Los corales imposibles de Miami: ¿cuál es el secreto de su resistencia?

Sobre escolleras artificiales, carritos de la compra abandonados y neumáticos, sumergidos en aguas turbias y contaminadas, prospera una comunidad de corales diversa y sana que no debería existir.
Los corales imposibles de Miami: ¿cuál es el secreto de su resistencia?
Miami. Foto: Colin Lloyd.

Casi todos los arrecifes de coral de aguas poco profundas del planeta se enfrentan a un riesgo extremadamente elevado de colapso en los próximos 50 años. La última evaluación de la Lista Roja de Ecosistemas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) es contundente: incluso los arrecifes más grandes y con mayor biodiversidad del mundo, como la Gran Barrera de Coral de Australia o el Sistema de la Barrera de Coral Mesoamericana, están en peligro crítico.

Su principal amenaza es el estrés térmico derivado del cambio climático. El calentamiento de los océanos y las olas de calor marinas están causando episodios de blanqueamiento masivo cada vez más frecuentes, es decir, la expulsión o la muerte de las microalgas con las que los corales viven en simbiosis y que les dan su color. Gracias a la fotosíntesis que llevan a cabo estas algas, los corales adquieren la mayor parte de los nutrientes. Así, los episodios de blanqueamiento suelen desencadenar una mortalidad generalizada de los corales.

Los pronósticos de calentamiento (2,6 °C para el año 2100 si no hay reducciones sustanciales de las emisiones de gases de efecto invernadero) no dibujan un escenario favorable para los corales. Y, sin embargo, allí donde peor pintan las cosas, hay señales para la esperanza. En las aguas turbias y contaminadas del puerto de Miami prospera una comunidad de corales diversa y sana que no ha dejado de sorprender a los científicos en la última década.

El arrecife que no debería existir

Las aguas del puerto de Miami (en la bahía Vizcaína de Florida, Estados Unidos) no son precisamente un ecosistema saludable. Bajo la sombra de mansiones millonarias y grandes rascacielos, los que se aventuran a vivir en ellas soportan un tráfico marítimo constante, episodios de contaminación y de acidificación regulares, grandes fluctuaciones de temperatura y de salinidad y obras constantes. Y es allí, sobre escolleras artificiales, carritos de la compra abandonados y neumáticos, donde ha empezado a prosperar un pequeño arrecife de coral que desafía los límites de la resiliencia.

“Los corales en el puerto de Miami experimentan variaciones diarias en la temperatura, la salinidad, el pH, los niveles de oxígeno, la luz y la sedimentación. Muchos de estos parámetros están fuera de los límites habituales para la supervivencia de los corales. Por ejemplo, los corales del puerto sufren blanqueamiento casi todos los veranos, cuando la temperatura del agua llega a menudo a rebasar los 32 °C. Este estrés térmico es suficiente para provocar la inanición y la muerte en los arrecifes de todo el Caribe. Sin embargo, estos corales urbanos parecen recuperarse de forma notable”, explica Michael Studivan, investigador de la Universidad de Miami y miembro del programa de estudio de corales de la NOAA, la administración oceánica y atmosférica de Estados Unidos.

Las aguas de la bahía Vizcaína fueron un vergel de biodiversidad hasta finales del siglo XIX. Sin embargo, de la mano del crecimiento de la ciudad de Miami, más de la mitad de la extensión de humedales de los Everglades del entorno se había destruido antes de la mitad del siglo XX. Durante la década siguiente, los desvíos de agua dulce, la creación de lagunas artificiales, los diques y los dragados del puerto, las escolleras y un nuevo canal de navegación a través de la barrera arenosa de Miami que conectó la bahía con el Atlántico acabaron por degradar el ecosistema costero de la ciudad. Nadie sabe cuándo empezaron a crecer los primeros corales en este entorno, pero la primera noticia de su existencia llegó en 2009.

Colonias de coral cuerno de ciervo (Acropora cervicornis), una especie en peligro de extinción, en aguas someras de Florida. Estos corales, trasplantados desde viveros marinos, están siendo estudiados por su capacidad de aclimatarse a entornos extremos como el puerto de Miami. Foto: coralmorphologic.com.

“Tras casi una década estudiándolos, hemos aprendido mucho sobre qué hace que estos corales urbanos sean tan resistentes al estrés térmico crónico y a la acidificación, estresores que se volverán más intensos y frecuentes en el futuro”, añade Studivan. “Hemos descubierto varios mecanismos a nivel celular y molecular que explican su resiliencia”. En primer lugar, los investigadores descubrieron que estos corales establecen una relación de simbiosis con algas unicelulares especialmente tolerantes al calor. Además, están preparados para complementar la energía obtenida mediante la fotosíntesis de las algas con la alimentación externa.

Los corales son animales y tienen la habilidad de capturar microorganismos con sus diminutos tentáculos, así como de filtrar partículas orgánicas suspendidas en el agua. Este tipo de alimentación suele ser un complemento a la fotosíntesis, que es mucho más eficiente desde el punto de vista energético. Sin embargo, los corales de Miami reciben la mitad de sus nutrientes a través de este método, lo que sugiere que podrían estar aprovechando la gran cantidad de materia orgánica presente en las aguas del puerto para suplir la pérdida de eficiencia de su relación con las algas. Además, parece que esta adaptación contribuye también a reforzar su sistema inmune en aguas cargadas de patógenos.

“En un estudio publicado este año, trasplantamos fragmentos de coral cuerno de ciervo, en peligro de extinción, desde un vivero en mar abierto al puerto de Miami. Enseguida observamos que empezaron a responder al estrés y a activar su sistema inmunitario, lo que demuestra que los corales poseen la capacidad de aclimatarse a entornos más complejos”, señala Studivan. “Quedan muchas preguntas sin resolver respecto a los beneficios a largo plazo de este tipo de fortalecimiento, pero este podría ser un primer paso fundamental en la identificación de nuevas técnicas para mejorar la resiliencia de los corales”.

Para el investigador, las poblaciones de corales urbanos podrían favorecer la recuperación del arrecife de Florida y aumentar su diversidad genética. Los estudios preliminares sugieren, de hecho, que las adaptaciones que hacen más resistentes a los corales de Miami podrían heredarse. “Me da esperanza pensar que los corales tienen cierta capacidad de adaptación rápida. Son organismos que pueden vivir cientos o incluso miles de años. Poder adaptarse en un lapso de 10 a 20 años podría marcar la diferencia entre la supervivencia y la desaparición”, concluye el investigador.

A pesar de todo, Studivan advierte que el desarrollo continuo y el deterioro de la calidad del agua amenazan la persistencia a largo plazo de los corales. “A escala global, el aumento en la frecuencia y la gravedad de las olas de calor marinas está provocando más episodios de blanqueamiento. Puede que los corales urbanos sean más resilientes, pero es probable que exista un límite máximo a su tolerancia. Y el aumento de la acidez del agua marina puede reducir la tasa de crecimiento de estos organismos y erosionar la estructura de carbonato de calcio de la que dependen los arrecifes para sobrevivir”, subraya.

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