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Las anguilas japonesas y americanas, en peligro de extinción, así como otras especies de anguilas consideradas vulnerables, se podrán seguir comercializando sin restricciones después de que los países votaran mayormente en contra de una propuesta de protección que, según especialistas, ya de por sí era insuficiente.
Desde principios de semana, la ciudad de Samarcanda (Uzbekistán) celebra la 20.ª Conferencia de las Partes de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), también conocida como Conferencia Mundial sobre la Vida Silvestre, donde 170 países están decidiendo si imponen o no restricciones al comercio de unas 250 especies.
La Unión Europea, junto a Panamá, habían propuesto que todas las especies de anguila pasaran a estar bajo el Apéndice II del Convenio, el cual permite su comercio pero siempre y cuando no perjudique su supervivencia. El objetivo de esa medida iba dirigido, sobre todo, a dos de las especies de anguilas más comercializadas en el mundo: la americana y la japonesa, consideradas en peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Actualmente, la única anguila con una regulación en el comercio internacional es la europea, catalogada como en peligro crítico de extinción y parte del Apéndice II desde 2019. Ahora, lo que se quería era que todas las diferentes especies de anguila que existen (unas 17) también estuvieran sujetas a regulaciones debido a que es muy difícil diferenciarlas entre sí. A día de hoy, solo la anguila europea está bajo regulación del CITES, mientras que el resto se rigen por las leyes de pesca de cada país.
No obstante, todo seguirá como hasta ahora. En la votación llevada a cabo el jueves por la tarde, la propuesta ha sido ampliamente rechazada por los países a pesar del alegato del miembro de la Unión Europa y de que la medida no entraría en vigor hasta dentro de 18 meses: “Como no pueden criarse en cautiverio, cada anguila que comemos procede la naturaleza, lo que las hace vulnerable a la pesca y al comercio ilegal”, señalaba al inicio de su intervención, recordando que «hoy en día, el 99% de las anguilas que se consumen en el mundo pertenecen a especies amenazadas«. El resultado final de la votación –secreta, a petición de Mónaco, Japón y otros 9 países– fue de 35 votos a favor, 100 en contra y 8 abstenciones.
Reino Unido, Israel y Mónaco apoyaron públicamente la propuesta europea, mientras que Australia, Canadá, China, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, Fiji, Filipinas, India, Japón, Kuwait, Mauritania, Papua Nueva Guinea, Corea del Sur y Zimbabwe (en nombre de las 50 países de la región de África) se mostraron contrarios a la propuesta. Defendían que no se dispone de suficientes datos científicos para la inclusión de ambas anguilas y resaltaban los avances recientes en kits de identificación de ADN para distinguir entre las especies. Asimismo, se mostraban preocupados por los efectos que tendría esta propuesta sobre los medios de subsistencia y la carga administrativa para las naciones.

La propuesta rechazada, una medida insuficiente
La propuesta de la UE y Panamá, aun así, de por sí ya era insuficiente a ojos de especialistas. Para Miguel Clavero, investigador de la Estación Biológica de Doñana-CSIC y experto en anguilas, las especies más amenazadas deberían estar incluidas en el Apéndice I, bajo el cual su comercialización quedaría prohibida salvo en circunstancias excepcionales. Considera que “al menos cuatro especies del género cumplen sin lugar a dudas los criterios para ello”. Se refiere a la europea, la americana, la japonesa y la anguila de aleta larga de Nueva Zelanda, también catalogada como en peligro de extinción por la UICN.
Hace unos meses, la Comisión Europea tanteó proponer la inclusión de la anguila europea en el Apéndice I, pero sucumbió a la presión del sector económico que explota la anguila. Para Clavero, la única forma de asegurar la supervivencia de la anguila europea es cesar por completo su explotación, aunque sea de forma temporal.
En este sentido, Miguel Clavero ha publicado esta semana un artículo científico en el que propone que la protección estricta de las especies más amenazadas de anguilas debería complementarse con la inclusión de las restantes especies en el Apéndice II, ya sea por tener un estado de conservación desfavorable o por la posibilidad de confundirlas con otras anguilas más amenazadas al comercializarse. Y es que todas las especies de anguilas sirven entre sí de sustitutos en el mercado, tanto al natural como en formas procesadas.
“Esa flexibilidad en la explotación de diferentes especies justifica la propuesta de incluir el género completo en los apéndices”, sostiene Clavero, “pero para las especies más amenazadas, en las que no es posible una explotación que no sea perjudicial, el Apéndice II es insuficiente”.
En estos momentos, la protección de las anguilas es una tarea compleja, dificultada por diversos factores. Por un lado, como especies migradoras que son, utilizan un gran número de hábitats, y necesitan que todos ellos estén en un estado ecológico aceptable. Por otro, las amenazas que se ciernen sobre las distintas especies de anguilas son diversas, incluyendo, además de la sobrepesca, la pérdida de hábitats por el efecto barrera de presas, la aparición de parásitos y otras especies invasoras, la contaminación y/o desaparición de sistemas acuáticos o el cambio climático. Para complicar más el escenario, la mayoría de las especies de anguilas tienen amplias áreas de distribución que abarcan múltiples países, cada uno con sus marcos legales y sus prioridades de conservación.
En este punto, Miguel Clavero aboga por intervenir el comercio legal internacional de anguilas, cesando la explotación de las especies más amenazadas, dificultaría el comercio ilegal y lanzaría un mensaje claro a las sociedades que a día de hoy siguen consumiendo anguila (sobre todo en su forma juvenil, las angulas), fomentando medidas de protección a nivel estatal o regional.




