Etiquetas:
Las ciudades europeas se han convertido en el epicentro de una emergencia sanitaria acelerada por el calentamiento global, donde el asfalto, la alta densidad de población y la escasez de zonas verdes multiplican los riesgos para la salud humana. Según la primera evaluación a escala europea sobre clima y salud urbana publicada este jueves en The Lancet Public Health, el continente más rápido en calentarse del planeta enfrenta un aumento exponencial de la mortalidad por calor, la llegada de vectores de enfermedades tropicales y una brecha crítica entre la ambición política y los recursos reales disponibles. En las ciudades del sur del continente, la mortalidad relacionada con el calor se ha disparado un 160,6% entre los periodos de 1991-2000 y 2015-2024.
El impacto en España: mucho calor, poca adaptación
En España, donde más de 25,8 millones de personas habitan en 98 entornos urbanos, el impacto de los eventos climáticos extremos golpea de lleno a las comunidades más vulnerables. Aproximadamente un tercio de la población urbana española se encuentra en situación de elevado riesgo sanitario frente al calor: 5,2 millones de personas mayores de 65 años (20%) y 3,5 millones de niños menores de 15 años (13%) sufren de manera directa el estrés térmico y la degradación ambiental.
En el conjunto de las ciudades españolas, las muertes medias anuales vinculadas directamente a las temperaturas extremas aumentaron en 95,4 por cada millón de habitantes entre 2015 y 2024, en comparación con la década de 1991 a 2000. Como advierte Anna Gómez, de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, «las ciudades están en la primera línea de los impactos del cambio climático sobre la salud». La experta destaca que este nuevo marco de evaluación es clave para sistematizar la respuesta, un enfoque que en Barcelona ya aplican a través del «seguimiento de los riesgos y vulnerabilidades de salud relacionados con el clima a nivel de ciudad».
Dentro de estas estadísticas generales destaca la ciudad de Castellón de la Plana, que ha registrado el mayor incremento de España en la media anual de defunciones relacionadas con el calor tras un aumento del 553,5%, lo que supone pasar de 25,7 fallecimientos por millón de habitantes (1991-2000) a 168,1 (2015-2024).
Este letal impacto está íntimamente ligado a la isla de calor urbana, un fenómeno que empeora de forma drástica los riesgos para la salud al atrapar las altas temperaturas en los tejidos urbanizados. La ciudad de Granada es el máximo exponente de este problema: entre 2003 y 2020 soportó más de 300 días en los que sus temperaturas superaron en más de 1,5 °C a las de las zonas rurales circundantes, arrojando una media de 118 días por verano, una cifra que multiplica casi por 10 el promedio urbano español de 12,3 días.
A pesar de esta situación, la adaptación basada en la naturaleza sigue siendo insuficiente en el entramado urbano español. La recomendación de las Naciones Unidas de alcanzar al menos un 30% de cobertura de arbolado urbano solo la cumple el 12% de las ciudades españolas, situándose la media nacional en un 13,2% (3.454 hectáreas por municipio), acorde a datos de 2020.
La paradoja de Cádiz: líder en carril bici y arbolado raquítico
El mapa de la sombra muestra desigualdades abismales: mientras Cuenca lidera con un 53,3% de superficie arbolada, ciudades costeras como Cádiz registraron un 0% de cobertura de arbolado en el periodo analizado. Asimismo, apenas el 9,4% de los carriles bici en España cuentan con sombra arbolada para proteger a los ciclistas del calor extremo, a pesar de excepciones como Irún, donde esta infraestructura protegida alcanza el 47,1%.
En materia de transporte y calidad del aire, las urbes españolas apenas lograron un aprobado raspado en 2022, con una puntuación media de 5,3 sobre 10 en su Índice de Transporte Sostenible. Pamplona obtuvo la calificación más alta del país (6,8), Salamanca despuntó como la más transitable a pie, y Santa Coloma de Gramenet destacó en accesibilidad al transporte público.
Como nota positiva, el estudio señala que existen avances relevantes en la descarbonización: la mortalidad por partículas finas (PM 2.5) asociadas al uso de combustibles fósiles disminuyó un 62,6% entre 2000 y 2023, mientras que las emisiones en el sector industrial cayeron un 39,2%. Ciudades como Pamplona lograron reducir un 78% su mortalidad prematura por PM 2.5, y Vitoria-Gasteiz recortó un 87% sus emisiones en el sector energético. Sin embargo, la brecha persiste en casos como Torrelavega, que ostenta la tasa de mortalidad por aire sucio más elevada del país (144,4 muertes por 100.000 habitantes), impulsada principalmente por el tráfico rodado.
Europa ante el espejo del clima y la salud
El estudio de Lancet Countdown Europe, desarrollado por 58 investigadores de 31 instituciones académicas para más de 850 municipios europeos, confirma que los impactos climáticos se extienden de forma heterogénea pero severa a lo largo del continente. Mientras el sur de Europa sufre la peor embestida del calor y un aumento del 7% en el peligro de incendios forestales entre 2003 y 2023, las regiones del este y del norte enfrentan amenazas biológicas emergentes.
En el este de Europa, la idoneidad climática para la transmisión del dengue se disparó un 369,3% en la última década (2015-2024) en comparación con el periodo 1982-2010. Al mismo tiempo, las concentraciones de polen alergénico se han duplicado con creces tanto en las ciudades del sur como en las del este, lo que incrementa notablemente la exposición y la morbilidad de los pacientes con rinitis alérgica y afecciones respiratorias.
Ambición local frente al muro de la financiación
El estudio considera que las ciudades europeas están intentando reaccionar, pero que la velocidad de los impactos supera con creces el ritmo de las soluciones. El informe destaca que, en el 88% de las ciudades analizadas, las medidas de infraestructura verde y reducción de absorción de calor lograron mitigar la intensidad de la isla de calor en verano en un promedio de 0,7 °C. Además, se han identificado 1.519 planes de acción de adaptación municipal en más de 850 ciudades.
Sin embargo, los gobiernos locales chocan contra un obstáculo financiero y técnico estructural: casi un tercio de las ciudades europeas reconoce que las limitaciones de recursos son su principal barrera para implementar políticas de clima y salud. Además, solo el 0,5% de los proyectos de adaptación y mitigación reportados abordan directamente el refuerzo de los sistemas y servicios sanitarios.
Como advierte el investigador José Chen, del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), las olas de calor e incendios «no son catástrofes aisladas, sino síntomas de un clima que aumenta las probabilidades de fenómenos extremos más peligrosos». Proteger la salud de la población urbana requiere una financiación adecuada, gobernanza multinivel y situar de forma urgente la salud pública en el centro de la planificación urbanística antes de que la ventana de adaptación se cierre.

