¿Es el teletrabajo una de las soluciones a la crisis climática?

Según un análisis de Greenpeace, con un día de teletrabajo a la semana se podrían ahorrar 406 toneladas de CO₂ diarias en Madrid y 612 toneladas en Barcelona.
Foto: a un 84 % de las personas encuestadas les gustaría teletrabajar dos o tres días a la semana, según una encuesta de la Cámara de Comercio.

Durante el confinamiento más estricto, las emisiones de CO₂ en España disminuyeron un 32%. Este descenso se debió, sobre todo, al transporte por carretera, que sufrió una caída a nivel global de su actividad del 50%, provocando así un 43% menos de emisiones. Entonces, ¿quiere esto decir que el teletrabajo es una de las soluciones a la crisis climática?

Partiendo de la base de que solo una parte de los empleos pueden ejercerse desde casa, si se añadiera un día más de teletrabajo a la semana se podrían ahorrar 406 toneladas de CO₂ diarias en Madrid y 612 toneladas en Barcelona. En cambio, de añadir dos días de trabajo desde casa, la cantidad ahorrada cada día sería casi el doble: 790 toneladas en Madrid y 1.153 en Barcelona.

Estos cálculos forman parte de un informe realizado por Greenpeace. La organización ecologista ha hecho el análisis en base a dos hipótesis: una moderada, que sería la de añadir un día más de teletrabajo por semana (sumado a los que ya se tuvieran antes), y la avanzada, donde se añaden dos días más de teletrabajo semanales.

Con el primer supuesto concluyen que las emisiones diarias debidas a desplazamientos al lugar de trabajo se podrían reducir un 7-8 %, mientras que la derivadas del transporte de viajeros en general caerían un 3%. En el supuesto avanzado, las emisiones por desplazamientos laborales se reducirían en ambas ciudades españolas un 14-15%, y un 5-6 % en el caso de las emisiones producidas por la movilidad general.

Para el análisis solo se han usado como ejemplo Madrid y Barcelona por dos motivos, explica Adrián Fernández, responsable de transporte en Greenpeace España. El principal, explica, radica en la dificultad de «encontrar la información necesaria para hacer el análisis por parte de las autoridades de transporte». Cuenta que la tercera ciudad estudiada hubiese sido Valencia, pero que no ha sido posible porque «no hay una encuesta de movilidad del nivel» de las otras dos urbes. «Es preocupante» esta falta de datos, denuncia Fernández, quien considera que esto «dice mucho de cuánta información falta en la planificación del transporte».

El segundo motivo que les llevó a analizar solo estas dos provincias es que «son los lugares que más potencial ofrecían a la hora de reducir emisiones del tráfico». Según Fernández, «en zonas rurales hay más efecto rebote porque hay más viajes por motivos no laborales».

Hace unos meses, una encuesta realizada por la Cámara de Comercio de España arrojó que a un 84 % de las personas encuestadas les gustaría teletrabajar dos o tres días a la semana.

Un cambio de modelo

Más allá de la reducción de emisiones, desde Greenpeace apuntan a que el análisis sobre el potencial del teletrabajo permite extraer determinadas conclusiones sobre el modelo actual de movilidad. Por ejemplo, inciden en la alta contribución al calentamiento global del transporte por carretera, fuertemente dependiente de los combustibles fósiles. En este sentido, la ONG apuesta por el transporte público, e incide en que la mejor forma de desplazarse es en bici o a pie.

El informe también recuerda que la dispersión urbanística y el alejamiento de los centros de trabajo obligan a mucha personas a depender del coche para moverse. Este factor, explican, da respuesta a por qué Barcelona puede ahorrar más emisiones de CO2 que Madrid: allí se producen más desplazamientos entre municipios de la periferia, que se realizan principalmente en vehículos contaminantes. En cambio, en la Comunidad de Madrid, el núcleo de la capital, donde predomina el transporte público, tiene un mayor peso en el conjunto de los viajes.

Otra de las conclusiones que arroja el análisis es que el potencial del teletrabajo en el ahorro en emisiones se concentra en la población de 35 a 55 años. En esta línea, los hombres pueden contribuir más a la reducción de emisiones que las mujeres, «ya que estos no solo utilizan mucho más el coche para ir a trabajar sino que además las mujeres se implican más en desplazamientos no ligados al trabajo en su día a día (como suministros, colegios, cuidados…) los cuales siguen siendo necesarios realizar incluso si se teletrabaja», recoge el documento.

Equilibro entre reducción de emisiones y evitar una brecha social

Como en todo, aquí también es fundamental tener en cuenta el factor de clase. Mientras que las personas empleadas por cuenta ajena, de mayor poder adquisitivo y con un nivel alto de estudios tienen más fácil teletrabajar, la mayoría de la clase trabajadora tiene que seguir desplazándose a su puesto de trabajo.

Desde Greenpeace insiste en que, desde el punto de vista medioambiental, los grupos con altos ingresos son los que tienen un mayor potencial de ahorro de emisiones puesto que «utilizan mucho más el coche particular y, en general, con distancias más largas».

No obstante, desde la perspectiva social, una adopción más generalizada del teletrabajo podría aumentar la desigualdad social. Desde Greenpeace reconocen que habrá que esperar a ver cómo se consolida el teletrabajo después de la pandemia, y que esta solución no será factible para todos los grupos profesionales y de ingresos.

