Los líderes de las economías más importantes del mundo reafirman sobre el papel su compromiso climático y reclaman mayores impuestos para las grandes fortunas.
En lo que va de año, las emisiones de carbono de los incendios forestales en la Amazonia –la mayor selva tropical del mundo– y el Pantanal –el mayor humedal del planeta– ascienden a 28 y 15 megatoneladas de carbono, respectivamente. La quema de combustibles fósiles está detrás de estos niveles récord.
Los fuegos han calcinado cerca de 7.000 hectáreas de la Amazonía brasileña desde que comenzó el año, lo que supone un 1,6% del bioma, según datos oficiales.
El análisis de imágenes satelitales realizado por Mapbiomas en esos 39 años señala que de los seis biomas que tiene Brasil, la Amazonia brasileña fue la más perjudicada.
Se trata de la menor tasa de devastación registrada desde 2016. El pasado julio, sin embargo, la tala volvió a dispararse, entre otros motivos, por ser un período próximo (y más permisivo) de cara a las próximas elecciones municipales.
Las fuertes lluvias fueron entre un 6 y un 9% más intensas por el calentamiento global, según un nuevo estudio de atribución de World Weather Attribution (WWA). A esto se le suma la falta de infraestructuras de protección capaces de soportar las inundaciones.
Varios expertos explican las claves de la última tragedia climática que ha vivido el país. Es en la virulencia de las lluvias donde entra en juego el cambio climático.
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