Patrimonio en llamas

Cuando descubrimos que se estaba quemando la Mezquita de Córdoba, lloramos, gritamos. Días después, otro bien Patrimonio de la Humanidad también ardía: el paisaje natural de Las Médulas (León).
Patrimonio en llamas
Foto: Mezquita-Catedral de Córdoba.

Contemplar la Mezquita de Córdoba es una experiencia que desafía cualquier posibilidad del lenguaje. Incluso quienes trabajamos con las palabras somos incapaces de hacer justicia a una belleza que no parece de este mundo a través de descripciones que siempre resultarán banales, superficiales y limitadas frente a semejante espectáculo. El bosque de arcos de herradura o lobulados sobre columnas díscolas, su cromatismo y juegos de luz y penumbra, simplemente sobrecogen, y el visitante puede llegar a quedarse sin aliento ante una hermosura que, por momentos, te reconcilia con la humanidad: cómo ha logrado nuestra especie crear semejante extenuación para los sentidos, una pausa del pulso que, si queremos seguir disfrutándola, debe continuar. Por eso, cuando el pasado 8 de agosto los cordobeses descubrimos que se estaba quemando el bien más preciado de nuestra ciudad, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1984, lloramos, gritamos, el miedo recorrió nuestros cuerpos, hasta que la rápida y eficiente actuación de los bomberos redujo el fuego a una pesadilla contenida. La mezquita se había salvado –a pesar de las negligencias que podrían habernos dejado huérfanos–; aún seguía vivo ese monumento que gestiona la Iglesia, pero cuyos raptos sensoriales nos pertenecen a todos.

Días después, otro Patrimonio de la Humanidad, el paisaje natural de Las Médulas –en la comarca del Bierzo (León)– corría menos suerte: las llamaradas se cebaban con la mayor mina de oro a cielo abierto del Imperio romano, explotación abrasiva de una montaña que alberga castaños centenarios, y una corona de picachos rojizos capaces de conmocionar igualmente a los corazones sensibles. En apenas una semana, dos lugares emblemáticos de nuestro país habían enfrentado la destrucción de un fuego que, a lo largo y ancho de la península, va arrollando árboles y animales, arte y vidas sajadas por los desplazamientos y la pérdida de anclajes afectivos, azuzado por unas temperaturas que dejan al mismo infierno sin resonancias semánticas, insoportables. Cuánta belleza más tendrá que incendiarse en un planeta sitiado por la emergencia climática antes de que seriamente se le intente poner freno –o ardamos también con ella– es una pregunta que me acecha y desata un duelo inconsolable, pues, como reza el lema del activismo ecologista, “no habrá arte en un planeta muerto”, y sin eso no sé si merece la pena sobrevivir.

A lo largo de la historia, las distintas civilizaciones han intentado sublimar la futilidad de unas biografías condenadas a desaparecer. Desde los cantos a los dioses, la pintura o el poderío arquitectónico, varias han sido las herramientas que hemos encontrado para trascender la suerte mundana que nos espera y elevarnos por encima del polvo, incluso en las peores circunstancias. Pero no sólo la cultura ha ejercido como propulsora de la sublimación; también la naturaleza –a menudo aliada a la anterior– constituye ese camino a la construcción de sentido espiritual más allá de la corporeidad que nos caracteriza. Por eso, junto al horror de la Guerra Civil, Picasso pintaba el Guernica; María Zambrano erigía una obra poético-filosófica encomiable; María Teresa León lideraba el grupo que salvó el tesoro del Museo del Prado; y el escritor Juan Bernier abrazaba el verde del campo o el rumor de los arroyos en los paisajes a los que había sido forzosamente destinado como combatiente del bando sublevado. De la violencia y la sinrazón los libraba el patrimonio, concebido como maravilla comunal; su componente soteriológico era incuestionable, así como la relación entre la semilla y la poesía, el mantillo del bosque y una columnata. Como suele apuntalar el naturalista Joaquín Araújo: “cultura viene de cultivar”.

