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ELECCIONES IPCC | Thelma Krug: “Sabemos por los informes que no vamos por buen camino para cumplir el Acuerdo de París”

El 26 de julio se elige a la próxima persona en presidir el Panel Intergubernamental de Especialistas sobre el Cambio Climático (IPCC) durante una década clave para la acción climática. La investigadora brasileña Thelma Krug es una de las cuatro personas que postulan al puesto.
Thelma Krug. Foto: IPCC/Flickr.

El IPCC (Panel Intergubernamental de Especialistas sobre el Cambio Climático) celebra elecciones entre el 25 y el 28 de julio en Nairobi (Kenia). Durante el encuentro se renovarán todos los grupos de trabajo y órganos de decisión de cara al Séptimo Ciclo de Evaluación.

El 26 de julio se elegirá a la persona que presidirá el IPCC. Cuatro personas optan al cargo. En Climática hemos elaborado un cuestionario común vía correo electrónico con 10 preguntas para conocer las propuestas de los dos candidatos y las dos candidatas.

La investigadora Thelma Krug (72 años) nació en Sao Paulo (Brasil), donde aún reside. Gran parte de su vida profesional ha estado ligada al IPCC, y ahora su futuro se bifurca en dos direcciones: o logra ser la primera mujer en presidir la institución o, tras dos décadas en la primera línea, dará un paso al lado y colaborará desde puestos con menor responsabilidad, “como editora, revisora o similar”

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Durante casi 40 años, Krug fue la investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), organismo dependiente del Gobierno de Brasil que se encarga, entre otros temas, de monitorizar la deforestación de la Amazonía. Además, ha ocupado distintos cargos dentro del Ejecutivo. A lo largo de 15 años fue la representante de su país en las negociaciones durante las cumbres del clima (COP). 

Thelma Krug, doctora en Estadística Espacial, ha sido vicepresidenta del IPCC durante el Sexto Ciclo de Evaluación (2015-2023) y copresidenta del Grupo de Trabajo del IPCC sobre Inventarios Nacionales de Gases de Efecto Invernadero desde 2002 hasta 2015. 

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Desde 2020, es presidenta del Panel de Observación Terrestre del Clima de la Organización Meteorológica Mundial.

A lo largo de su carrera ha recibido distintas condecoraciones de instituciones y gobiernos gracias a sus investigaciones, su labor de divulgación y sus dotes de negociadora. El cambio climático y la protección de los bosques son sus temas predilectos. Gracias al conocimiento que posee sobre ellos espera poder dirigir el IPCC durante una década vital para la acción climática.

¿Por qué ha decidido presentarse a estas elecciones?

Fueron varios los factores que me motivaron a aceptar la invitación del Gobierno brasileño para ser nominada como candidata a la presidencia del IPCC. 

Obviamente, mi contribución al IPCC durante los últimos 21 años, comenzando en 2002 como copresidenta del Grupo de Tareas sobre Inventarios Nacionales de Gases de Efecto Invernadero, reelegida en 2019 para el mismo cargo y después elegida como vicepresidenta en 2015, es una clara indicación de mi compromiso con la organización.

En mi opinión, el cargo de presidenta requiere una sólida formación científica, reconocimiento profesional, buen conocimiento de la organización, buenas dotes de comunicación, liderazgo y determinación. Estoy convencida de que reúno todas las condiciones para optar con éxito a la presidencia del IPCC. Además, tener a una mujer de un país en desarrollo con estas cualificaciones presidiendo el IPCC, además de romper el tradicional dominio masculino experimentado en los últimos 6 ciclos (34 años), es una demostración de igualdad de oportunidades independientemente del género.

¿Por qué debería ser usted la próxima persona en dirigir el IPCC?

En primer lugar, es importante destacar que los cuatro candidatos están cualificados para ser presidir el IPCC. 

Obviamente, si la paridad de género importa, entonces el predominio masculino en la presidencia del IPCC durante 34 años debería tenerse en cuenta, pero no como factor determinante. La persona que preside el IPCC representa a la organización en muchos foros científicos, por lo que contar con una sólida formación científica ayuda a difundir las conclusiones científicas y a explicar la información de base (por ejemplo, modelos climáticos, escenarios) evaluada por los autores. 

