[FOTOS] Tras las lluvias, polvo en suspensión: Canarias sufre una intensa calima

Una tormenta de polvo sahariano de unos 2.000 kilómetros llega hasta las islas y dispara las concentraciones de partículas microscópicas a niveles perjudiciales para la salud.
[FOTOS] Tras las lluvias, polvo en suspensión: Canarias sufre una intensa calima
El sol, bajo una intensa calima, se marcha tras el Observatorio Astronómico de Temisas (Agüimes, Gran Canaria). El polvo en suspensión, que hace de filtro natural, permite ver varias de las manchas solares. Foto: Eduardo Robaina.

Después de la borrasca Therese, que dejó presas llenas, decenas de desprendimientos y El Teide nevado, las islas Canarias se encuentran ahora bajo una intensa calima.

Esta fuerte intrusión de polvo tiene su origen en una espectacular tormenta de arena en el norte de África que llegó a abarcar unos 2.000 kilómetros de largo, como se pudo comprobar a través de las imágenes por satélite. 

Este evento meteorológico extremo fue impulsado por lo que se conoce como una «oleada de Harmatán». El Harmatán es un viento alisio continental, extremadamente seco y polvoriento, que sopla desde el desierto del Sáhara hacia el suroeste, en dirección al golfo de Guinea. A esta dinámica se le sumó un factor detonante: el paso de un frente frío que recorrió el norte de África durante el pasado lunes 30, como explica la meteoróloga Isabel Moreno.

Al avanzar esta potente masa de aire frío a nivel de superficie, actuó como una cuña, obligando a ascender violentamente al aire más cálido que tenía por delante. Al encontrarse con una zona cargada de polvo sahariano, este frente levantó cantidades ingentes de material, generando muros de arena gigantescos.

La calima que hoy miércoles todavía cubre los cielos de Canarias se formó entre Argelia y Mauritania. Cuando el polvo procede del sur de Argelia, es rico en silicio, hierro y manganeso. Además, el polvo atraviesa zonas industriales durante su viaje hacia el Atlántico, por lo que viene mezclado con azufre y metales pesados como el cromo, níquel y zinc.

Sin embargo, más allá de lo puramente visual o de lo apocalíptico de las imágenes, la calima representa un riesgo muy serio para la salud. El polvo en suspensión está formado por partículas microscópicas que penetran en nuestras vías respiratorias, empeorando de forma drástica la calidad del aire. Las consecuencias para la salud son directas, pudiendo causar desde irritación ocular y sequedad hasta el agravamiento de cuadros de asma o problemas cardiovasculares.

Este episodio de polvo desértico sahariano, que recuerda en algunos puntos a las supercalimas que hubo entre 2020 y 2022, está registrando concentraciones de PM10 muy altas. Como revela el Laboratorio de Calidad del Aire de Canarias, en el sur de Tenerife y La Gomera han estado entre 14 y 16 horas con concentraciones de partículas respirables PM10 entre 1.000 y 1.600 μg/m³. En Gran Canaria también se han superado ampliamente los 1.000 μg/m³. La OMS recomienda no superar una media diaria de 45 μg/m³ para este tipo de partículas.

Las siguientes imágenes fueron tomadas en Gran Canaria el martes 31 de marzo al amanecer y al atardecer.

Sureste de Gran Canaria. Al fondo, tapado por completo por la calima, está el mar. EDUARDO ROBAINA.
Canario silvestre (Serinus canaria) poco antes del atardecer. EDUARDO ROBAINA.
Un ciclista circula por la carretera que lleva hasta la antigua Estación Terrena de Comunicaciones por Satélites de Telefonica (también conocida como Estación INTELSAT). Inaugurada en 1971, permitió que Canarias viera TVE en directo al mismo tiempo que en el resto de España. Además, dio soporte a la NASA en las misiones lunares Apolo 15, 16 y 17. EDUARDO ROBAINA.

Si te gusta este artículo, apóyanos con una donación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Siguiente artículo

Artículos relacionados

Calima, el desierto aéreo

El polvo desértico tiñe de naranja el cielo dejando imágenes apocalípticas y, paradójicamente, bellas. Más allá de la estética, este fenómeno tiene consecuencias sobre la salud, la biodiversidad, el clima o la energía.