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El clima global se prepara para un nuevo y significativo cambio de patrón. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), existe una probabilidad cada vez mayor de que el fenómeno climático conocido como El Niño empiece a desarrollarse a mediados de este año 2026. Tras un periodo de condiciones neutrales que siguió al final del episodio de La Niña (2025-2026), los indicadores oceánicos muestran un rápido aumento en las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico Ecuatorial.
Este inminente regreso de El Niño, que podría consolidarse entre los meses de mayo y julio, promete tener un impacto profundo en los patrones globales de temperatura y precipitaciones. De acuerdo a las previsiones de la OMM, se espera un «dominio casi global de temperaturas de la superficie terrestre por encima de lo normal» para el próximo trimestre, acompañado de fuertes variaciones regionales en los regímenes de lluvias.
«Después de un período de condiciones neutrales al comienzo del año, los modelos climáticos ahora están fuertemente alineados y hay una alta certidumbre en la aparición de El Niño, seguida de una mayor intensificación en los meses posteriores», señala Wilfran Moufouma Okia, jefe de predicción climática de la OMM.
El experto subraya que los modelos actuales sugieren que éste podría ser un evento «fuerte». No obstante, Moufouma Okia recordó que los meteorólogos se enfrentan a la conocida «barrera de predictibilidad de primavera», un desafío técnico que dificulta la certeza absoluta de los pronósticos en esta época del año. Asimismo, y en respuesta a la ola de artículos y comentarios que durante las últimas semanas han alertado sobre la formación de un devastador «Superniño», la organización ha querido rebajar el tono y ser cautelosa con la terminología. En su comunicado, la OMM aclara que no utiliza este concepto mediático, ya que no forma parte de sus clasificaciones operativas estandarizadas.
Impactos climáticos y calentamiento global
El Niño y La Niña representan fases opuestas de El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), uno de los motores climáticos más poderosos de la Tierra. Históricamente, el fenómeno de El Niño se caracteriza por un calentamiento de la temperatura de la superficie del océano en el Pacífico ecuatorial central y oriental. Suele ocurrir con frecuencias que varían entre los dos y los siete años, y dura entre nueve y 12 meses. La OMM recuerda que el año 2024 fue el más caluroso del que se tiene registro precisamente por la combinación del potente episodio de El Niño de 2023-2024 y el cambio climático subyacente inducido por los gases de efecto invernadero.
Aunque no hay evidencia científica que vincule directamente el cambio climático con un aumento en la frecuencia de los eventos de El Niño; en cambio, sí existe consenso en que un océano y una atmósfera más cálidos amplifican drásticamente sus impactos. Esto se traduce en una mayor disponibilidad de energía y humedad para desencadenar eventos climáticos extremos, como olas de calor prolongadas y lluvias torrenciales.
A nivel regional, aunque cada evento es único, los patrones típicos de El Niño incluyen un aumento de las precipitaciones en zonas del sur de América del Sur, el sur de los Estados Unidos, el Cuerno de África y Asia central. Por el contrario, suele provocar sequías severas en Australia, Indonesia y amplias partes del sur de Asia. Además, durante el verano del hemisferio norte, las aguas cálidas pueden alimentar la formación de huracanes en el océano Pacífico central y oriental, mientras que actúan como un freno aerodinámico para la formación de estos fenómenos en la cuenca del Atlántico.
Preparación y acción temprana
En su actualización climática estacional, la OMM alerta de que para la temporada de mayo, junio y julio de 2026, las temperaturas de la superficie terrestre estarán por encima de lo normal en casi todas las partes del globo. La señal térmica es particularmente agresiva sobre el sur de América del Norte, América Central y el Caribe, así como en el continente europeo y el norte de África.
Ante este complejo panorama, la acción temprana es un factor esencial. Los pronósticos estacionales resultan vitales para guiar las acciones de los gobiernos y las organizaciones humanitarias, especialmente en sectores extremadamente sensibles al clima como la agricultura, la gestión de los recursos hídricos, la red energética y la salud pública. A finales de mayo, la OMM emitirá una nueva actualización oficial que proporcionará directrices aún más sólidas para la toma de decisiones estratégicas de cara al verano y finales de año.

