Cuando la adaptación ya no es suficiente: el papel del cambio climático en el desastre de Nepal

Un estudio científico concluye que el retroceso glaciar y el deshielo del permafrost actuaron como factores críticos en un desastre que barrió comunidades enteras en apenas siete minutos.
Cuando la adaptación ya no es suficiente: el papel del cambio climático en el desastre de Nepal
Vista aérea del bazar Devighat en Nuwakot, Nepal, tras las inundaciones del 26 de agosto de 2026. Foto: Chandra Bahadur Ale/ZUMA Press Wir.

El pasado 26 de agosto, una catastrófica avalancha de roca y hielo en la frontera entre Nepal y China desencadenó un violento flujo de escombros que ha dejado más de 1.300 personas fallecidas confirmadas, 5.000 desaparecidas y unas 13.700 han sido rescatadas. Ahora, un estudio de atribución publicado este jueves por el consorcio científico World Weather Attribution (WWA) concluye que el rápido calentamiento que experimenta la Tierra está exacerbando estos fenómenos geológicos en cascada, empujando a las comunidades del Himalaya más allá de sus límites de adaptación.

«Este informe no es un estudio tradicional de la World Weather Attribution porque no estamos analizando un único fenómeno meteorológico extremo, sino un desastre de montaña en múltiples etapas con muchos factores que influyen en la causalidad», aclara Friederike Otto, profesora de Ciencia Climática en el Imperial College de Londres y líder del WWA.

El desastre se originó con el colapso repentino de aproximadamente dos kilómetros cuadrados de pared rocosa y hielo glaciar en la vertiente norte de la montaña Langtang Lirung. La inmensa masa cayó desde los 5.150 metros de altitud hasta el fondo del valle a unos 3.750 metros, liberando en su impacto una energía equivalente a un terremoto de magnitud 5,5. Los autores del estudio explican que la energía mecánica y la fricción derritieron rápidamente el hielo glaciar, que al llegar al fondo del valle impactó con más hielo enterrado (el permafrost), generando un enorme volumen de agua derretida.

Este flujo inicial se transformó en una inundación de escombros altamente destructiva impulsada por una mezcla letal de agua, hielo, roca y sedimentos. Desplazándose a velocidades medias de 188 km/h, la avalancha recorrió 22 kilómetros río abajo hasta la frontera de Rasuwagadhi en apenas siete minutos, borrando del mapa instalaciones aduaneras y pueblos enteros como Timure y Syabrubesi. El flujo viajó 200 kilómetros hasta Devghat en menos de siete horas, depositando más de 30 millones de metros cúbicos de lodo y escombros que sepultaron cultivos e infraestructuras hidroeléctricas a lo largo del corredor. En total, el equipo científico destaca que unas 84.270 personas se han visto afectadas y cerca de 3.400 supervivientes permanecen en centros de acogida. 

El papel del calentamiento global

El informe de la WWA, elaborado por decenas de científicos internacionales, determina que el cambio climático no fue el creador de la estructura geológica original, pero sí actuó como un factor desestabilizador crítico sobre una ladera ya vulnerable. Las crecientes temperaturas en la región han provocado la degradación del permafrost, debilitando los contactos entre la roca y el hielo y reduciendo la cohesión de las fracturas.

Además, el glaciar Langtang-Lirung ha experimentado un adelgazamiento y retroceso masivo. Desde 2010, la tasa de contracción del glaciar se aceleró de un 0,5% anual a entre un 1% y un 2,3% anual, eliminando el soporte mecánico de las escarpadas paredes rocosas y dejándolas expuestas a fallos. A esto se suma el aumento de la cota de nieve: la isoterma de cero grados se ha elevado a un ritmo de unos 100 metros por década durante las temporadas de monzón y posmonzón, lo que ha provocado que caiga más lluvia y menos nieve en las cumbres, incrementando drásticamente la presión del agua que se infiltra en las fracturas de la montaña.

Javier Lillo, del departamento de Geología de la Universidad Rey Juan Carlos y ajeno al estudio, contextualiza esta realidad destacando que las áreas de alta montaña «son extraordinariamente sensibles al calentamiento global». Lillo, en declaraciones recogidas por SMC España, recuerda que lo ocurrido este verano en el Himalaya, junto con avalanchas similares recientes en los Alpes y América, demuestra que las zonas «que previamente se consideraban relativamente estables» están experimentando una incidencia inusitada de movimientos de ladera.

A las causas climáticas se unen factores geológicos y climáticos a corto plazo. El colapso estuvo antecedido por condiciones meteorológicas inusualmente cálidas a lo largo de un período de 12 meses, lo que favoreció el derretimiento acelerado de la nieve y el hielo. Asimismo, el terreno arrastraba consecuencias históricas: el terremoto de Gorkha de magnitud 7,8 ocurrido en 2015 pudo haber precondicionado la pendiente, agrandando las grietas en la masa rocosa y aumentando la inestabilidad a largo plazo de la montaña. Como expone a SMC España Luis Carcavilla Urquí, científico del IGME que nada tuvo que ver con la investigación: «El estudio de un evento catastrófico de estas características es complejo, porque no fue provocado por un único episodio climático extremo, sino que se trata de un fenómeno múltiple, resultado del encadenamiento de procesos».

Límites de adaptación superados

Una de las conclusiones más duras del informe es que en este desastre se han rebasado por completo los límites de la adaptación humana. Aunque Nepal posee sistemas de alerta temprana eficaces para inundaciones fluviales ordinarias, la velocidad supersónica y el volumen destructivo de este alud en cascada impidieron cualquier respuesta y superaron los límites de diseño de prevención de riesgos. Los escasos siete minutos que tardó el flujo masivo en llegar a las primeras poblaciones hicieron inviable cualquier margen real de evacuación para salvar vidas de forma masiva.

La geografía escarpada de la zona obliga a concentrar a las poblaciones y el desarrollo económico (como la hidroeléctrica y el comercio fronterizo) en los estrechos valles fluviales, lo que hace casi imposible eliminar la exposición al riesgo sin causar graves perjuicios socioeconómicos y territoriales.

Los autores de la WWA concluyen advirtiendo que los impactos del calentamiento pasado aún no se han manifestado por completo y que los glaciares y el permafrost seguirán degradándose incluso si se detuviera de inmediato el calentamiento global. Para minimizar estos riesgos catastróficos en el futuro, los científicos subrayan que se vuelve vital una rápida transición para abandonar los combustibles fósiles a nivel global y un firme compromiso de financiación climática internacional. Esta solidaridad económica, defiende, es el pilar indispensable para que países como Nepal puedan gestionar y reparar las crecientes pérdidas y daños de un calentamiento que no han provocado.

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