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Este artículo, escrito por Sophie Hurwitz, fue publicado originalmente en inglés en Grist el 17 de octubre. Lo publicamos en español en ‘Climática’ como parte de la alianza internacional ‘Covering Climate Now’, creada para ampliar la cobertura informativa sobre el cambio climático.
Tras más de dos años de bombardeos casi incesantes, las fuerzas israelíes han matado a más de 60.000 palestinos, al menos un tercio de ellos niños. El costo humano ha sido calificado como genocidio por organizaciones de derechos humanos de todo el mundo y por una comisión de las Naciones Unidas, pero un nuevo informe de un centro de investigación israelí señala una devastación ambiental: el suelo de Gaza está contaminado tras la destrucción de las plantas de tratamiento de aguas residuales, la contaminación por aguas fecales es generalizada y el material particulado dejado por las bombas explotadas está aumentando las tasas de enfermedades respiratorias.
Según un nuevo informe del Arava Institute, un instituto de investigación ambiental con sede en Israel, Gaza está cubierta por unas 61 millones de toneladas de escombros, muchos de los cuales contienen amianto, municiones sin explotar y restos humanos sin enterrar. “La situación ambiental en Gaza antes del 7 de octubre era un desastre”, señala el palestino Tareq Abuhamed, director del Arava Institute. Reconstruir siquiera hasta ese estado previo de desastre probablemente llevará décadas.
Un informe de las Naciones Unidas, publicado a finales de septiembre, estimó que se han producido daños por casi 70.000 millones de dólares en las carreteras, edificios e infraestructuras de Gaza durante los últimos dos años, mientras que más del 80% de las tierras de cultivo han sido destruidas. Menos del 10% de todos los residuos peligrosos se está eliminando de forma segura y la mayoría, por necesidad, se está quemando o acumulando en vertederos al aire libre. Mientras tanto, las aguas residuales sin tratar se vierten directamente en la tierra o en el mar.
“La basura se convierte en montañas, y las montañas son un lugar de cría para mosquitos y roedores, que propagan la malaria”, explica Yasser El-Nahhal, químico ambiental y ecotoxicólogo de la Universidad Islámica de Gaza.
Mucho antes del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, los bloqueos israelíes impedían el acceso fácil al agua, la electricidad y la comida. Los apagones continuos han sido comunes en Palestina durante los últimos 20 años, y muchos residentes dependían de pequeñas unidades de desalinización —plantas que hacen potable el agua de mar— y de camiones cisterna privados para comprar agua potable. Ahora, la organización Médicos Sin Fronteras afirma que solo 1 de cada 10 de sus solicitudes para importar agua es aprobada por las autoridades israelíes.
“El medio ambiente [estaba] destruido antes de la guerra”, cuenta El-Nahhal. “Pero desde que comenzó la guerra, ha sido destruido varias veces por encima de la imaginación”.
El investigador palestino Mazin Qumsiyeh, del Palestine Institute for Biodiversity and Sustainability de la Universidad de Belén, califica lo que ocurre ahora como ecocidio: un término definido de forma amplia como la destrucción grave, a largo plazo y extendida del medio ambiente. Una coalición creciente de países espera definir legalmente el ecocidio como un crimen que la Corte Penal Internacional podría procesar.
“Gaza, por supuesto, era una sociedad funcional, aunque estuvo sometida a importantes sanciones en los últimos 16 años que limitaron los suministros”, afiram Qumsiyeh. “Tenían una sociedad funcional. Tenían escuelas, universidades, instalaciones de tratamiento de aguas residuales y una planta de desalinización. Todo esto fue destruido en esta guerra genocida y ecocida”.
A principios de octubre, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el congreso de conservación más grande del mundo, firmó una resolución afirmando que el ecocidio debe ser tratado como un delito. Jojo Mehta, fundadora del grupo de defensa legal Stop Ecocide International, dijo que aunque la resolución define el ecocidio de forma bastante amplia, ciertamente podría aplicarse a la conducta de Israel en Gaza. “Lo que ha estado ocurriendo en términos del medio ambiente en Gaza es horrible”, señala Mehta. “No creo que nadie dude de que es ecocida”.
Los funcionarios israelíes no respondieron a múltiples solicitudes de comentarios para este reportaje.
El informe del Arava pide que la ayuda hacia Gaza no tenga impedimentos, así como sistemas de agua potable y kits de higiene personal para mitigar enfermedades. Las Naciones Unidas, en su informe de septiembre, escribieron que hacer que el entorno de Gaza vuelva a ser habitable “requerirá un cese de las hostilidades. La primera fase de la recuperación se centrará en salvar vidas, mediante la restauración de los servicios esenciales y la eliminación de escombros”.
Aun así, Qumsiyeh, de la Universidad de Belén, dijo que los palestinos seguirán reconstruyendo, incluso si, como considera probable, el alto el fuego actual se derrumba. “No digo que tengamos una tasa de éxito enorme”, dijo, “pero imagina que tu comunidad es destruida decenas de veces y sigues reconstruyendo. Eso demuestra una cantidad increíble de esperanza”.





Y el PSM (Poder Sionista mundial) y sus rastreros lacayos haciéndose el sueco.
Es imposible no llenarse una de odio, es imposible no desear la muerte a los verdugos. Que impotencia no poder hacer nada, no poder impartir justicia.
