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En esta crisis climática hay países que están sufriendo las consecuencias más que otros, mientras que esos otros son los responsables de que esa crisis vaya a peor. Por ello, en la cumbre del clima de este año se ha decidido que uno de los temas centrales sea la financiación climática o, dicho de otra forma, el ajuste de cuentas entre países para que, por fin, se cumplan las promesas económicas que hasta ahora se han quedado en la nada.
Así pues, teniendo en cuenta que algunos países contaminan mucho más que otros, un nuevo análisis del medio británico Carbon Brief compara los porcentajes de emisiones históricas de cada nación con su contribución al objetivo de financiación climática de 100.000 millones de dólares que se propuso en la COP15 de 2009. Con ello, los autores han calculado de forma justa la responsabilidad económica de cada país. Y, en ese cálculo, Estados Unidos no sale bien parado.
El país norteamericano es responsable de alrededor de una quinta parte de la emisiones de dióxido de carbono (CO2) que se han emitido hasta ahora. Por ello, debería haber aportado 39.900 millones de dólares al objetivo fijado para 2020. Pero esa cifra se aleja de la realidad: solo contribuyó con 7.600 millones, es decir, unos 32.000 millones de dólares menos de lo que debería haber ofrecido.
El compromiso de financiación climática empezó en 1992, cuando se formó el anexo segundo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Los países firmantes —las naciones de Europa Occidental, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Japón, que en aquel entonces eran las que pertenecían a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) —llegaron a este acuerdo sabiendo que eran los que más capacidad tenían para ayudar a otras naciones.
En aquel entonces, según explica Carbon Brief, "los países del anexo II eran responsables del 46% de las emisiones históricas acumuladas de dióxido de carbono procedentes de los combustibles fósiles, los procesos industriales, el cemento, el uso del suelo, el cambio de uso del suelo y la silvicultura. En 2020, seguían siendo responsables del 40% del total mundial".
En el año 2009, en la cumbre climática celebrada en la ciudad de Copenhague (Dinamarca), esa promesa se convirtió en una cifra. En la reunión, los países del Norte Global se comprometieron a movilizar 100.000 millones de dólares al año a partir de 2020 para ayudar a que las naciones más vulnerables pudieran dejar de serlo o, al menos, no serlo tanto. Sin embargo, ese objetivo no se cumplió. Al contrario, se pospuso para 2023.
A principios de 2021, el presidente estadounidense, Joe Biden, anunció que su país volvería a formar parte del Acuerdo de París y que aumentaría la financiación para ayudar a las naciones en desarrollo a hacer frente al cambio climático a 11.400 millones de dólares al año para 2024. Pero, de nuevo, esa cifra se redujo. Esta vez a solo 1.000 millones de dólares a principios de este año por orden del Congreso de Estados Unidos.
Otros países tampoco han cumplido su palabra. Canadá dio el 37% de su cuota justa y le faltaron 3.300 millones de dólares. Australia, por su parte, dio el 38% de su cuota justa y le faltaron 1.700 millones de dólares. Y el Reino Unido aportó el 76% de su cuota, con un déficit de 1.400 millones de dólares.
En total, solo se concedieron 83.000 millones de dólares de financiación para el clima en 2020, "incluyendo 60.000 millones de dólares en ayuda bilateral de país a país y contribuciones a través de los bancos de desarrollo, más 23.000 millones de dólares de fondos para el clima y fuentes privadas", apunta el análisis.
En el balance en positivo se encuentran países como Alemania, Francia y Japón, que son los que aportaron proporcionalmente más que su contribución al calentamiento histórico. España también forma parte (ligeramente) de la lista de países más generosos, y Suiza lidera el ránquin de solidaridad por haber aportado el 436% de su cuota justa.
Pero esta solidaridad es, en ciertos casos, solo aparente: muchos países con superávit prefieren cumplir con su parte a través de préstamos en vez de con subvenciones. Por ejemplo, Alemania, Francia y Japón conceden el 45%, el 75% y el 86% de su financiación en forma de préstamos, respectivamente. Es decir, ese dinero les será devuelto.
Que la financiación sea a través de subvenciones es una de las principales peticiones de los varios países que dependen del dinero de las naciones más ricas para esta COP27. Su paciencia se agota ante la impotencia de padecer los impactos más extremos de esta crisis. El protagonismo lo tienen, sobre todo, los países del continente africano que, a pesar de conformar menos del 4% de las emisiones de carbono globales, son los más vulnerables a los efectos del cambio climático. Si las naciones africanas son escuchadas por fin o no es algo que se verá en los próximos días.




