Luis Carcavilla, geólogo y alpinista: «Los procesos de colapso de glaciares están totalmente relacionados con el cambio climático»

El investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) analiza la trágica riada entre Nepal y Tíbet, advirtiendo de que la alteración de la alta montaña multiplica el peligro para los millones de personas que viven aguas abajo.
Luis Carcavilla, geólogo y alpinista: «Los procesos de colapso de glaciares están totalmente relacionados con el cambio climático»
Foto: Luis Carcavilla en una imagen cedida por él.

Asombrarse, consumir vídeos en redes o leer información de última hora de forma compulsiva, empatizar con los afectados y, también, comprender. Tras una catástrofe como la ocurrida la semana pasada entre Nepal y Tíbet, que deja ya más de 903 víctimas mortales y miles de desaparecidos, quienes la observamos desde la distancia atravesamos fases muy diferentes. Son momentos en los que mucha gente parece tener una opinión sobre lo ocurrido, pero en los que la figura del experto cobra una relevancia especial.

Luis Carcavilla Urquí, investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) y experimentado montañero conocedor del Himalaya, es una de esas figuras. Con un centenar de publicaciones a sus espaldas, incluidos varios libros de divulgación, el geólogo ha sido también un testigo excepcional de cómo la alta montaña está cambiando a medida que suben las temperaturas y cómo estos cambios están multiplicando los riesgos para la población.

¿Qué certezas tenemos sobre lo que ocurrió en Nepal?

Sabemos que hubo un desprendimiento en el frente de un glaciar a más de 5.000 metros de altitud. Una masa enorme de hielo y agua cayó ladera abajo, cubriendo prácticamente 1.000 metros de desnivel. En su desplazamiento arrastró todo lo que pilló por el camino: rocas, sedimentos, árboles… Incluso parece ser que también provocó algún deslizamiento del terreno.

Todo ese material cayó al cauce del río y se acumuló, generando una represa durante un tiempo determinado, todavía desconocido. Se acumuló mucha agua y al romperse esa presa natural se desencadenó esa gran ola que ha arrasado todo. Es decir, esa ola que todos hemos visto es la consecuencia de una serie de procesos encadenados, no tiene una causa única.

¿La orografía de la zona ha influido en la magnitud del desastre?

Son ríos muy estrechos, confinados dentro de paredes y laderas muy ajustadas, por lo que no pueden evacuar parte del agua o de los materiales que arrastran por sus laterales. Digamos que son ríos confinados. De hecho, el desprendimiento parece que fue 20 kilómetros aguas arriba de la frontera entre Nepal y China. Si estuviéramos en una zona más baja del cauce, habría más afluentes laterales por los que se podría diseminar el exceso del agua.

¿El terremoto está descartado como causa?

Inicialmente, se pensó que la causa que había desencadenado la riada había sido un terremoto de magnitud de 5,2. Pero el Servicio Geológico de Estados Unidos ha aclarado que en realidad el evento sísmico que registraron fue provocado por el propio colapso del glaciar y el flujo de escombros que generó después.

En la región del Himalaya hemos visto en los últimos años lo que se conoce como inundaciones por desborde violento de lago glaciar o GLOF, por sus siglas en inglés. ¿En qué se diferencian de lo ocurrido ahora en la frontera entre Nepal y Tíbet?

Son procesos diferentes, pero ambos son resultado de los efectos del cambio climático. En el primer caso, la elevación de las temperaturas medias provoca la fusión de parte del glaciar, generando un lago que es represado por una morrena u otra barrera natural. Cuando esta se rompe, se causa la riada. En el segundo caso, el glaciar ha colapsado probablemente por el debilitamiento de la masa de hielo por el incremento de las temperaturas.

¿Cuál es la relación de esta riada con el cambio climático?

Hay que estudiar cada caso concreto para establecer una relación directa. Pero sí sabemos que los procesos de colapso de glaciares, como el que parece que ha sido el detonante de la riada, están totalmente relacionados con el cambio climático. De todas formas, todavía quedan muchas incógnitas. Por ejemplo, no se sabe el volumen de glaciar que colapsó, aunque por algunas imágenes satelitales parece que ha desaparecido una superficie de medio kilómetro por medio kilómetro, más o menos.

