y la colectividad para vislumbrar otros futuros posibles. «Hay hombres que dicen cómo me vas a dejar a mí sin coche. Claro, ahí se han generado unas dinámicas psicológicas, aspiracionales, que va a llevar un tiempo desmontarlas». Para eso, indica, «hay que crear un relato alternativo». «Ahora el relato es que el cambio climático es una derrota y que puedes hacer dos cosas: o reconocer la realidad y sentir ansiedad o negar la realidad». Cree que «estamos bajo un manto de relatos tóxicos que bloquean la acción climática».

Frente a esta situación, él se muestra optimista. «Tengo confianza. Creo que cuando las cosas se complican realmente y cuando la gente se necesita, se encuentra; esto ha pasado históricamente». Recomienda el libro Dignos de ser humanos, de Rutger Bregman, en el que se explica que «nos estamos contando un relato de lo que somos los seres humanos que no tiene nada que ver con la realidad. Los seres humanos tendemos por naturaleza a la cooperación y a la empatía».

Además, considera que las soluciones para frenar la crisis climática «están en nuestra mano». «Hay un aviso claro de los científicos de que a lo largo de esta década hay que hacer un descenso muy acusado en el consumo energético», y señala que, más allá de acciones individuales, este debe ser operado desde las instituciones y desde la Agenda 2030. «En esta década hay que transformar las ciudades enteras, hay que generar la independencia energética de todas las comunidades de vecinos, hay que cambiar drásticamente el sistema agroindustrial y hay que empezar a naturalizar grandes zonas del territorio», destaca.

Los efectos del cambio climático que ha causado la quema de los combustibles fósiles se van a sentir durante siglos, reconoce Brieva, pero aún hay mucho margen para actuar. «Hay que pasar de un falso relato de triunfo personal y de derrota colectiva asegurada a un relato que pueda generar ilusión de nuevo en la gente. Estamos haciendo algo que sirve para que haya un futuro en el que sea deseable vivir», concluye el ilustrador.

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COMENTARIOS

  1. Me pareces sumamente inteligente, más aún, sabio y lúcido, Miguel.
    Un gustazo encontrar personas así.
    En la medida en que hemos abrazado la tecnología nos hemos alejado más de nosotros mismos, de pensar, de reflexionar, de escuchar a nuestra conciencia, por no escucharla, por convertirnos en una especie de autómatas, cada vez estamos más desequilibrados, con ansiedad, depresiones, malestar interior, problemas mentales, ect.
    Precisamente lo que le interesa a la dictadura del capital: inutilizarnos. No le resulta muy difícil pues somos unos pardillos, caemos en todas las trampas que nos tiende.
    Aletargada adolescencia idiota, que buena definición. Y parece que vaya en aumento.
    No me extrañaría que sea provocada.

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