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Una treintena de organizaciones sociales y ambientales, sindicatos y entidades científicas se unen para crear la Alianza por la Restauración de la Naturaleza. Esta coalición estatal, que nace coincidiendo con el Día Mundial de la Vida Silvestre –que se conmemora cada 3 de marzo–, tiene como propósito situar la recuperación de los ecosistemas en el centro de la agenda pública y asegurar que España cumpla con sus compromisos internacionales y europeos en materia de biodiversidad.
Un contexto de urgencia climática y normativa
La creación de esta alianza responde a un momento crítico para el medio ambiente. Actualmente, el Reglamento Europeo sobre la Restauración de la Naturaleza –aprobado en 2024– establece la obligatoriedad de recuperar al menos el 20% de los ecosistemas terrestres y marinos degradados para el año 2030, así como a avanzar hacia su recuperación total antes de 2050. En cumplimiento de esta normativa, el Estado español tiene el mandato de presentar y aprobar su Plan Nacional de Restauración antes de agosto de este año. Según datos del propio Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, en España únicamente el 9% de los hábitats se encuentran en buen estado.
La Alianza surge precisamente para influir en este proceso, buscando que el borrador del plan nacional cuente con la mayor ambición posible y recoja la pluralidad de voces de la sociedad civil. Entre sus integrantes se encuentran organizaciones de diversa índole, desde las entidades ecologistas Greenpeace, WWF, SEO/BirdLife, Amigas de la Tierra y Ecologistas en Acción, hasta sindicatos como CC OO y UGT, y fundaciones especializadas en la gestión del territorio y el agua.
Desde las organizaciones impulsoras defienden que la restauración no puede limitarse a proyectos aislados ni a medidas compensatorias, “sino que debe abordarse como una política estructural y transversal”. En este sentido, piden atajar la problemática de raíz, recuperando “las funciones y los procesos ecológicos de los ecosistemas dañados y eliminar las presiones que los deterioran”. Esto, defienden, supone “aplicar con rigor” el principio de no deterioro, proteger los espacios que aún se mantienen en buen estado y evitar que la etiqueta de “restauración” se utilice para legitimar actuaciones incompatibles con los objetivos de conservación.
El decálogo: prioridades para una política de Estado
Con motivo del anuncio de la alianza, se ha lanzado un decálogo que fija las prioridades estratégicas para transformar la restauración de la naturaleza en una política estructural de Estado. Estas propuestas buscan que la recuperación ecológica no sea un esfuerzo aislado, sino una respuesta estructural a las crisis de contaminación, climática y de pérdida de biodiversidad.
El decálogo subraya que la restauración debe basarse en la ciencia y en la defensa del interés público. Además, las organizaciones recalcan que, aunque mantienen su autonomía e identidad propia, comparten el objetivo común de reforzar la restauración en el debate social y en el diseño de las políticas públicas.
Uno de los puntos clave que defiende esta nueva coalición es el vínculo entre la naturaleza y el bienestar humano. La restauración de ecosistemas no se plantea solo como una medida de conservación biológica, sino como una oportunidad para la transición justa.
La Alianza destaca la importancia de diseñar itinerarios formativos específicos en áreas como la restauración ecológica, la gestión forestal sostenible y la agricultura de bajo impacto. El objetivo es que la creación de empleos verdes se traduzca en empleo digno: estable, con salarios adecuados y protección frente a la temporalidad. Asimismo, se pone especial énfasis en que estas oportunidades laborales sean accesibles en el medio rural y costero, integrando una perspectiva de género y de igualdad de oportunidades para colectivos vulnerables como jóvenes y migrantes.
Asimismo, entre las prioridades inmediatas que propone esta nueva alianza está fomentar una cultura de la restauración ecológica mediante sensibilización, educación ambiental y generación de conocimiento compartido, y eliminar los subsidios que incentivan la degradación ambiental y reorientar los recursos públicos hacia actividades compatibles con los objetivos de recuperación ecológica.





Naturaleza en venta: la otra cara de la conservación.
A menudo se define la “naturaleza” como aquello que no es humano.
O como aquello que existiría sin intervención humana.
¿Y si esa idea no fuera universal?
Para muchos pueblos indígenas, no hay una separación clara entre humanos y no humanos.
El bosque no es “el medio ambiente”. Es un lugar de vida. Un espacio de relaciones. Una continuidad entre personas, plantas, animales y otros seres.
En muchas lenguas indígenas, ni siquiera existe una palabra para hablar de “naturaleza” como entendemos en las sociedades industrializadas.
La concepción de “naturaleza” es cultural:
El antropólogo Philippe Descola ha mostrado que la separación entre naturaleza y cultura no es universal. Es propia de la modernidad occidental.
Según ésta, la naturaleza se piensa como algo externo a nosotros. Algo que se puede medir, explotar, destruir o proteger.
… y profundamente política:
A partir del siglo XIX, con la aceleración de la industrialización europea y la expansión del colonialismo, esta concepción de la naturaleza – y la voluntad de protegerla – se impuso ampliamente.