Una larga y coherente trayectoria dentro de la organización también es relevante, así como la experiencia en tender puentes entre la ciencia y la política. La ciencia debe ser el pilar de un proceso de toma de decisiones informado, tanto a nivel nacional como internacional. Estoy segura de que mi formación científica, mi experiencia como negociadora en las cumbres del clima para Brasil durante más de 10 años (que terminó en 2015 cuando fui elegida vicepresidenta, para evitar la percepción de conflicto de intereses), mi participación como desarrolladora e implementadora de políticas en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, y en el Ministerio de Medio Ambiente, cuentan como elementos importantes en mi opinión. 

Pero más que eso, se me conoce por mi capacidad de liderazgo, una característica esencial de un presidente de una organización como el IPCC. 

De salir elegida como nueva presidenta del IPCC, ¿qué medidas o novedades le gustaría llevar a cabo?

Obviamente, el Panel del IPCC –los 195 gobiernos miembros– es la autoridad de la organización y, entre otras cosas, decide el programa de trabajo de un ciclo, el alcance y esquema de los informes, las cuestiones relacionadas con los principios y procedimientos del IPCC; y la estructura y mandato de los distintos Grupos de Trabajo del IPCC. Por lo tanto, cualquier cambio significativo es decidido por el Panel, según sea necesario y por consenso. 

Evidentemente, hay margen para que el presidente se comprometa: si me eligen, trabajaré duro, junto con la Mesa y la secretaría, para que los Puntos Focales designen a especialistas cualificados de su país que, en caso de ser seleccionados, puedan mejorar la representación regional en los trabajos del IPCC. Además, al principio del ciclo y con el apoyo de los representantes regionales en la Mesa, trataré de estimular a los académicos e investigadores para que publiquen y con ello tratar de reducir la brecha entre la literatura científica evaluada por los autores del norte global y del sur global. 

Asimismo, me esforzaré para que el mayor número posible de gobiernos miembros participe en la revisión de los borradores del informe, lo que supone una oportunidad única para sugerir bibliografía (no necesariamente en inglés, pero con un resumen en inglés) que los autores aún no hayan evaluado hasta ese momento, incluida la que no se haya publicado en revistas científicas de alto impacto con revisión por pares, pero que pueda contener información regional/local relevante para su inclusión en el informe.

Además, una preocupación importante que tengo es garantizar que todos los autores tengan acceso a la literatura científica publicada, ya que muchas de ellas sólo están disponibles si las paga el autor interesado o la institución a la que pertenece el autor. Esto da lugar a una participación desigual de los autores; mi idea, en caso de ser elegida, es estimular, por ejemplo, a las fundaciones de investigación y a las organizaciones internacionales para que exploren la posibilidad de apoyar las cuotas anuales de las publicaciones relevantes que podrían estar disponibles según sea necesario. 

¿Cuál cree que debería ser el papel del IPCC en esta y las décadas siguientes?

El papel del IPCC en el próximo ciclo de 5 a 7 años será seguir proporcionando a los gobiernos información científica que puedan utilizar para desarrollar políticas climáticas y también ejercer de aporte clave para las negociaciones internacionales sobre el cambio climático, basándose en la evaluación de la información científica, técnica y socioeconómica relacionada con el cambio climático.

El informe del Grupo de Trabajo III publicado el año pasado tuvo entre sus autores a dos empleados de compañías petroleras y a un negacionista del cambio climático. ¿Considera correcto que puedan formar parte los informes del IPCC? ¿No cree que puede afectar a la credibilidad del Panel?

No, no estoy de acuerdo. El IPCC trata de realizar una evaluación equilibrada que incluya toda la gama de opiniones científicas, pero protegida de la influencia de intereses especiales. Esto queda garantizado por el método que aplica el IPCC para seleccionar a los autores, las numerosas rondas de revisión de los informes por parte de expertos y gobiernos, así como la política de conflicto de intereses que deben seguir todos los que contribuyen al IPCC.

