Etiquetas:
El eco es un fenómeno acústico que ocurre cuando una onda sonora choca contra un obstáculo, rebota, y regresa hacia donde fue emitido de una forma nítida. La distancia y el retardo hacen que nos escuchemos de una forma diferente, no es una simple repetición del sonido emitido.
Este concepto viene de la mitología griega. Eco era una ninfa conocida por su elocuencia para conversar. El dios Zeus la utilizaba para distraer a su esposa Hera con interminables diálogos, que le permitían escaparse para cortejar a otras ninfas. Al descubrir el engaño, Hera la castigó dejándola sin capacidad para expresarse y obligándola a replicar el final de las frases ajenas. La tragedia culmina cuando Eco se enamora del vanidoso Narciso, al que sigue por el bosque incapaz de comunicarle su amor. Este la rechaza cruelmente, por lo que la ninfa se retira a una cueva y se consume por la tristeza hasta desaparecer. Únicamente queda su voz, condenada a repetir eternamente las últimas palabras de los humanos.
Una definición fría y abstracta no puede competir con una historia. La neurociencia no deja de recordarnos la capacidad de las historias para captar nuestra atención, provocar empatía, fijar información y hacer que un conocimiento se vuelva más memorable. Este artículo va sobre la certeza de que vamos a necesitar más cuentos y cómo podemos atrevernos a escribirlos colectivamente.
La verdad no nos hará libres
La ciencia se encuentra crecientemente cuestionada, por la desinformación y las noticias falsas; dando forma a una esfera pública tremendamente fragmentada por burbujas comunicativas, dirigidas por algoritmos que confirman creencias más que transmitir informaciones veraces. La utilización política de la mentira inhibe la posibilidad de debates, incentiva el clima de polarización y alienta la desconfianza en las instituciones. En este contexto, las ficciones pueden ser una estrategia para abordar la crisis ecosocial con realismo.
Los mitos, las narraciones o las fábulas han sido durante milenios el principal método por el que nos comunicábamos. No es de extrañar que nuestro cerebro se haya modelado mediante el arte de contar historias; algunos etnólogos y comunicadores defienden una influencia determinante de las narraciones en la evolución humana, apelando a que somos un Homo Narrans. Las historias nos permiten cooperar y construir visiones compartidas de la realidad, consolidar o cuestionar creencias, y dotar de sentido a la vida.
Hoy, las redes sociales muestran una inflación de microrelatos individuales que compiten por captar y acaparar atención. Nos abruman los datos y la información, pero cada vez cuesta más discriminar lo relevante, encontrar historias que nos ayuden a dar sentido de forma colectiva al presente. La aceleración, la brevedad y la unidireccionalidad están erosionando la paciencia necesaria para escuchar y compartir narraciones. Autores como Buyng Chul-Han o Fritz Breithaupt plantean que asistimos a una proceso de empobrecimiento y desánimo narrativo, que cancela el futuro y nos encierra en un presente perpetuo.
El mejor conocimiento científico disponible es imprescindible, pues debemos seguir echando números para comprender, proponer y evaluar con criterio. Aunque conviene no engañarse, las cuentas y los datos no matan relatos. Igual que tras una inundación lo primero que escasea es el agua potable, ante la crisis ecosocial resultan imprescindibles relatos potables. Historias que nos ayuden a comprender el presente, reconstruir vínculos comunitarios y nos inciten a movilizarnos. Así que, inevitablemente, vamos a tener que convertirnos en mejores narradores, pues este tipo de pensamiento alimenta la empatía al hacer que nos pongamos en la situación de otras personas, nos lleva a repensar las posibles tramas y a imaginar finales alternativos.
Un laboratorio de narrativas con una pizca de realismo mágico
Durante un año, un grupo de organizaciones de Madrid, con distintas sensibilidades e implicadas en iniciativas ecosociales muy variadas, hemos compartido un espacio autogestionado de intercambio de conocimientos y metodologías, el Laboratorio de Aprendizajes y Narrativas para la transición justa. Una oportunidad para reflexionar de forma sosegada sobre nuestras experiencias y qué tipo de narrativas pueden resultar más exitosas a la hora de compartirlas.
Algunas claves eran la importancia de adaptar lenguajes y estrategias comunicativas a diferentes públicos y contextos, incorporar la perspectiva de clase y atender a los grupos sociales empobrecidos, identificar el valor de la cocreación, la importancia de anclarse en proyectos e iniciativas concretas, así como la importancia de explorar formatos más novedosos y creativos. Y como el mundo cambia con lo que hacemos, no con lo que decimos, nos pusimos manos a la obra para crear conjuntamente un podcast.
Ecos es una ficción sonora donde cualquier parecido con la realidad es intencional. Se basa en una recopilación de anécdotas y situaciones veraces mezcladas con un poco de realismo mágico. En varios talleres de creación colectiva dinamizados por Raquel Congosto recopilamos historias y formas de compartirlas que nos gustaban o considerábamos efectivas. A partir de ese proceso, Raquel dio forma a un guion que hilvana muchas de esas vivencias en un único universo narrativo.
Daniel Montero Galán puso rostro, color e identidad visual al universo Ecos dando vida a los personajes que protagonizan los cuatro episodios del podcast. Un reto creativo para ilustrar a la Banda del Huerto, Bebés llorones y paraguas, las Ovejas Rebeldes y el Funeral, donde se habla de comunidades energéticas y olas de calor, cooperativas de vivienda y luchas antideshaucios, huertos comunitarios e iniciativas gastronómicas solidarias, espacios vecinales de cuidados… Un paisaje sonoro que nos va contando la historia de nuestra protagonista Victoria, en un momento en el que necesitamos contarnos muchas victorias, por pequeñas que sean.
Los personajes cobran vida tomando prestadas las voces de quienes participamos del Laboratorio, reforzando el carácter colectivo y comunitario de esta ficción sonora.
El trágico mito del eco es tremendamente actual pues nos habla de los riesgos de que las palabras sirvan para distraernos de los abusos del poder, la tentación del narcisismo o el peligro de ensimismarse repitiendo discursos que no dicen nada a quien los escucha. Eco también es el prefijo de ecología, que nos remite a la idea de los vínculos, la interdependencia y la conexión de nuestro bienestar con el correcto funcionamiento de los ecosistemas.
Ecos explora otros lenguajes para comunicar las alternativas ecosociales, nos devuelve las historias que nos contamos en un formato más atractivo, divertido y emocionante. Un eco que hace resonar las alternativas en los oídos de otros públicos, que pueden ser los tuyos.