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OBJETIVO CUMPLIDO
ISRAEL Y EEUU consiguieron con el «Acuerdo de paz» restar fuerzas a las protestas, pero el genocidio continúa.
Sigue habiendo matanzas, pero el «acuerdo de paz» paraliza las movilizaciones en el mundo.
Riyad Mansour, enviado de Palestina ante la ONU, dijo el lunes al Consejo de Seguridad que dos niños son asesinados diariamente por las fuerzas israelíes en Gaza desde que entró en vigor el alto el fuego el 10 octubre.
Dijo que más de 1000 palestinos han sido asesinados o heridos desde el mes pasado.
Según el Ministerio de Salud de Gaza, al menos 342 palestinos han muerto y casi 900 han resultado heridos por las fuerzas israelíes desde que comenzó el alto el fuego. Insurgente.org
REINO UNIDO: La huelga de hambre silenciada de seis jóvenes presos políticos.
Seis personas se están muriendo de hambre en prisiones británicas en este momento porque el gobierno no les permite ir a juicio, no les deja salir bajo fianza y no deja de armar al ejército que está matando a niños en Gaza.
En agosto 2024, activistas irrumpieron en una fábrica de Elbit Systems en Filton, cerca de Bristol. Elbit es una empresa de armas israelí. Fabrica drones, misiles, sistemas de puntería y equipos de guerra electrónica. Suministra al ejército israelí. Estas armas se están utilizando en Gaza actualmente.
Insurgente.org (vídeo)
28/11: Con el objetivo de recordar que cada decisión de compra tiene consecuencias, y de apoyar el boicot a empresas que sustentan el apartheid del pueblo palestino, Ecologistas en Acción ha protagonizado una acción de protesta para denunciar la complicidad de Zara en el genocidio.
Las activistas han recordado los impactos medioambientales, sociales y humanos de la cadena de moda, y han instado a la ciudadanía a optar por alternativas de compra más sostenibles, libres de explotación laboral y de complicidad con violaciones de derechos humanos: “No se trata solo de no comprar hoy, se trata de cambiar el modelo”.
Coincidiendo con el Día sin Compras y en el 78º aniversario de la Partición de Palestina, activistas de Ecologistas en Acción, miembro de la Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina (RESCOP) y colaboradora de la Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) a Israel, han protagonizado esta mañana una acción simbólica frente a la tienda insignia de Zara en la Gran Vía madrileña. Vestidas de negro y portando una mortaja que simulaba un bebé palestino asesinado, las personas participantes han denunciado la complicidad de la marca con el régimen israelí de apartheid y genocidio.
“Zara no solo alimenta el fast fashion y la crisis climática con miles de toneladas de ropa fabricadas en el sur global y transportada en avión, también blanquea con su imagen un régimen que está asesinando a miles de palestinas y palestinos. Hoy hemos venido a recordar que cada prenda que se compra aquí puede estar contribuyendo al pago de impuestos a un gobierno genocida”, ha declarado Enrique Quintanilla, portavoz de Ecologistas en Acción.
En esta ocasión el «Día Sin Compras», una jornada internacional de huelga de consumo que cada año impulsa Ecologistas en Acción “como contrapunto al consumismo desaforado y al Black Friday” ha puesto el foco en Zara, debido a su creciente implicación con Israel: en 2025 la compañía inauguró su mayor tienda hasta la fecha en el complejo Big Fashion Glilot, en territorio israelí. Además, su franquiciado local ha financiado actos de campaña de Itamar Ben-Gvir, ministro israelí supremacista, condenado por apoyo al terrorismo, sancionado por varios países y defensor públicamente del genocidio en Palestina. Ben-Gvir es citado en la causa por genocidio que actualmente se estudia en la Corte Internacional de Justicia.
Charo Morán, portavoz también de la organización ecologista, ha instado a la ciudadanía a sumarse al boicot a Zara y a “optar por alternativas libres de explotación laboral y de complicidad con violaciones de derechos humanos: consumir menos ropa, combatir modas efímeras, alargar su vida útil, usar ropa de segunda mano adquirida en el pequeño comercio y, en la medida de lo posible, de producción ética y local”.
El modelo de negocio de Inditex también tiene un impacto ambiental devastador. Según el informe “Moda Aérea”, la empresa realiza más de 1.600 vuelos de carga al año desde el aeropuerto de Zaragoza para abastecer sus tiendas, lo que supone emisiones 14 veces superiores a las del transporte marítimo. Esta estrategia de velocidad sobre sostenibilidad contribuye significativamente a la crisis climática, que también es una forma de violencia contra los pueblos más vulnerables.
La acción también ha servido para visibilizar el papel de la moda rápida en la precarización laboral, especialmente de mujeres, en países del sur global. Inditex utiliza cadenas de suministro que han provocado tragedias como la de Rana Plaza en Bangladesh, en 2013, donde murieron más de 1.100 trabajadoras.
Ecologistas en Acción ha recordado que el consumo es una herramienta política, y que cada decisión de compra tiene consecuencias. Por ello, ha animado a la ciudadanía a participar en el boicot a Zara y a otras marcas cómplices del apartheid israelí.
“No se trata solo de no comprar hoy, se trata de cambiar el modelo. No queremos ropa que ocupe, que mate, que explota. Queremos moda que cure, que cuide, que respete”.