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Cuando se habla de “maltrato animal” en el contexto de la industria alimentaria, normalmente se suelen venir a la mente truculentas imágenes de macrogranjas porcinas o de vacas –algunas de ellas han protagonizado titulares como “granja de los horrores”–. Sin embargo, y a pesar de la evidencia científica disponible, rara vez se asocian estas prácticas con los animales acuáticos.
La asociación de derechos animales española Animals’ View ha realizado una investigación en España y en India sobre el auge de la acuicultura y la pesca, en la que revela la brutalidad de esta industria. El resultado de la investigación puede verse en el documental THEY – वे: El auge de la cría de animales acuáticos, disponible en YouTube desde el 28 de mayo a nivel global. En una industria en la que se suele hablar en términos de “bancos de peces” o “toneladas de crustáceos”, la asociación ha documentado las vidas de algunos de estos animales en su paso por el océano o las piscifactorías hasta que terminan en mercados y lonjas, promoviendo la empatía hacia ellos.

Según la organización, la industria de la acuicultura y la pesca afecta a una media anual de 28 billones de animales que se consumen en el mundo. “Se calcula que de esa cantidad total, alrededor de 1,5 billones son peces y el resto son crustáceos, en su mayoría gambas. Unas cifras que podrían ser muy superiores”, indican desde Animals’ View.
La explotación de animales acuáticos: piscifactorías, capturas y pesca de arrastre
El documental pone en evidencia la brutalidad de las granjas acuícolas, comparándolas a las terrestres. «En cada una de estas granjas acuícolas pueden llegar a vivir miles o decenas de miles de animales hacinados, por lo general en aguas turbias y de mala calidad, lo cual es origen de brotes de enfermedades, estrés y muerte prematura,» denuncia la organización antiespecista.
De acuerdo con esta investigación, los animales “sufren golpes y aplastamientos” durante su recogida: “Los métodos de matanza son tan terribles que nunca los aceptaríamos para otros animales, como la asfixia o la congelación en vivo”, aseguran desde Animals’ View.

El documental cuenta con la participación del investigador y profesor emérito de ecología y biología evolutiva en la Universidad de Toronto Mart Gross, quien explica que «cuando se introduce a los peces en hielo, los receptores del frío se activan, el metabolismo se ralentiza dolorosamente y la hipotermia se apodera gradualmente del cuerpo. Es probable que el animal experimente una angustia prolongada antes de perder el conocimiento”.
Además, Gross detalla una práctica que es muy habitual en la industria: “Cuando un pez marino se coloca de repente en agua dulce, se enfrenta a un violento choque osmótico. Sus células se hinchan, las branquias se dañan y la respiración normal se colapsa. Por lo que sabemos, es probable que esto provoque pánico, dificultad respiratoria y una muerte prolongada y dolorosa”.
Jonathan Birch, filósofo británico, profesor en la London School of Economics (LSE) y una de las voces más influyentes en el debate sobre la sintiencia animal, ha contribuido al documental para explicar también este fenómeno: “En 2005, un panel científico advirtió a la Unión Europea que matar crustáceos de esta manera probablemente ‘causa dolor y sufrimiento’. Veinte años después, este método de sacrificio lento y doloroso sigue usándose”.

En la pesca de arrastre, Gross explica que los peces, al ser arrastrados a la superficie a esa velocidad “su vejiga natatoria puede romperse, los órganos internos se desplazan y se produce el barotrauma. A continuación, sufren desorientación, dolor y lesiones. Las pruebas científicas son claras: la pesca de arrastre inflige profundos traumas fisiológicos y sufrimiento a innumerables peces”. La organización señala que “según el informe (que cuenta con al menos 15 citaciones científicas distintas) al subir a la superficie, sus órganos internos pueden estallar debido al cambio brusco de presión. Y los que lleguen con vida morirán aplastados bajo el peso de cientos o miles de otros animales capturados en las redes, asfixiados fuera del agua o congelados vivos en los barcos”.
La evidencia científica: los animales acuáticos también son seres sintientes
La organización subraya que los peces cuentan con estructuras nerviosas para detectar y transmitir el dolor (nociceptores), y procesan información sensorial de manera similar a los mamíferos o las aves. Los pulpos y otros cefalópodos también poseen nociceptores y muestran comportamientos que son claros indicadores de sintiencia, así como capacidades cognitivas que solo se pueden dar si admitimos que tienen experiencias conscientes: la resolución de problemas complejos, el uso de herramientas o el aprendizaje por observación.
De acuerdo con la investigación de Animals’ View, en las granjas de gambas, con el objetivo de estimular la capacidad reproductora de las hembras, se practica un método que consiste en la ablación del pedúnculo ocular, que contiene glándulas que regulan la maduración ovárica y la producción de huevos. Tras esta mutilación, los animales se mueven de forma errática y muestran comportamientos asociados con el dolor, como sacudir la cola, frotarse la zona afectada o encogerse.
Según la información proporcionada por Animals’ View, a crustáceos como cangrejos o langostas se les atan las pinzas o cortan los tendones para evitar peleas. Estos métodos les causan tanto dolor como estrés, ya que no pueden defenderse. Muchos de estos animales son hervidos mientras están con vida. En este proceso se retuercen durante minutos, antes de perder el conocimiento.
Birch explica sobre estos métodos que “cuando ves a gente cortando tranquilamente los ojos de las gambas, te das cuenta de que hemos llegado al corazón de las tinieblas. La ganadería industrial ha ido demasiado lejos, demasiado rápido, normalizando un nivel de violencia que es impactante y moralmente imperdonable. Y no solo pasa con las gambas, lo mismo ocurre con los cerdos, las gallinas y los peces”.
España, epicentro de la importación de gambas en Europa
La organización antiespecista aporta, además, algunos datos para poner en contexto la magnitud del asunto. En 2023, España se posicionó como el cuarto mayor importador mundial de gambas y langostinos, con un valor de aproximadamente 1.200 millones de dólares, importando 2,5 toneladas solo de la India, segundo mayor exportador de estos animales en el mundo.
“Animals’ View pide a la ciudadanía que tenga en cuenta la evidencia científica que nos demuestra que estos animales sienten y sufren, a pesar de ser tan distintos a nosotros”. Asimismo, animan a la gente “a dar pasos hacia un cambio de paradigma donde los otros animales sean también tenidos en consideración y a informarse sobre las alternativas alimentarias vegetales, accesibles y de calidad”.




