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El 60% de la ciudadanía en diez de las principales ciudades españolas no tiene un acceso suficiente a zonas verdes. Así lo concluye un informe publicado este martes por la organización ecologista Amigas de la Tierra, elaborado con la colaboración de las investigadoras del Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad (GIAU+S) de la Universidad Politécnica de Madrid. En España, un el 80% de la población reside en ciudades.
El estudio analiza la disponibilidad de espacios naturales bajo el prisma de la llamada «regla 3-30-300«, una recomendación respaldada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según este estándar, cada habitante debería poder contemplar tres árboles desde su ventana, el barrio debería contar con un 30% de cobertura vegetal, y se debería disponer de un parque de al menos una hectárea a una distancia máxima de 300 metros del hogar. Esto, en España, está lejos de cumplirse.
En torno al 80% de los habitantes de Valencia y Ourense y el 70% de los de Badajoz no disponen de una gran zona verde cerca de sus viviendas. Un porcentaje que contrasta con Santiago de Compostela, que presenta los mejores indicadores de extensión y accesibilidad por habitante. Valladolid también alcanza una buena cobertura por habitante y superficie, aunque presenta cierta desigualdad en la distribución de naturaleza en torno al eje este-oeste. Aun así, el problema central de este informe no se limita solo a la cantidad de verde existente, sino a su distribución territorial y social.
La brecha de la desigualdad y las «zonas de acción prioritaria»
La investigación subraya que en los barrios de menor renta la superficie de naturaleza por habitante es sistemáticamente inferior, un hecho lastrado habitualmente por una mayor densidad habitacional. Al cruzar las variables de capacidad adquisitiva con la disponibilidad de zonas verdes, emergen mapas de desigualdad que revelan las llamadas «zonas de acción prioritaria«.
Estas áreas críticas, señala la ONG, son espacios donde la renaturalización ya no es solo una cuestión de equilibrio ecológico, sino una herramienta urgente de bienestar y de adaptación a las altas temperaturas para las poblaciones más vulnerables. El informe insiste en que la falta de vegetación y la exposición continua al asfalto merman la salud física y mental, mientras que la presencia de grandes parques ha demostrado ser vital para reducir la presión arterial, la ansiedad y la depresión.
A través de mapas interactivos, la organización ha formulado propuestas de intervención concretas e inmediatas para estas zonas de acción prioritaria en todo el país:
- Madrid: las carencias se ceban con el sur y el este. Las acciones prioritarias deben concentrarse en distritos densos como Puente de Vallecas, Carabanchel-Usera, Tetuán y San Blas-Canillejas. Aquí, la estrategia pasa por rediseñar los bordes activos para crear «calles-parque», ecologizar los espacios verdes ya existentes e impulsar itinerarios peatonales arbolados.
- Valencia: con casi el 80% de su población sin acceso a un gran parque cercano, la urgencia es máxima en Quatre Carreres, Patraix, L’Olivereta, Poblats Marítims, Camins al Grau, Rascanya, La Saïdia, Benicalap y Jesús. Se propone recurrir a la jardinería móvil y modular («verde táctico»), abrir los recintos de equipamientos públicos y reaprovechar grandes espacios industriales o militares cerrados.
- Sevilla: el asfalto castiga especialmente a la Macarena, el Distrito Sur, Cerro-Amate y San Jerónimo. Las soluciones para combatir las tórridas temperaturas hispalenses en estos barrios de bloque abierto exigen reverdecer las tradicionales plazas duras e instalar cubiertas verdes accesibles en los edificios.
- Zaragoza: el déficit histórico ahoga al Casco Histórico, Delicias, Las Fuentes, San José, Torrero, Oliver-Valdefierro y parte de Miralbueno. En estos tejidos tan compactos, la supervivencia pasa por agresivas operaciones de peatonalización verde y la renaturalización de patios y espacios libres en equipamientos institucionales.
- Palma: a pesar de sus grandes parques periféricos, barrios como Pere Garau, Son Canals, Son Cotoner, Camp d’en Serralta, Camp Redó y Son Cladera carecen de verde de proximidad. Ante la falta de espacio y la presión urbanística, la propuesta clave es dar un uso temporal como zonas verdes a los solares vacíos.
- Valladolid: las zonas de acción prioritaria se concentran al este y sur, en Pajarillos (Altos y Bajos), Delicias-Canterac y San Isidro. Para estos barrios se requiere sortear infraestructuras mediante pasarelas peatonales verdes, transformando viejos ejes viarios en corredores ecológicos que unan espacios fragmentados.
- Badajoz: es una de las urbes con peores datos globales de accesibilidad. La actuación es crítica en San Roque, Suerte de Saavedra y los barrios de la Margen Derecha (Los Colorines, El Gurugú y El Progreso). La principal demanda técnica es reconvertir sus áridos ejes viarios en corredores verdes continuos.
- Ourense: posee la peor cobertura vegetal de las ciudades analizadas, con un 80% de vecinos sin acceso suficiente. La urgencia recae sobre O Vinteún, O Couto, A Carballeira y San Francisco. Se requiere un rediseño profundo que genere nuevas «centralidades verdes» en estos barrios, mitigando el aislamiento del asfalto.
- Ibiza: Aunque presenta mejores datos generales, la altísima presión turística aísla a zonas de renta baja como Ca n’Escandell y Cas Serres. Las propuestas exigen hacer los parques más permeables (eliminando vallas y mejorando accesos) y consolidar corredores urbano-periurbanos que protejan el paisaje frente a la especulación.
- Santiago de Compostela: es la única excepción del estudio. Gracias a un urbanismo históricamente articulado por sus ríos y cinturones forestales accesibles, no se han identificado zonas de acción prioritaria bajo los criterios de baja renta y nulo acceso. No obstante, el informe recomienda continuar la gestión innovadora y reforzar la red con especies más coherentes con el ecosistema local.
Para ejecutar estos cambios sin necesidad de grandes demoliciones, proponen aprovechar al máximo el espacio existente al ecologizar zonas residuales, abrir grandes recintos cerrados para uso público y transformar el antiguo suelo industrial en el núcleo de la infraestructura verde urbana.
Contra la «gentrificación verde»
Reverdecer los barrios conlleva a menudo el riesgo de provocar «gentrificación verde«, un proceso en el cual la mejora urbana revaloriza agresivamente el suelo atrayendo capital especulativo. Esto hace que se expulsen a los residentes originales con rentas bajas hacia nuevas periferias de hormigón.
«Reclamamos políticas de vivienda justas que eviten que reverdecer las ciudades pueda suponer la expulsión de las personas de sus casas», advierte Miguel Díaz, portavoz de Amigas de la Tierra, subrayando que es necesario promover la construcción de refugios climáticos comunitarios.





Muy interesante el artículo, pero una pena la forma de presentar los datos. Resulta imposible comparar la información entre las distintas ciudades.