Murales posdana con memoria y propósito

El sábado se inauguró el mural 'Barro en manos de mujer', de la joven muralista Lluïsa Penella, quien está dotando de propósito y memoria colectiva los espacios de reconstrucción tras la dana de 2024.
Murales posdana con memoria y propósito
Foto: cedida por José Luis Hervás a través de la artista.

Este artículo forma parte de la sección mensual titulada Prevención LAB: experiencias globales y soluciones locales, escrita por la experta en gestión de desastres Carmen Grau Vila.

Imagina que sales a la calle en un pueblo que se reconstruye cada día porque el agua le robó el color. Un día te molestas por el ritmo lento de las obras, otro celebras los avances. ¿Puede la reconstrucción dar paso a la alegría? En medio del cansado proceso, nacen iniciativas que son motivo de orgullo local. Como la del sábado pasado en Massanassa (Valencia), cuando el arte se quiso aliar con el territorio y sus mujeres.

Debajo del depósito de agua potable del pueblo y en la misma plaza del Ayuntamiento, se inauguró el mural Barro en manos de mujer, de la valenciana Lluïsa Penella i Pons. El arte urbano brotó como homenaje a las más mayores y a la tradición de la cazuela, para recordarnos que en momentos de crisis hay manos invisibles que sustentan la vida. Impulsado por la asociación comunitaria Dones Progressistes y con el apoyo de las autoridades, el mural reunió a vecinas, representantes de las Asociaciones de Víctimas y los Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción. 

En los últimos meses, la joven muralista Lluïsa Penella está dotando de propósito y memoria colectiva los espacios de reconstrucción posdana. La primera vez que vi lo que esta artista se traía entre manos, no pude evitar compararlo con la experiencia de Nueva Orleans, después del huracán Katrina (2005), o la de Fukushima, tras el accidente nuclear derivado del terremoto y tsunami  (2011). En Estados Unidos, artistas renombrados como Banksy representaron en las calles la vulnerabilidad de la población y la resiliencia humana, mientras que en Japón, el colectivo Over Alls in Futaba trató de llenar los vacíos de un pueblo abandonado por la radiación con diez representaciones artísticas de su historia y cultura. 

Antes de subirse a los andamios con litros de pintura, Lluïsa se documenta sobre las tradiciones o recursos locales de la huerta y paisaje. Lo ha hecho con el tomate en La fuerza de las raíces en Alginet, con La pisada del agua en Catarroja, su pueblo natal, y a través del naranjo y la rata penà (murciélago) para Terra de Valentia, en Alfafar. En el proceso, abre la creación a la participación ciudadana. En el último, sumó las manos infantiles de dos escuelas de Orba y La fila, barrios profundamente afectados. 

Lo interesante de sus propuestas es que ya estaban vinculadas al territorio y la biodiversidad valenciana antes del desastre, pero ahora cobran especial relevancia al conectar con comunidades que buscan repararse. El arte local se convierte en un canal donde la memoria puede ser la mejor herramienta para la prevención, siempre que logremos transmitirla a las siguientes generaciones. ¿Se acordarán los niños de por qué pintaron murciélagos con Lluïsa? Hagamos lo posible para que no se les olvide, o sigamos pintando murales con ellos. 

Los desastres también amenazan la cultura y, al mismo tiempo, esta es un motor esencial para la identidad y expresión de las comunidades. En 2015, Naciones Unidas adoptó el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, donde la cultura se considera clave para reducir la vulnerabilidad, la recuperación y consolidar la paz. 

En 2019, la escritora Miri Yu me hablaba así de la reconstrucción y cultura en Fukushima: «En un lugar donde los habitantes han perdido todo, en las reuniones vecinales organizadas por el Gobierno, nadie alza la voz demandando cultura. Se pide lo mínimo para vivir, infraestructuras básicas, hospitales o supermercados. Pero, aunque se completen las necesidades básicas, ¿se puede llamar ciudad? ¿se puede llamar reconstrucción? (…) La cultura te hace sentir rico, es un evento relajante, de pleno derecho y disfrute. Puede ser un libro o un papel secundario en un teatro”. O también puede ser un mural a pie de calle en donde Lluïsa trace un poema en valenciano: “Del barro, vida. De la mujer, fuerza. De las curas, pueblo».

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