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El 7,4% de los materiales utilizados en España en 2024 fueron de origen reciclado, lo que arroja el dato más bajo de la última década, mientras la media de la Unión Europea (UE) alcanzó una cifra récord, con un 12,2 % de productos procedentes de otros reciclados.
Así se desprende del último análisis publicado este miércoles por la oficina de estadística comunitaria, Eurostat, sobre la tasa de circularidad en los países de la UE, que mide la contribución de los materiales reciclados al uso total de materiales.
Según la oficina de estadística, España es uno de los seis países de la UE que ha reducido su índice de uso de materiales reciclados con respecto a 2015, cuando registró una tasa del 7,6%, frente al 7,4 % de 2024, el dato más bajo en la serie histórica de la última década.
Estos datos ubican al país casi cinco puntos por debajo de la media de los Veintisiete, cifrada en el 12,2%, récord en la serie histórica, con un punto más que hace diez años (11,2 % en 2015) y una décima más que el año pasado.
Por países, la tasa de circularidad más alta en 2024 se registró en Países Bajos (32,7%), seguida de Bélgica (22,7%) e Italia (21,6%).
Por el contrario, el índice más bajo se anotó en Rumanía (1,3%), seguida de Finlandia e Irlanda (2% cada una) y Portugal (3%).
Eurostat destaca que, al analizar los diferentes tipos de materiales, la tasa de circularidad de la UE en 2024 fue mayor para los minerales metálicos, con un 23,4% (-1,2 puntos porcentuales en comparación con 2023); seguidos de los minerales no metálicos, con un 14,3% (-0,1 puntos porcentuales); y la biomasa, con un 9,9% (+0,2 puntos porcentuales).
Cabe destacar que, pese al ligero incremento en el conjunto de la UE, el plan de acción de economía circular de 2020 se propuso alcanzar en 2030 una tasa de uso de materiales circulares del 23,2%, por lo que habría que aumentar este índice once puntos en los próximos seis años para alcanzar ese objetivo.





Carta abierta sobre medidas urgentes y estructurales frente a los fuegos y la crisis climática en Galicia.
Sr. Rueda:
Nos dirigimos a ustedes en nombre de Amnistía Internacional y Ecologistas en Acción Galicia con respecto a los incendios forestales sin precedentes que Galicia ha sufrido este verano. Ambas organizaciones expresan su solidaridad con las personas afectadas por los incendios y lamentan la pérdida de vidas humanas. Compartimos la consternación y el sufrimiento causados, especialmente en los barrios de los cientos de pueblos que han visto cómo el avance de las llamas ponía en grave riesgo vidas, bosques, animales, cultivos, viviendas e infraestructuras.
El problema de los incendios es complejo y se ha estudiado desde diferentes perspectivas, por lo que es necesario considerarlo en su conjunto. Sin embargo, hay dos aspectos fundamentales que a menudo se olvidan: la reducción de los incendios y la actuación temprana para su extinción.
La Unión Europea ha superado el millón de hectáreas devastadas por incendios este año, la cifra más alta desde que se tienen registros, con la Península Ibérica a la cabeza. Según el Sistema de Información sobre Incendios Forestales Copernicus de la Comisión Europea, en Galicia se han quemado más de 171.000 hectáreas desde el inicio del verano (122.000 incendios registrados desde principios de agosto). Todo esto, en un territorio que ya sufre los impactos de la propia crisis climática, que no causa incendios, pero sí los agrava y los hace más frecuentes, intensos y difíciles de controlar. Según la ONU, los incendios extremos aumentarán un 14% para 2030, un 30% para 2050 y un 50% para finales de siglo. Los grandes incendios forestales —de más de 500 hectáreas— son ahora el epicentro del desastre. Es fundamental tomar precauciones extremas para prevenir la aparición de este primer foco
Los incendios se originan por causas naturales como rayos o erupciones volcánicas; por negligencia o accidentes, intencionales o no; por la propagación de incendios anteriores y por causas desconocidas. Los datos del Informe de 2023 de la Fiscalía General del Estado evidencian que queda mucho por hacer. En los últimos cinco años, el 68,79 % de los incendios se atribuyeron a accidentes y negligencia, mientras que el 23,98 % fueron intencionales. La crisis climática agrava directamente su capacidad destructiva, frecuencia e intensidad. La reciente opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia describió el cambio climático como «un problema existencial de proporciones planetarias que pone en peligro todas las formas de vida y la salud misma de nuestro planeta».
Los incendios no son solo un problema ambiental y una serie de situaciones estructurales que favorecen su propagación: son una cuestión de derechos humanos, con un fuerte impacto en el derecho a un medio ambiente limpio, sano y sostenible, con consecuencias que amenazan, entre otros, el derecho a la vida, la salud, la vivienda y los medios de subsistencia.
Por ello, solicitamos a la Xunta de Galicia que adopte, de inmediato, las siguientes medidas de prevención, recuperación y educación ciudadana, complementarias al decálogo que la Plataforma por una Montaña gallega con Futuro impulsa desde 2022:
https://www.ecologistasenaccion.org/350951/esixen-medidas-urxentes-e-estruturais-fronte-aos-lumes-e-a-crise-climatica-en-galiza/