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Este reportaje se publicó originalmente en la revista de ‘La Marea’. Puedes conseguir un ejemplar aquí o suscribirte en su kiosco.
Hay algo de pasado industrial en cada calle, en cada rincón de Avilés. A mediados del siglo pasado comenzó un proceso de industrialización que ha ido conformando el carácter de sus habitantes y la fisonomía del espacio. Ahora soplan nuevos aires en la ciudad, un proceso transformador orientado a construir un modelo más sostenible, inclusivo y conectado con su entorno.
Y en ese nuevo modelo es importante el arte, de ahí la relevancia de la elección de la ciudad asturiana para acoger la Bienal Climática, que bajo el título Ensayar lo inesperado tendrá lugar del 12 de junio al 20 de septiembre. La muestra la organizan los ministerios de Cultura, Vivienda y Transición Ecológica (MITECO), el Principado de Asturias, el Ayuntamiento de Avilés y la Fundación Atelier itd.

COLECCIÓN ESTATAL ARTE Y CLIMA / MITECO.
¿Y qué puede aportar el mundo del arte a la lucha contra el cambio climático? ¿Por qué una Bienal Climática? Otra bienal, habría que decir, similar a la que estos días tiene lugar en Viena. No es fácil dar respuesta a estas cuestiones y eso es parte del encanto de este tipo de encuentros, hacer preguntas. Como explica Amanda Masha, la directora artística del certamen, «en este contexto de inestabilidad, en el que lo viejo deja de sostener y lo nuevo aún no tiene forma clara, el arte no ofrece soluciones técnicas, pero sí orientación difusa». El arte siempre ha estado en esa posición y en las sociedades actuales, rasgadas por el consumo inmediato, la reflexión y la pausa que aporta el artista es fundamental.
En el encuentro de Avilés se tratan muchos temas que nos afectan como sociedad. No se habla del clima como un concepto asociado a las condiciones atmosféricas. Es otra cosa. Porque podemos hablar del clima social que estamos viviendo hoy en día, en el que el conflicto está en cada conversación. ¿Y por qué no del clima político, que traslada la crispación a todo lo que nos rodea? También de ese clima afectivo que apela a lo más cercano, a nuestro ser y a nuestra cotidianidad. Las preguntas se van acumulando y las respuestas son complejas y a menudo utópicas.
Por eso es más necesario que nunca buscar, desde la experiencia artística, lugares de encuentro, escucha y experimentación. Y ahí es donde el arte tiene todo el sentido, aportando experiencias y propuestas que sean capaces de sobreponerse a la urgencia ambiental o la polarización. El riesgo es grande, pero el mayor de todos es el de no intentarlo. Y el arte, en eso, no falla. En este caso, el mundo artístico propone trabajar desde la idea de que la utopía no es un horizonte lejano, sino una práctica colectiva del presente. Es decir, un ahora que debe partir de una reflexión utópica hacia la realidad. Es una evolución de la consigna del «seamos realistas, pidamos lo imposible» que se gritaba en Francia en aquel ya lejano Mayo del 68.
Como hizo el artista argentino Tomás Sarraceno, quien presentó en la COP21 de París su proyecto Aerocene, una escultura levitante. Durante el día lo hacía con energía solar y por la noche a través de la radiación infrarroja que llegaba desde la tierra, todo para crear conciencia sobre los recursos naturales. Algo similar a lo que ha mostrado a principios de este año la artista Marina Núñez en el Museo Nacional de Antropología de Madrid con la exposición Tantos mundos en este. La pieza principal ha sido un suelo de casi 300 piezas de cerámica impresa que ha ocupado todo el patio central del museo. En él, la artista ha desplegado un mapa de la Tierra labrada, herida, palpitante, lleno de sorpresas y sugerencias.

Frente a los relatos de agotamiento y colapso, Amanda Masha señala que la Bienal Climática «apuesta por activar imaginarios que puedan ensayar presentes más justos y habitables, reconociendo que no habitamos un solo clima, sino muchos climas superpuestos que nos configuran y que, colectivamente, podemos transformar».
En esto coincide con Elena Lavellés, quien participará en el encuentro para presentar El aliento del aire, un proyecto donde arte, ciencia y sociedad se encuentran para pensar colectivamente la transición ecológica. La artista insiste en que «el arte puede operar como un espacio de pensamiento crítico y de mediación, capaz de complejizar los discursos y generar formas de percepción que escapan a la lógica binaria o simplificada que actualmente tiende a polarizar la sociedad en la que vivimos». En este sentido, continúa Lavellés, «es interesante trabajar sobre aquello que permanece invisible: los recursos, las infraestructuras, las cadenas de producción y sus impactos sobre los territorios y las comunidades. Hacer visible lo invisible implica también desnaturalizar lo que damos por hecho. El arte puede activar una conciencia sensible sobre los sistemas que habitamos, y abrir otras formas de imaginar –y quizás de construir– futuros más sostenibles y justos».
El clima es un concepto desde el que se pueden imaginar y trabajar nuevos futuros que no tienen forma definitiva. Por eso ahora es el momento de reivindicar esa relación entre clima y artista, entre destrucción y belleza, entre el mal y el bien, entre determinismo y utopía, entre lo inevitable y lo que queremos que suceda. Entre el aquí y el ahora y el futuro que está por llegar y por construir.


El territorio como sala expositiva
En su primera edición, este ensayo de lo inesperado se sitúa en Avilés y en distintos enclaves rurales de Asturias. El territorio se transformará en un escenario abierto a exposiciones, encuentros, talleres y acciones performativas que conectarán arte, industria y territorio y en el que participarán más de 40 artistas y colectivos, cuyas obras se desplegarán en contextos urbanos, periurbanos y rurales.
El encuentro artístico se articula en tres ejes temáticos: Estación Meteo, Industrias presentes y Duelos y júbilos. El primero propone nuevas formas de observar, interpretar y comunicar lo atmosférico en un contexto de emergencia ambiental y para ello se ha contado con residencias artísticas desarrolladas en diálogo con la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) y otros organismos científicos. Industrias presentes indaga en el legado y futuros posibles de la industria, sobre todo aquella vinculada a la historia minera y productiva de Avilés. Finalmente, Duelos y júbilos se refiere a lo que nos sustenta física y espiritualmente, a la dimensión afectiva y sensible de las transiciones: aquello que se pierde, lo que duele, pero también lo que se celebra y se imagina colectivamente.
La intención ha sido que la bienal no se superponga al territorio, sino que se inserte en las dinámicas de transformación locales, conectando con sus comunidades y políticas públicas, y situando al mismo tiempo estos procesos locales en relación con debates más amplios sobre gobernanza climática y cambio sistémico.
El programa público se desarrollará en diversos espacios clave de Avilés como la Casa Municipal de la Cultura o el Parque de Ferrera. Por supuesto, el Centro Niemeyer (abajo, en la foto) contará con una propuesta expositiva, así como la Antigua Pescadería Municipal de Avilés (La Grapa) y la Escuela de Artes y Oficios.

La primera edición de la ‘Bienal Climática: Arte, Industria y Territorio’ se celebra en Avilés (Asturias) del 12 de junio al 20 de septiembre.