La etimología otorga pistas para no perder el rumbo, también en el vocablo “patrimonio”, que procede de “pater” (padre) y “monium” (recibido); es decir, se trataría de los bienes heredados del progenitor en el contexto amplio de una familia. Si nos pensamos en comunidad, como seres moralmente responsables y antepasados de las gentes futuras, podríamos indagar qué tipo de legado vamos a transmitir a quienes vengan más tarde en el tiempo: el reloj averiado de un castañar roto por la candela, fósiles de nidos pajareros abandonados, o arquerías convertidas en ceniza mezclada con microplásticos. Dice mi amigo, el poeta Alejandro López Andrada, que él prefiere la naturaleza al arte como refugio del alma; yo confieso mi debilidad frente al segundo en una dicotomía irresoluble, pues ambos habitan de la mano, se retroalimentan y nos transportan a la esfera más amable de nuestra especie, la que está políticamente comprometida con nuestros muertos y los aún no nacidos y, simultáneamente, consigue generar el éxtasis de lo inefable. Desde un rinconcito de Córdoba, al compás de un sudor que se me desliza por la piel inflamada en plena ola de calor, a pocos metros de la Mezquita, me arrebata el solaz todo lo que arde y, antes de derrumbarse, tuvo la habilidad de convertirnos en persona.

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  1. NACIÓN ANDALUZA ACUSA A MORENO BONILLA DE SER «EL ATILA DEL PATRIMONIO ANDALUZ».
    Para Nación Andaluza, el caso de la Mezquita de Córdoba simboliza el abandono institucional. Recuerdan que esta joya patrimonial fue inmatriculada por la Iglesia Católica en 2006 sin que ningún gobierno andaluz –ni del PSOE ni del PP– haya hecho nada por revertir esta apropiación que califican de ilegítima. Según denuncian, el templo generó solo en 2024 unos ingresos de 22,4 millones de euros para el Cabildo, mientras los bomberos municipales –un servicio público que no se beneficia de esos ingresos– fueron quienes apagaron el incendio, evidenciando la desconexión entre el beneficio económico privado y la responsabilidad pública.
    La situación del conjunto arqueológico de Itálica tampoco escapa a la crítica. Nación Andaluza señala que la falta de personal ha impedido durante años realizar tareas básicas de mantenimiento, como el desbrozado del perímetro, aumentando así el riesgo de incendios. Esta carencia no es nueva: se trata de un problema reiterado, causado por la no cobertura de bajas y jubilaciones en los centros culturales dependientes de la Junta de Andalucía.
    En opinión del colectivo soberanista, lo ocurrido el 8 de agosto es un claro ejemplo de una estrategia neoliberal bien conocida: deteriorar deliberadamente la gestión pública para justificar posteriormente su privatización. Denuncian que el Gobierno de Moreno Bonilla estaría siguiendo este manual con el objetivo de entregar el patrimonio cultural andaluz a intereses privados, lo que califican como una política destructiva propia de «un Atila del patrimonio andaluz».
    Ante esta situación, Nación Andaluza exige la dimisión inmediata de la consejera de Cultura, Patricia del Pozo, así como la cobertura de todas las plazas vacantes en los conjuntos patrimoniales andaluces. Además, reclaman que se inicien los trámites necesarios para la recuperación pública de la Mezquita de Córdoba, con el fin de que sus beneficios reviertan directamente en el pueblo cordobés.
    La denuncia de Nación Andaluza no solo alerta sobre la pérdida de bienes materiales, sino que lanza una advertencia política sobre el rumbo que, a su juicio, está tomando la gestión cultural en Andalucía: una deriva hacia la privatización y la mercantilización de los símbolos más preciados de la identidad andaluza.

    Lo primero es lo primero. Hay que dar prioridad a lo más necesario. Lo más necesario para los capos amos del mundo es hoy el armamento y la guerra.
    Financiar con el dinero de los Pueblos a su ejército la OTAN y a los intereses del capitalismo/imperialismo anglosionista para que acaben de exterminar al Pueblo palestino y a cualquier Pueblo que no se someta a sus dictados.
    El rebaño ni mú. Manipulado y sumiso, sigue durmiendo. Saben que somos idiotas, o más bien nos han idiotizado, y así nos tratan.

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