Tal y como recoge Joan Coscubiela en su libro La pandemia de capitalismo, (Ediciones Península, 2021) las diferencias sociales se han hecho más patente con la pandemia. El miedo al contagio en el transporte público llevó a una reducción de su uso por personas de clase trabajadora. De esta forma, de manera paralela, se produjo un aumento en la compra de vehículos usados de más de viente años, mucho más baratos pero también más contaminantes. «Un claro ejemplo de que brechas sociales e impacto ambiental van cogidos de la mano», explica el ex secretario general de CC. OO. en Catalunya. Así, las personas de menor renta tienen menor acceso al teletrabajo «y, cuando optan por el coche privado, su escasa capacidad adquisitiva les obliga a usar vehículos antiguos y mucho más contaminantes», asegura.

Para hacer frente a estos obstáculos, desde Greenpeace reclaman una red de transporte público potente y competitiva; un modelo urbanístico de proximidad que abogue por las mezclas de usos entre residencias, comercios y puestos de trabajo; y un reparto del espacio público que invite a andar y moverse en bicicleta.

Teletrabajar… y reducir la jornada laboral

En el último año, uno de los debates que ha impulsado con más fuerza la pandemia es la reducción de la jornada laboral. En España, el tema está de actualidad después de que el Gobierno haya aprobado recientemente un proyecto piloto de ámbito nacional. Dotado con 50 millones de euros, e ideado por Más País-Equo, tiene como objetivo impulsar el teletrabajo en aquellas empresas que lo deseen.

El informe de Greenpeace no ha tenido en cuenta el potencial medioambiental y social de unir el teletrabajo y la reducción de la jornada laboral. Adrián Fernández explica que el análisis que han elaborado es una adaptación de un estudio hecho previamente para Alemania. Aun así, cuenta, en el país germano la semana laboral media estaba en 3,8 días/semana, mientras que en España estaba en 4,3, lo que les obligó a incorporar ese cambio para adaptar la metodología.

Esto, a priori, «nos da más margen para reducir las emisiones, ya sea con más teletrabajo o reduciendo la jornada», cuenta el responsable de transporte de Greenpeace. «A futuro, habría que verificar si la jornada de 4 días reduce el impacto de los viajes o genera otros efectos de rebote», añade Fernández, quien si bien no se atreve a predecir qué pasaría, sí cree que supondría una reducción de las emisiones.

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COMENTARIOS

  1. Sí, todo informatizado, se ahorran personal, y nos tienen a todos más aislados.
    No hay trabajo, porque todo lo hacen las máquinas. Vas al banco y te dicen que te tienes que hacer tú los trámites.
    Tienen más ganancias que nunca y están echando a más personal que nunca.
    Esta es la dictadura de la tecnología. Quieras o no, sepas o no, todo informatizado.
    Las máquinas no piden un sueldo, ni exigen nada, ni tienen vacaciones ni se enferman, así que el ser humano sobramos.
    Y el ser humano, callamos y tragamos con todo los que nos echen.
    ¿Y que me dicen de la contaminación electromagnética que está haciendo estragos? Desde cánceres, a infartos, migrañas, dolores, falta de concentración, de memorización….
    Todos conectados y el mundo p’atrás y ni s’enteran.
    Bcn. tenía una buena red ferroviaria de cercanías, dónde están ubicadas las zonas industriales (las industrias que no se fueron a países dónde les trabajan por el bocadillo), tengo entendido que no pararon de recortarla mientras las inversiones iban para el AVE.
    Los gobiernos de los países del sistema capitalista no están interesados en potenciar el transporte público y el ciudadano de estos países, adoctrinado por la publicidad consumista, prefiere tener e ir en su coche.
    Es muy sencilla la vida simplificándola; pero ya hemos perdido la sensatez, ya nos hemos pasado de rosca.

  2. La red 5G podría aumentar el consumo energético total de la red entre un 150­ % y un 170 % en 2026.
    La petición de Moratoria del 5G es reclamada por casi 1.000 organizaciones, como entidades vecinales, ecologistas, sindicatos agrarios y colectivos de personas afectadas por enfermedades ambientales y de sensibilización central. En la petición recuerdan las llamadas de instituciones y personas expertas que apelan a una evaluación en ámbitos como el de la salud, el ambiental, el climático y el energético. Entre otros, el Defensor del Pueblo ya ha cuestionado que el Plan Nacional 5G y de sus proyectos pilotos no atendiera al principio de precaución ni a la evaluación ambiental.
    Se demanda a los ayuntamientos que impulsen un debate plural previo al despliegue del 5G: «Este debate está secuestrado y condicionado para acceder a los planes de estímulo europeos del plan Next Generation EU. Dichos fondos están comprometidos a un proceso acrítico de esta implantación tecnológica, auspiciada y maquillada por el Foro Económico Mundial como «inocua, verde e inmaterial», benefactora del planeta y de la humanidad».
    La Coordinadora estatal por la Moratoria del 5G se suma a las movilizaciones realizadas en todo el Estado para reclamar la participación social en la toma de decisiones sobre el reparto de los Fondos de Recuperación Económica Next Generation EU, que cuestionan que estos fondos vayan a parar a las mismas empresas y sectores industriales relacionados con la grave crisis climática y ecosocial que padecemos actualmente.

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