[Novedad editorial]: ‘Aquí llega el sol’, de Bill McKibben

Presentamos un adelanto del nuevo libro del célebre ambientalista estadounidense, un alegato para abandonar los fósiles y abrazar la energía del sol y del viento.
[Novedad editorial]: ‘Aquí llega el sol’, de Bill McKibben
Foto: Magic K.

Presentamos en exclusiva un adelanto de la introducción de ‘Aquí llega el sol’ (‘Here Comes the Sun’), el nuevo libro del activista y divulgador ambiental Bill McKibben, traducido al español por Raimundo Viejo Viñas y publicado por la editorial Capitán Swing. Ya a la venta.

Cuando escribí las primeras palabras de este libro, a finales de diciembre de 2024, una cálida lluvia caía sobre las Green Mountains de Vermont. Debería haber sido nieve, por supuesto, pero los científicos acababan de anunciar que 2024 había sido el año más cálido jamás registrado. De hecho, los paleoclimatólogos dijeron que había sido el año más cálido de los últimos ciento veinticinco mil. Cuando todavía estaba inmerso en la escritura de estas páginas, Estados Unidos investía a Trump como presidente tras una campaña electoral en la que había sostenido que el calentamiento global era un engaño. Ah, y Los Ángeles se vio envuelta en llamas. Una de las consecuencias menos importantes de este incendio fue que el hogar de mis primeros recuerdos, frente a las colinas de Altadena, se quemó hasta los cimientos.

Si alguna reputación literaria tengo es por una suerte de realismo oscuro. Cuando todavía andaba por la veintena —allá por los ochenta— publiqué lo que en ocasiones se considera el primer libro sobre la crisis climática. Llevaba el alegre título de El fin de la naturaleza. En las décadas transcurridas desde entonces, con veinte libros e innumerables artículos y ensayos publicados, he ido relatando cómo aquellas primeras advertencias se iban cumpliendo. Este momento parecería ser –y de hecho lo es– la culminación y justificación de toda esa angustia.

Y, sin embargo, justo ahora, veo por vez primera un camino que se extiende ante nosotros. Un camino iluminado por el sol. Y no solo es un camino para salir de la crisis climática; es un camino que nos lleva a un mundo completamente nuevo. Mientras escribo, la canción que da título a este libro –el himno optimista y amable de George Harrison– fluye a través de los auriculares, ahogando el sonido de la lluvia sobre el tejado. Creo que, incluso si nos deslizamos hacia el resurgimiento del fascismo, también nos encontramos potencialmente ante una de esas raras y enormes transformaciones en la historia humana: algo parecido al momento en que, hace un par de siglos, aprendimos a quemar carbón, gas y petróleo, desencadenando la Revolución Industrial y, con ella, la modernidad. Solo que ahora, de manera bastante repentina, estamos aprendiendo a no quemar esos combustibles fósiles y a confiar, en su lugar, en la gran bola de gas en llamas situada a 150 millones de kilómetros en el cielo. Estamos a punto de darnos cuenta de que el sol, que ya nos provee de luz, calor y fotosíntesis, también quiere proveernos de la energía que necesitamos para dinamizar nuestras vidas. Estamos a punto de volver la mirada para buscar la energía en el cielo, en lugar de en el infierno.

No es algo que vaya a suceder de forma automática y no sé si lo conseguiremos, al menos en el estrecho margen de tiempo que la física parece habernos concedido para lidiar con el cambio climático. En sus primeras horas en el cargo, Trump hizo todo cuanto se le pasó por la cabeza para alejar a Estados Unidos y al mundo entero de ese futuro brillante. El principal titular de The New York Times el segundo día fue: «Trump quiere liberar la energía, siempre que no sea eólica ni solar». Así que no, no va a ser fácil. Pero estoy convencido de que podría suceder, y seguro que es lo que debería suceder. En un mundo en el que casi todo parece ir mal, esta es una de las cosas que de repente podrían ir bien. Estoy dispuesto a luchar por ello, y confío en que tú también.

En cierto sentido, este libro está muy limitado por el tiempo. En algún momento de la primera parte de la década de 2020 cruzamos una línea invisible, a partir de la cual el coste de obtener energía del sol cayó por debajo del coste de los combustibles fósiles. Esto todavía no se conoce bien: aún creemos que los paneles fotovoltaicos y las turbinas eólicas son «energía alternativa», como si fueran los Whole Foods de la energía: buenos pero caros. De hecho –y cada vez más a medida que pasan los meses– son el Costco de la energía: baratos y disponibles en grandes cantidades. Vivimos en un planeta en el que la manera más barata de generar energía es orientar una lámina de vidrio hacia el sol, y la segunda manera más barata es dejar que la brisa creada por el calor del sol gire la pala de una turbina eólica. A partir de mediados de 2023 nos adentramos en el tramo realmente empinado de esta curva de crecimiento que podría redefinir nuestro futuro al cruzar otra línea invisible: la que señala la instalación diaria en el planeta de paneles solares por valor de un gigavatio (un gigavatio equivale aproximadamente a la producción de una central eléctrica de carbón o de un reactor nuclear típicos). Hacia el otoño de 2024, este gigavatio iba creciendo a razón de uno cada dieciocho horas. Todavía estamos en los primeros días de esta transformación: en estos momentos, solo alrededor de un 15% de la electricidad del planeta procede del sol y el viento, y cerca de una cuarta parte de la energía que usamos procede de la electricidad. Pero el crecimiento exponencial modifica cifras como estas a gran velocidad. En 2024, el 92,5% de toda la electricidad nueva comprada en línea en todo el mundo provenía de renovables; en Estados Unidos esta cifra era del 96%. No hay ningún obstáculo técnico o financiero en el camino. En abril de 2025, por primera vez en la historia, los combustibles fósiles generaron menos de la mitad de la electricidad en Estados Unidos. Ya no hay barreras técnicas ni financieras: el mundo –especialmente China– cuenta con la capacidad industrial necesaria para fabricar todos los paneles solares que los científicos climáticos consideran indispensables. En mayo de ese mismo año llegó otra señal alentadora: China había empleado un 5% menos de carbón para producir electricidad durante el primer trimestre que en 2024. A pesar de ser una economía en expansión, las emisiones del país estaban por fin descendiendo.

[…]

Y al más puro estilo hollywoodense, nuestra liberación y nuestra destrucción llegan al mismo tiempo, ofreciéndonos una disyuntiva extraordinaria. Nuestra especie, en lo que parece un momento muy oscuro, puede dar un gran salto hacia la luz. Hacia la luz del sol.

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