¿El cambio climático está volviendo la montaña más inestable?

El cambio climático afecta a diferentes elementos de las montañas. Además de a los glaciares, afecta mucho al permafrost, ese suelo congelado que aglutina rocas, hielo, materia orgánica y otros componentes. Al fundirse el permafrost, el suelo se vuelve inestable y aumentan las probabilidades de deslizamientos y de desprendimientos de tierra. Este verano, han tenido que cerrar varias rutas de ascenso al Mont Blanc y la vía italiana para subir al Cervino porque, al fundirse el permafrost, aumentan los desprendimientos de rocas.

Es decir, la montaña en sí no es más inestable, pero muchos de sus elementos sí. Como sistema, se vuelve más peligroso. Solo tenemos que hablar con cualquier montañero para entender cómo está cambiando todo.

Precisamente, como montañero experimentado, lleva años observando el Himalaya y sus glaciares. ¿Qué cambios ha podido comprobar en persona?

Para valorar los efectos del cambio climático, hacen falta datos recogidos de manera sistemática a lo largo del tiempo. Pero la simple observación nos permite percibir señales que a veces son muy evidentes. Por ejemplo, cada vez es más frecuente ver esos lagos formándose en el frente del glaciar o directamente sobre el glaciar. Antes era muy difícil ver este tipo de formaciones.

Además de la formación de estos lagos, el colapso de los glaciares y el derretimiento del permafrost, ¿qué otras señales deja el cambio climático en la montaña?

Hay muchos elementos que cambian, al margen de la geología, desde la vegetación o la fauna hasta los usos del territorio que hace la población. Pero son cambios que a veces no se perciben de forma tan evidente. Sin embargo, los glaciares responden a las temperaturas de forma muy rápida. Lo que ocurra en verano o en invierno se ve reflejado en el volumen de hielo de forma casi inmediata.

Y, sin embargo, parecen gigantes inmutables, inmensas masas de hielo prácticamente inmóviles.

Pueden parecerlo a simple vista. Pero, si medimos los cambios con herramientas de teledetección y satélites o con herramientas de monitorización sobre el terreno, los cambios son evidentes. En el fondo, el glaciar es un elemento geológico muy dinámico. Su movimiento y su velocidad dependen directamente de la pendiente, de la circulación de agua en la base y de la cantidad de hielo y nieve acumulada. Si nieva mucho, la velocidad cambia. Y si hace mucho calor y hay más agua en la base, esta actúa como lubricante, y la velocidad también cambia. Es decir, las respuestas a los cambios en el entorno son muy rápidas, prácticamente inmediatas.

Volviendo al desastre en el Himalaya, ¿hasta qué punto estamos preparados para detectar con antelación estos fenómenos?

El colapso de un glaciar no da muchas señales previas de aviso. Si lo tienes monitorizado durante un tiempo, puedes ver que está adelgazando y que la situación empieza a ser inestable. De hecho, en los Alpes hay zonas de acampada que han dejado de usarse porque el glaciar que tienen cerca, que está monitorizado, ha adelgazado tanto que puede ser peligroso. Es decir, el colapso en sí es difícilmente previsible, pero sí que pueden mitigarse los riesgos.

Así sucedió en la aldea de Blatten, en Suiza, el año pasado, que se evacuó 10 días antes de que se produjese un colapso en el glaciar Birch.

Claro. Pero en el caso de Nepal los medios no son los mismos. Es un país pobre que no puede tener los sistemas de monitorización que hay en Francia o en Suiza. Sucede lo mismo con otros desastres: un terremoto en Japón provoca muy pocas víctimas y otro similar en un país en vías de desarrollo puede causar una catástrofe.

