«Clima y democracia en Occidente: o se salvan juntos o se pierden ambos»

Emilio Santiago y Héctor Tejero firman ‘España contra el desierto’, un ensayo en el que imaginan un futuro mejor (y posible) incluso en plena crisis climática. Defienden la opción ecologista no sólo para sobrevivir, sino para tener seguridad y prosperidad económica.
«Clima y democracia en Occidente: o se salvan juntos o se pierden ambos»
Foto: Emilio Santiago y Héctor Tejero.

Frente al desierto, la prosperidad ecológica. Ser capaces de vivir mejor incluso con un empeoramiento del clima en España es posible. Incluso es necesario imaginarlo. Un sustantivo y tres adjetivos son suficientes para definir ese futuro: coalición climática, progresista y plurinacional. Así lo entienden Emilio Santiago, científico del CSIC y antropólogo, y Héctor Tejero, responsable de Salud y Clima del Ministerio de Sanidad y bioquímico, autores de España contra el desierto (Arpa, 2026). Se trata del segundo libro que escriben conjuntamente tras ¿Qué hacer en caso de incendio? Manifiesto por el ‘Green New Deal’, publicado en 2019 por la editorial Capital Swing.

En un extenso análisis de más de 350 páginas, los autores evalúan la realidad española y sus potencialidades como región europea que más sufre el cambio climático. En su libro inciden en cómo la política será crucial a la hora de gestionar las adversidades naturales que se avecinan y explican la necesidad de una gran coalición climática. A su juicio, habría que ejecutar cinco grandes reformas para hacer realidad esa deseada y deseable prosperidad ecológica en los próximos 25 años.

Este ensayo pivota en torno a la política como eje para repensar el futuro: «Usamos modelos de escenarios que ya existen en la ciencia climática para dibujar un abanico de trayectorias que no solo vinculamos a su dimensión biofísica, sino sabiendo que será la política la que medie en esos impactos», explica Santiago. No se podrán evitar los eventos climáticos extremos, como las olas de calor o las danas, pero sus efectos sociales serán muy distintos según cómo se gestionen.

Para Tejero, también responsable de Estrategia de Más Madrid, la prosperidad ecológica viene a resolver el clásico dilema ecologista sobre la necesidad de vivir con menos: «Podemos aprovechar los frutos de dos grandes revoluciones, la de las energías limpias renovables y la incipiente agricultura regenerativa, para generar una vida mejor para la mayoría de los habitantes, dentro de los límites planetarios».

Clima y democracia

Ambos autores defienden que la opción ecologista ya no es solo la de la supervivencia y la justicia, sino también la de la seguridad y la prosperidad. «La transición ecológica constituye, por tanto, una vía hacia una nueva riqueza”, apostillan. Y es gracias a esa riqueza que los actores conservadores también se pueden sentir atraídos hacia la pretendida transición. «Una parte de la agenda de la sostenibilidad es económicamente más eficaz que el modelo fósil, y eso puede servir al capitalismo verde», sostiene el investigador del CSIC.

Al otro lado se encuentra el denominado capitalismo marrón, que también se organiza y puja por mantener la misma hegemonía que ha disfrutado los últimos 150 años con el apoyo de una extrema derecha negacionista y al alza. La batalla es contra un doble cronómetro. Por un lado, el climático, que marca la descarbonización en 25 años; por otro, la defensa de las democracias ante el mayor riesgo de involución autoritaria en el último siglo. Las dos luchas deben entenderse juntas. «Clima y democracia en Occidente: o se salvan juntos o se pierden ambos», concluye el antropólogo.

Por eso, enfatizan que «la lucha vertebral del siglo XXI, la que reordena y alinea todas las demás, es la lucha por conservar las condiciones de habitabilidad de la Tierra: estabilización climática y reinserción dentro de los límites planetarios». Ante dicho extremo, Tejero acepta que puede llegar a ser una realidad incómoda de asumir y que deberá negociarse con otras luchas, pero «el clima debe tener una prioridad mayor que otros aspectos, al menos en el largo plazo».

Uno de los grandes epicentros de esa lucha vertebral está en España, la zona cero de la crisis climática en la Unión Europea, la que más rápido se calienta; pero también una de las que más se podría beneficiar de las energías renovables. Este es el doble o nada que repiten Santiago y Tejero en su obra: «Si hacemos bien las cosas y se toman las medidas adecuadas, llegaremos a vivir mejor incluso aunque el clima empeore. Si no, seremos de los que más sufran de toda Europa por el empeoramiento de nuestras condiciones materiales debido al cambio climático», explica el bioquímico.

