Sin miedo al qué dirán

Víctor es barrendero y combina su buen ojo para la moda con una firme conciencia política: recoge ropa de la basura y la reutiliza. Su osadía (tanto en su estilo como en su proceder) provoca admiración.
Sin miedo al qué dirán
Víctor posa en este reportaje con algunas de las prendas que ha recogido en la basura. Foto: MAURICIO RETIZ

ctor y yo nos conocimos hace años, cuando coincidimos como militantes del mismo espacio político, en actos de reivindicación de derechos LGTBIQ+, presentaciones de libros o alguna otra vez que nos encontramos en algún teatro de Barcelona.

Cuando Víctor y yo empezamos a ser amigos, a hablarnos al encontrarnos, yo siempre celebraba sus atuendos, su estilazo, su osadía estilística queer: defendía prendas fantásticas, aunque nada fáciles, con una soltura admirable. Y cada vez que yo festejaba su indumentaria, él siempre me respondía: «¡Pues lo saqué de la basura». Y era verdad, es verdad. Porque Víctor Vela es barrendero, trabaja de lunes a sábado de siete de la mañana a dos de la tarde barriendo un par de distritos de Barcelona, recogiendo desperdicios, al tiempo que escucha pódcasts de debate político, tertulias radiofónicas en directo, y da con ropa tirada en la basura que provoca la admiración entre les amigues. «Mi madre dice que es una cerdada y que le da mucho asco, pero yo encuentro maravillas, que lavo bien cuando llego a casa, y que después me pongo. Bueno, que me pongo yo y mi novio».

Lo de Víctor no es solo un buen ojo para la moda, es también una actitud militante contra el consumismo y la vorágine textil del usar y tirar (después de contaminar y explotar). Una militancia que se combina con un elemento de orgullosa cultura queer para la que no hay distinciones de género en las prendas, ni miedo al que dirán ni la necesidad de encajar en estándares estéticos prestablecidos.

Víctor, sin saberlo, es un ejemplo de militancia contemporánea que combina la falta de prejuicios, la conciencia ecológica, la coherencia de clase trabajadora y el gusto por cierto hedonismo sin trazas de culpabilidad. Víctor, además de basurero, ejerce como portavoz en una de las asambleas de su barrio, publica vídeos de teoría política de izquierdas en su cuenta de Instagram, donde desarrolla algunos de los conceptos que maneja como estudiante de Ciencias Políticas en la UNED. Víctor solo puede salir a bailar los sábados por la noche porque el domingo es el único día que no tiene que madrugar.

A Víctor Vela nunca le invitarán a una gala de premios de influencers ultraconservadores, ni recibirá ningún premio por su aportación a la cultura de la moda contemporánea. Nunca saldrá en Vogue España. Nunca será amigo de las Pombo, todo ello para nuestra fortuna y seguramente también para la suya.

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