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“El mundo no está preparado para adaptarse a las condiciones climáticas actuales, mucho menos a lo que traerá el sobrepaso de 1,5 °C”, vaticina Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que pide llegar a la COP31 de Turquía –que arranca este lunes– con la ambición de ir «más allá» del compromiso de triplicar la financiación.
El planeta va a superar los 1,5 ºC de calentamiento. Ya no es un escenario, es la previsión oficial de Naciones Unidas. Y mientras la temperatura sube, el dinero para adaptarse a sus efectos no llega. El informe Adaptation Gap Report 2026, que el PNUMA publica este miércoles con el título Ready? Not (¿Listos? No), pone cifras a esa brecha: los países en desarrollo necesitarán unos 305.000 millones de dólares anuales de aquí a 2035 para protegerse de un clima cada vez más hostil. En 2024, el último año con datos, recibieron entre 28.200 y 31.700 millones de los países ricos. Una décima parte.
Esta estimación sale de cruzar dos fuentes. Por un lado, lo que los 155 países en desarrollo declaran en sus propios planes climáticos (entre 255.000 y 328.000 millones anuales), y por otro lado, los modelos económicos (320.000 millones). Y, aun así, es una cifra conservadora: apenas incluye las necesidades del sector privado, que podrían casi doblarla.
El espejismo de triplicar
En la COP30 de Belém (Brasil), los países pactaron hace un año esforzarse por triplicar la financiación para adaptación en 2035. Aunque sonaba ambicioso, el informe de la ONU sostiene que, dependiendo de la base de cálculo, triplicar la cifra económica elevaría los flujos a entre 85.000 y 120.000 millones anuales. Pero, ajustando por inflación, las necesidades en 2035 serán de 420.000 millones. Es decir, incluso cumpliendo la promesa, se cubriría solo entre el 20 y el 29% de lo necesario.
Pero hay una excepción. Para los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares, cuyas necesidades rondan el 3 o el 4% de su PIB (el doble, en términos relativos, que las de los países de renta media-alta), triplicar la financiación cubriría entre el 49 y el 84% de sus necesidades. El problema es que el dinero que reciben va en dirección contraria: creció entre 2019 y 2024, pero lleva cayendo desde su pico de 2022, cuando debería estar subiendo.
Préstamos para un problema que no crearon
En 2024, el 55% de la financiación climática para la adaptación llegó en forma de préstamos y solo el 44% como subvenciones. Y los préstamos sin condiciones favorables ya son la mitad de los créditos. Para los países más vulnerables el trato es mejor, ya que casi el 90% de lo que reciben los países menos adelantados son subvenciones o préstamos muy favorables, y el 80% en el caso de los insulares. Un alivio clave para economías con fuertes restricciones fiscales que, recuerda el informe, apenas han contribuido a las emisiones que causan el problema.
Mientras, la ayuda entre países del sur crece. Se ha pasado de 3.800 millones en 2019 a 9.600 millones en 2024, casi un tercio de lo que aportan los desarrollados. El dinero privado también sube, pero de forma engañosa: los flujos movilizados con fondos públicos se doblaron hasta los 3.000 millones en 2024, pero servirán sobre todo para proteger los propios activos de las empresas y, según el informe, apenas reducirán entre un 15% y un 20% la brecha de las necesidades públicas.
Pérdidas y daños: pedir 2.800, tener 342
Donde la brecha se vuelve más evidente es en las pérdidas y daños, es decir, lo que el clima destruye. Entre 2020 y 2025, 765 millones de personas sufrieron inundaciones y deslizamientos. De todas ellas, el 99% vivía en países de renta baja o media. Asimismo, de las casi 240.000 muertes por calor extremo registradas en ese periodo, solo el 27% figuran en esos países, un dato que el informe atribuye a que allí se contabilizan mal las muertes por calor, no a que mueran menos.
Los países reconocen el problema, pero no lo gestionan. Actualmente, el 89% de las 118 naciones analizadas mencionan las pérdidas y daños en sus planes climáticos, pero solo el 54% tiene un sistema de información para registrarlas y el 38% un marco legal. Y el dinero es ínfimo: en la primera ronda del Fondo de Pérdidas y Daños, 119 países pidieron 2.800 millones de dólares, pero el fondo tenía solo 342.
A pesar de todo, el informe no es un catálogo de desastres. También registra avances: gobiernos que aprueban leyes marco de cambio climático, crean organismos de coordinación y supervisión independientes o montan mecanismos propios para mover el dinero. Pero la conclusión es la del título. Este año Europa occidental vivió su junio más caluroso registrado, con miles de muertes atribuibles al calor. Las inundaciones de Nepal arrasaron pueblos enteros y mataron a más de 1.400 personas. Y se avecina el que podría ser el El Niño más fuerte jamás registrado. Los impactos no esperan. La financiación, sí.