Las coaliciones como medio

Para llegar a esa prosperidad ecológica, ambos autores apuestan por las coaliciones. Según escriben en la monografía, «la historia demuestra que los grandes consensos pocas veces surgen de buscar un punto intermedio entre dos posturas contrarias. Más bien, nacen al asumir, uno de los bandos, las posiciones del rival por su eficacia y su popularidad». Santiago se decanta por hablar de coaliciones antes que de alianzas. «Tratamos tejer una tercera vía entre las visiones políticas más voluntaristas y aquellas más estructurales que no dejan espacio para la política», añade.

Esta coalición climática viene acompañada de otros dos adjetivos no menos importantes: progresista y plurinacional. «Entendemos que la transición debe ser justa para que sea rápida. La lucha por la igualdad y todo el ámbito de políticas asociadas al progresismo son un compromiso moral, pero también una necesidad”, comenta el mismo Santiago.

El ensayo no obvia la realidad plurinacional del país. Si se reduce el foco, las tendencias demoscópicas muestran que será muy difícil que haya gobiernos progresistas de izquierdas que no estén compuestos por fuerzas políticas que se sientan que forman parte de otras naciones. «Si la izquierda española no aprende a amar la diversidad nacional del Estado, esperamos que al menos sepa respetar las matemáticas. Los gobiernos de izquierdas serán sensibles a la plurinacionalidad o no serán», escriben. Además, estos suelen ser territorios y pueblos más progresistas que la media del país, por lo que funcionan como locomotoras para el cambio, agrega el científico del CSIC.

La nueva ciudad

Más allá de las coaliciones políticas, lo interesante de España contra el desierto radica en que las reformas que proponen para alcanzar los objetivos de la prosperidad ecológica no son algo pensado en abstracto. Articulan estas propuestas en torno a cinco áreas fundamentales de reforma: el bienestar, el mundo agrario y rural, el Estado, la industria y la ciudad. En este sentido, el grueso demográfico de la futurible coalición se encontraría en las ciudades. Es aquí donde los dos expertos inciden en la necesidad de atajar el problema de la vivienda. «No habrá coalición progresista, plurinacional y climática si no se resuelve el problema habitacional en este país», sintetiza Santiago.

Las transformaciones urbanas propuestas son de tal calado que no se basan en una única vía: no solo se trata de renaturalización y soluciones pasivas o tecnológicas en la ciudad, sino de una combinación de ellas. Santiago y Tejero se muestran a favor de la democratización del aire acondicionado, un aspecto polémico que no asumen en solitario, sino como parte de un tejido verde y azul que desarrollará infraestructuras tan básicas para la vida como lo fueron el alcantarillado o la red eléctrica en el siglo XX. A todo ello se suman, de manera muy sucinta, la electrificación y colectivización de la movilidad, los postulados de la ciudad de los 15 minutos y la deslocalización de los trabajos.

Ambos pensadores reflejan en su ensayo que «vivienda asequible, electricidad barata, alimentos justos y seguridad climática» son el «paz, pan y tierra» de nuestra época. «Pese a un régimen climático hostil, no tenemos por qué vivir peor», resume Santiago.

‘Solarpunk’, un nuevo imaginario

Mucho se ha escrito sobre la necesidad de crear un imaginario que ayude a los más atrevidos a crear una nueva idea del futuro. Tejero y Santiago lo ilustran con el solarpunk. En el epílogo de su libro, los dos expertos van más allá de los 25 años de plazo que marcan para su proyecto político, ecológico y social; lo hacen a través de esta estética solarpunk, en la que se juntan placas solares con paneles de abejas en ellas y ovejas pastando a su alrededor.

Esta coda algo utópica no está concebida para negar la posibilidad de una catástrofe climática, sino como amarre de una posible y deseable prosperidad ecológica. «Hemos elegido el solarpunk porque es una estética que recupera lo mejor de la tradición de la ciencia ficción y la utopía sin llegar a ser naíf, en donde se concibe una sociedad con alta tecnología incrustada en las sociedades humanas. Lo contrario a lo que ocurre ahora, que es que el algoritmo domina a las personas», finaliza Tejero.

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