Una de las principales críticas al IPCC es la falta de diversidad de género y de países entre sus autores. ¿Comparte usted este problema? ¿Qué cree que debe cambiar en el Panel para mejorar en ambos aspectos?

El IPCC cuenta con procedimientos para la elaboración de los informes que incluyen la consideración del equilibrio de género y la representación geográfica. De ahí que una adecuada representación de expertos de países de todas las regiones deba reflejarse en la composición de los autores que participan en un capítulo. Además de esto, y en relación con mi respuesta a la pregunta anterior, la selección de autores para un capítulo “tendrá como objetivo reflejar la gama de puntos de vista y conocimientos científicos, técnicos y socioeconómicos”, así como considerar a expertos que no tengan experiencia previa en el IPCC. Así pues, en términos de procedimientos, ya existen los elementos pertinentes para una composición equilibrada y diversa de los autores. Sin embargo, dado que los autores se seleccionan a partir de las listas de expertos proporcionadas por los gobiernos y las organizaciones observadoras, es posible que estas listas no incluyan candidaturas que permitan reflejar adecuadamente el equilibrio de género y/o la diversidad en cada capítulo. No obstante, en cada nuevo ciclo del IPCC, la participación relativa global de las autoras aumenta: un 22% en el ciclo anterior y un 33% en el sexto ciclo de evaluación, y en muchos informes la participación de autores de países en desarrollo está bien equilibrada. 

En resumen, los procedimientos ya están establecidos en el IPCC y, en mi opinión, no hay necesidad de cambiarlos. Por otro lado, es necesario contar con el mayor número de candidaturas de expertos cualificados de cada uno de los 195 gobiernos miembros y, en este sentido, sí veo margen de mejora. Un compromiso más activo de los representantes regionales en la Mesa (incluido el presidente o presidenta) y la secretaría con los Puntos Focales, si fuera necesario, podría facilitar el logro de la diversidad y representación regional por la que lucha el IPCC. 

Es importante destacar que el IPCC ha prestado mayor atención al género durante este sexto ciclo, habiendo creado el Equipo de Acción de Género, copresidido por la vicepresidenta Ko Barret y por mí misma, con el objetivo de desarrollar un marco de objetivos y acciones para mejorar el equilibrio de género y abordar las cuestiones relacionadas con el género dentro del IPCC. Más recientemente, una empresa encargada por el IPCC llevó a cabo una encuesta para abordar cuestiones relacionadas con la equidad, el género y la inclusión, en la que participaron distintos tipos de participantes en este ciclo (por ejemplo, autores, miembros del personal de las Unidades de Apoyo Técnico, Secretaría) y cuyos resultados servirán para orientar las acciones del Panel en el próximo ciclo, si fuera necesario. 

Otra crítica que recibe a menudo el IPCC es que sus informes utilizan un lenguaje suavizado en los resúmenes para responsables de políticas (conocidos en inglés como SPM) ya que son resultado de la negociación con los países. ¿Considera esto una ventaja o un inconveniente?

Es importante entender que la aprobación de un SPM es el resultado de un acuerdo entre los 195 gobiernos miembros sobre las conclusiones científicas relevantes para la política que figuran en el informe principal y que son aportaciones clave para informar tanto las políticas nacionales relevantes para el clima como las negociaciones internacionales. Lograr un consenso, una posición colectiva entre diplomáticos de diversas culturas políticas sobre cada conclusión del SPM, sin perder el rigor científico de la evaluación que condujo a esa conclusión, es complejo y desafiante, especialmente si se tiene en cuenta que el SPM debe ser corta en extensión, pero aun así acomodar los intereses y las agendas nacionales de todos los gobiernos miembros sin comprometer la evaluación científica. 

En este sentido, se invita a los autores a participar en la sesión de aprobación del SPM para orientar al Panel en este sentido. No hay ninguna frase en el resumen para responsables de políticas que no sea resultado de la evaluación exhaustiva de la bibliografía realizada por los autores. 