Pretender que en el Himalaya, en China, Nepal, India y Pakistán estén monitorizados los cientos o miles de glaciares que hay es prácticamente inviable. En Blatten había un glaciar que estaba monitorizado. Pero si aguas arriba tienes todo el Himalaya, el tercer polo de la Tierra, todo es más complicado.

También hablamos de zonas más pobladas.

Al fin y al cabo, el desprendimiento de hielo no ha afectado a nadie de forma directa. La que ha sido destructiva es la riada que ha arrasado todo lo que había a lo largo del cauce del río, que es también donde la gente vive, donde están las infraestructuras, donde están las tierras más fértiles y donde hay comercios y negocios. A escala humana, el problema no es el glaciar en sí, sino los millones de personas que viven aguas abajo en zona de riesgo.

¿Hay asentamientos o infraestructuras especialmente vulnerables a estos riesgos?

No especialmente. Desplazar a la población de estas zonas, en las que llevan tanto tiempo viviendo, es complicado. Lo que sí se intenta, desde la prevención de riesgos, es que no haya infraestructuras vitales, como hospitales o centrales eléctricas. Es un poco lo mismo que pasa con el riesgo sísmico: tú no puedes evitar que haya un terremoto en una región, pero puedes hacer que los sistemas de rescate, de emergencia y de ayuda no dependan totalmente de una infraestructura que pueda ser destruida.

¿Estamos ante algo excepcional o experimentaremos este tipo de sucesos cada vez más?

Hay que reconocer que una riada de estas dimensiones, por su magnitud y por la cantidad de víctimas, quiero pensar que va a ser algo excepcional. El Himalaya es una zona remota que, aunque tiene valles muy poblados, también tiene muchos sin apenas población. Este suceso ha ocurrido donde está el puesto fronterizo y la principal vía de acceso entre China y Nepal. Es una zona poblada y muy visitada por turistas y por peregrinos budistas que quieren ir a visitar el monte Kailash. Además, como China es tan restrictiva con quién entra en el país, es habitual que se acumule gente esperando para pasar.

Dicho esto, creo también que nos tenemos que ir acostumbrados a que casi todos los veranos vayan ocurriendo fenómenos catastróficos relacionados con la fusión de los glaciares.

Ha escrito en el pasado sobre cómo los montañeros han sido fundamentales para comprender las montañas y su geología. ¿Cree que también pueden aportar al conocimiento del cambio climático?

Siempre pueden aportar conocimiento resultante de su propia experiencia. Pero el estudio de un proceso como el cambio climático requiere de datos precisos, concretos y estandarizados. Que un alpinista nos diga que hace 30 años pasó por un glaciar y no había lagos es indicativo, pero si queremos analizar el proceso en detalle, nos hace falta trabajar con más rigor.

Otra cosa es que, entre las personas que hacen los estudios científicos para desvelar las causas y los impactos del cambio climático, haya también mucho montañero. Al fin y al cabo, tienes que estar trabajando en zonas remotas y complejas y, si no te gusta mucho, a lo mejor prefieres ir a otra zona a trabajar.

Después de tantos años visitando el Himalaya y escalando sus montañas, ¿qué es lo que más le preocupa de lo que está viendo?

El cambio global está provocando muchas modificaciones en el entorno de la montaña. Hay efectos que multiplican los riesgos de una catástrofe como la que se acaba de vivir en el Himalaya. Pero también hay efectos algo más lentos, que se perciben a escala de 10 o 15 años, que están alterando el entorno en el que vive la población y sus actividades económicas. Los cambios en la vegetación y en la fauna o la menor disponibilidad de agua a medida que se derriten los glaciares o cambian los patrones de lluvia dibujan un horizonte un poco preocupante.

El gran reto para los científicos y para los políticos es intentar ponerle soluciones a un proceso que está en marcha desde hace décadas y que cada vez es más evidente. El que lo niegue, hoy en día, no lo puede hacer en base a hechos; lo hace puramente por interés o por opinión. Los datos son claros: toda la región de Asia Central ha experimentado un aumento muy intenso de las temperaturas medias anuales, mucho mayor que otras regiones del globo.

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