Cuanto más transforman las sociedades industriales sus entornos, más crece el deseo de una naturaleza “pura”, separada de la actividad humana.
La destrucción de un lado hace necesaria la protección del otro.
Es en este contexto cuando surge en Estados Unidos el concepto de “naturaleza salvaje”, “Wilderness”
Una naturaleza imaginada como virgen y sublime – vacía de toda presencia humana.
Una ficción total. ¿Por qué?
Porque la mayoría de esos territorios estaban habitados, cultivados y cuidados por pueblos indígenas desde hacía generaciones.
Pero para que esos paisajes parecieran “intactos”, ciertas presencias debían desaparecer.
En esa época, los pueblos indígenas eran percibidos como sucios y arcaicos; no tenían “cabida” en la naturaleza salvaje.
… y nace el modelo dominante de conservación que conocemos hoy en día.
→ Proteger en un lado para seguir explotando en otro.
La conservación y el capitalismo se convierten en dos caras de la misma moneda: preservar ciertos espacios sin cuestionar el sistema industrial responsable de las destrucciones.
→ Proteger la naturaleza borrando a los pueblos indígenas.
Esta lógica de exclusión (heredada de jerarquías raciales coloniales) sigue influyendo hoy en día en algunas políticas de conservación.
→ Proteger la naturaleza y asignarle un valor económico.
Una vez protegida, la naturaleza puede generar ingresos a través del turismo y el ocio.
Se convierte en un lugar para admirar. Para visitar. Para consumir.
Los parques nacionales se convierten en la materialización de esta visión.
Espacios delimitados, controlados, donde la naturaleza ideal podría existir – protegida por su belleza, pensada para ser vista, visitada, fotografiada.
¡Entramos en ellos como si fueran un decorado!
Uno de los primeros: el Parque Nacional de Yosemite, “protegido” en 1864. Contrariamente al relato dominante, el valle estaba habitado, cultivado y cuidado por los Ahwahneechee, los Miwok y los Paiute. Como ocurre con la mayoría de los parques en Estados Unidos.
Pero para crear la ilusión de una “naturaleza salvaje”, hay que borrar a los pueblos del decorado.
❌ Expulsiones.
❌ Criminalización de formas de vida.
❌ Destrucción de comunidades.
❌ Apropiarse de un territorio → Vaciarlo de sus habitantes → Abrirlo al turismo.
Y todo ello en nombre de la naturaleza “salvaje”.
Ya ves de dónde viene el concepto…
La próxima vez que veas una representación de la naturaleza (una película, una imagen, etc.), ¿lo pensarás?
Survival International.
Las organizaciones ambientales demandan a la comisaria europea de medio ambiente no modificar la Directiva Marco del Agua.
Las entidades trasladan a la representante europea las siguientes preocupaciones con el objetivo de que, desde Europa, no se den pasos atrás en la protección de la biodiversidad: Directiva Marco del Agua, desregularización, financiación, Reglamento de Restauración, de Deforestación, así como la Directiva de Aves y de Hábitats.
Representantes de Amigas de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF exponen sus demandas a la comisaria europea de Medio Ambiente durante un encuentro celebrado en el marco de la visita institucional de la responsable europea en España.
Las cinco principales organizaciones ecologistas de ámbito estatal, Amigas de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF, junto a las fundaciones CONAMA, ECODES y Global Nature, solicitan a la comisaria europea de Medio Ambiente, Jessika Roswall, que no impulse modificaciones en la Directiva Marco del Agua (DMA). Además, las entidades trasladan su máxima preocupación por otros temas ambientales que están perdiendo garantías desde Europa.
La actual desregularización con el paquete ómnibus, la falta de financiación y las modificaciones planteadas en el Reglamento de Restauración y de Deforestación, así como en la Directiva de Aves y de Hábitats son los temas centrales que las organizaciones han expresado a la representante europea.
Entre ellos, las entidades inciden en su preocupación ante una posible revisión de la Directiva Marco del Agua, la cual consideran la norma europea más importante para la protección de ríos, acuíferos, lagos y humedales. La directiva establece como objetivo alcanzar el “buen estado ecológico” de las masas de agua en la Unión Europea. Este principio ha sido clave para mejorar la calidad de los ecosistemas acuáticos y reforzar la gestión sostenible de los recursos hídricos.
A juicio de las organizaciones, modificar la directiva podría suponer un debilitamiento de los mecanismos de control y prevención, con mayores riesgos de contaminación y sobreexplotación tanto de aguas superficiales como subterráneas. Asimismo, insisten en que una rebaja de estándares comprometería funciones esenciales de adaptación frente a inundaciones y sequías extremas, fenómenos cada vez más frecuentes e intensos en un contexto de crisis climática.
Las organizaciones ambientales también alertan de que una revisión a la baja podría traducirse en una disminución de la protección de hábitats y especies vinculadas a los ecosistemas acuáticos y a los humedales, muchos de ellos ya sometidos a fuertes presiones. En este sentido, subrayan que la simplificación normativa no puede convertirse en un argumento para reducir estándares ambientales en un ámbito tan estratégico para la salud pública, la biodiversidad y la resiliencia económica…