En resumen, encontrar un consenso que cuente con el acuerdo de todos y, al mismo tiempo, mantener la integridad y el rigor científicos de la evaluación científica es difícil y, obviamente, influye en el lenguaje de los mensajes del SPM. Por otra parte, sigue proporcionando a los gobiernos una comprensión consensuada de la ciencia del cambio climático, sus efectos observados y los riesgos previstos, así como las oportunidades de mitigación. 

La crisis climática y la pérdida de biodiversidad son las dos grandes crisis medioambientales de nuestro tiempo y requieren una actuación conjunta. Hace unos años, los dos máximos organismos en la materia (IPCC e IPBES) publicaron un trabajo conjunto. ¿Cree que debería reforzarse aún más la colaboración entre ambos?

Obviamente, los informes del IPCC establecen una clara relación entre el cambio climático y sus efectos sobre la biodiversidad, basándose en la evaluación de innumerables publicaciones científicas de todo el mundo. Y, de hecho, como comentas, en 2020, el IPCC y la IPBES convocaron un taller copatrocinado para identificar las sinergias y compensaciones entre la protección de la biodiversidad y las medidas de respuesta al cambio climático, como la mitigación y la adaptación. 

Sin embargo, aunque las dos organizaciones intergubernamentales tienen objetivos diferentes, ambas pretenden aportar conocimientos para fundamentar las decisiones políticas –el IPCC sobre todos los aspectos relacionados con el cambio climático, y la IPBES sobre la pérdida de biodiversidad y los servicios ecosistémicos–, y las formas de reforzar la cooperación con la IPBES y otros organismos relacionados con el clima podrían ser uno de los temas a debatir por el Panel en el próximo ciclo.

Me gustaría conocer su posición sobre determinadas tecnologías como la energía nuclear, la captura y almacenamiento de carbono (CAC), la eliminación de dióxido de carbono (CDR), el hidrógeno renovable y los vehículos eléctricos. También qué opina de la carne, un tema siempre polémico.

En lugar de dar mi posición con respecto a estas tecnologías, la ciencia es clara en cuanto a las estrictas reducciones de emisiones necesarias para limitar el calentamiento a los objetivos de temperatura a largo plazo del Acuerdo de París. Está claro que todos los sectores, incluidos los de la energía, la industria, el transporte, la agricultura y la silvicultura, tendrán que someterse a transiciones hacia una economía baja en carbono, que en la mayoría de las vías de emisiones para limitar el calentamiento a 2 °C o 1,5 °C, requerirá cambios sustanciales en el sistema energético durante los próximos 30 años. Esto incluye la reducción del consumo de combustibles fósiles, el aumento de la producción a partir de fuentes de energía con bajas o nulas emisiones de carbono y el incremento del uso de la electricidad y de vectores energéticos alternativos que se basan, con diferentes porcentajes según las trayectorias, en la energía nuclear, la biomasa, las energías renovables distintas de la biomasam y los combustibles fósiles en combinación con la captura y el almacenamiento de carbono.

La eliminación del dióxido de carbono también es un elemento clave en los escenarios de emisiones que limitan el calentamiento a 2 °C o 1,5 °C para 2100 e incluye una serie de vías diferentes, cada una con un potencial de eliminación, una madurez tecnológica, un efecto secundario adverso, una escala temporal de almacenamiento de carbono, beneficios colaterales y requisitos de gobernanza distintos.

En cuanto a la carne, también se sabe que las dietas bajas en carne y lácteos tienen una menor huella de carbono y, por lo tanto, un cambio hacia dietas con una ingesta moderada de alimentos de origen animal puede contribuir a reducir las emisiones de GEI.

Por último, ¿se considera optimista en el contexto actual de crisis climática y de biodiversidad?

Sabemos por los informes que no vamos por buen camino para limitar el calentamiento acordado como objetivo en el Acuerdo de París [“mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2º C con respecto a los niveles preindustriales y proseguir los esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura a 1,5º C con respecto a los niveles preindustriales, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático”]. A pesar de los avances logrados desde el ciclo anterior en el desarrollo de políticas y leyes que abordan la mitigación, existe una brecha sustancial en la implementación, pero esto no significa que no se pueda cambiar el curso de acción, dependiendo de la voluntad política, la cooperación internacional, la gobernanza inclusiva, entre otras medidas. 

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