Esta serpiente invasora sí nada (y está acabando con una lagartija única en Baleares)

Un estudio del CREAF revela un comportamiento inédito en la culebra de herradura: tras ocupar más del 90% de Ibiza, la especie se lanza a cruzar el mar abierto para cazar, provocando la rápida extinción de la lagartija pitiusa, especie endémica del archipiélago.
Esta serpiente invasora sí nada (y está acabando con una lagartija única en Baleares)
Un ejemplar de culebra de herradura nadando. Foto: Rubén Casas.

Nadan, y lo hacen en mar abierto. Hasta hace poco, la comunidad científica consideraba sumamente improbable que la culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis) fuera capaz de lanzarse al mar para colonizar nuevos territorios. Sin embargo, trabajos de campo de investigadores junto a vídeos, fotografías y testimonios de pescadores y residentes de Ibiza han confirmado lo impensable: estas serpientes invasoras están cruzando activamente las aguas del Mediterráneo. Su objetivo son los pequeños islotes que rodean la isla principal, y las consecuencias de este inaudito comportamiento están siendo catastróficas. Al llegar a estas costas aisladas, las serpientes están devorando hasta la extinción a un tesoro biológico irremplazable: la lagartija pitiusa (Podarcis pityusensis), catalogada como En Peligro por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza)

Este sorprendente descubrimiento es el eje central de un reciente estudio publicado en la revista científica Ecology tras seis años de investigación sobre el terreno por parte de un equipo liderado por Oriol Lapiedra, investigador del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF). «De hecho, en el artículo científico explicamos que cuando empezamos a detectar las primeras serpientes pensábamos que se trataba de introducciones accidentales, quizá vinculadas a embarcaciones o al transporte humano», relata Lapiedra. «Pero a medida que recopilamos vídeos, fotografías y testimonios de serpientes nadando en mar abierto, entendimos que eran capaces de llegar por sí mismas». El motivo de este instinto explorador obedece a la voracidad de la serpiente, que ya ha arrasado con buena parte de su alimento en la isla de Ibiza y busca nuevos ejemplares cruzando el mar.

Para entender cómo se ha llegado a este punto crítico, hay que retroceder dos décadas. La culebra de herradura llegó a Ibiza como un polizón, escondida involuntariamente en los olivos importados desde la península ibérica. Lo que comenzó como un establecimiento paulatino y localizado, mutó entre 2010 y 2015 en una fase de expansión imparable. En 2010 se estimaba que la serpiente ocupaba menos del 5% de la superficie ibicenca; en 2016, la cifra aumentó al 40%; y en 2025, el reptil ya había colonizado más del 90% del territorio insular.

«La invasión se mueve como un incendio, con un frente que avanza a medida que se acaba la comida», describe Lapiedra. La voracidad es tal que, cuando la culebra conquista una nueva zona, puede tardar menos de tres años en extirpar a toda la población de lagartijas locales.

El impacto en los islotes, antes considerados santuarios inexpugnables gracias a la barrera natural del agua, es desolador. Guillem Casbas, investigador predoctoral del CREAF y coautor del estudio, detalla el caso del islote de Santa Eulària. Allí, el equipo instaló doce trampas y capturó hasta 58 ejemplares de serpientes entre 2023 y 2025. La comparación con los censos históricos dejaba datos dramáticos: mientras que en 2016 se habían registrado 72 lagartijas en la zona, en 2023 solo se detectaron tres. Para 2025, el contador llegó a cero, confirmando la extinción local de la población. Debido al reducido tamaño de estos islotes, unas pocas serpientes bastan para aniquilar a toda la población de lagartijas en cuestión de meses.

El drama no es solo cuantitativo, sino de un incalculable valor evolutivo. La lagartija pitiusa es una especie endémica que ha evolucionado junto a las islas desde tiempos inmemoriales. Su presencia en casi cuarenta islotes circundantes y su prolongado aislamiento genético han dado lugar a poblaciones con coloraciones únicas en el mundo, que van desde tonos verdes y marrones hasta azules, grises y negros. «Perder estas poblaciones evolutivamente únicas significa que nunca volveremos a ver ejemplares iguales», lamenta el investigador del CREAF tras constatar la desaparición total en una decena de islotes, incluyendo el de s’Ora.

A esta tragedia genética se suma un grave problema ecológico. La lagartija es un pilar básico del ecosistema: poliniza las flores, dispersa semillas y ejerce un control natural de plagas al alimentarse de insectos. Su desaparición provoca un efecto en cascada preocupante. La serpiente, sin competidores naturales y con una dieta que ahora incluye ratones, aves, murciélagos y musarañas, engorda sin freno. Los investigadores han llegado a capturar ejemplares colosales de hasta dos metros de longitud, un 200% más grandes que sus homólogos peninsulares.

La onda expansiva de esta crisis ya amenaza Formentera, hogar de otra variante genética de la lagartija. Allí ya se han avistado las primeras culebras, y dada la dimensión de la isla, una explosión demográfica similar podría borrar a los reptiles endémicos en pocos años.

Frente a este oscuro panorama, la ciencia trabaja sobre el terreno en una carrera contrarreloj. Mientras los investigadores documentan la invasión, también actúan como rescatistas. En una suerte de ‘arca de Noé’ moderna, se están salvando los últimos ejemplares supervivientes de las poblaciones amenazadas para trasladarlos al Zoo de Barcelona. Allí, en estrecha colaboración con el Govern de les Illes Balears, se ha iniciado un programa de cría ex situ mientras se buscan soluciones a largo plazo.

La otra culebra que también extingue en Gran Canaria

Este caso tiene muchas similitudes con lo que ocurre en el archipiélago canario. En Gran Canaria no existían serpientes en el medio natural hasta que a finales del siglo pasado se liberaron algunos ejemplares de la culebra real de California (Lampropeltis californiae), originaria del sur de Estados Unidos y norte de México. En 1998 se capturó el primer ejemplar y, casi tres décadas más tarde, ha colonizado gran parte de la isla, acabando con buena parte de las poblaciones de especies endémicas como el lagarto gigante de Gran Canaria (Gallotia stehlini), que está en peligro crítico de extinción, la lisa de Gran Canaria (Chalcides sexlineatus), En Peligro, y el perenquén de Boettger (Tarentola boettgeri), que ha visto reducido sus poblaciones un 50% en lugares invadidos.

Para intentar evitar la desaparición de estas especies únicas en el mundo, en 2019 se creó STOPCULEBRAREAL, un proyecto del Gobierno de Canarias y el Cabildo de la isla con el que han logrado capturar más de 20.000 serpientes invasoras, aunque el declive continúa.

Lo que ocurre en Ibiza como en Gran Canaria evidencian la extrema vulnerabilidad de los ecosistemas insulares españoles, donde la llegada repentina de un depredador foráneo actúa como un implacable catalizador de extinciones locales.

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