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El impacto del ser humano sobre la biosfera, con responsabilidades diferenciadas, es uno de los mayores desafíos en este momento histórico. Nunca hubo tanta información sobre el reto climático y la pérdida de biodiversidad. A pesar de ello, los indicadores señalan que los impactos no se frenan, e incluso se están acelerando. Se trata de demasiada información negativa que cuesta digerir. Enfrente, no cesan las iniciativas que buscan, experimentan o proponen actuar, a pesar de no ver, en ocasiones, la luz al final del túnel.
La movilización hacia la acción puede definirse, según el área de estudio, en elementos psicológicos, éticos, morales, filosóficos, espirituales, sociales, educativos, etc. En este reportaje consideraremos «fuente« o «motivación profunda« a la experiencia o razonamiento que supone un germen de acción. Conocer la raíz de este «arranque», de esta «tecla» permite poner la mirada en un elemento liberador de energías creativas.
Por ello, se entrevistó a once especialistas1 que participan en distintas áreas del ámbito climático o ambiental: del periodismo, de la academia, de la educación y del activismo. Se les pidió que trataran de identificar cuál era su fuente o motivación profunda de la que tomaban energías para actuar en sus diferentes ámbitos, aunque no lo hicieran siempre de manera consciente. Se prefirió no encuadrar las respuestas en una clasificación de referencia a priori para observar cómo eran identificadas de manera natural.
Las tres preguntas fueron:
- ¿Con qué fuente o motivación profunda conectas para actuar ante la crisis climática o ambiental?
- ¿Qué experiencias de conexión has tenido que hayan sido especiales?
- Si cultivas de alguna manera la conexión con la fuente o motivación profunda, ¿cómo lo haces?
El objetivo persigue conocer caminos por los que poder avanzar apostando por la vida, por lo común, por la especie humana y otras especies, por una gran transición frente al gran desmoronamiento; para discernir cuál puede ser nuestra propia “tecla”; o sencillamente, para hacer lo que hay que hacer, más allá de tener expectativas en lo emprendido.
El trabajo contiene sesgos en cuanto a los ámbitos de las personas entrevistadas. Por ejemplo, no hay representantes del sector de la política, de la economía o ciudadanía no especializada. Asimismo, el número de entrevistas es reducido. La pretensión no es elaborar un estudio científico, sino mapear motores de acción. Por tanto, el resultado es una aproximación a los estímulos o principios movilizadores de la acción climática o ambiental.
Fuente o motivación profunda
En cuanto a la fuente o motivación profunda, la más citada es la maternidad/paternidad. Para la periodista Ana Sánchez Tejedor, ser madre le ha hecho «pre-ocuparse» de lo inmediato y de lo que está por venir. «Desde esta vieja emoción –cuenta–, que otras muchas madres conocen y han conocido, trabajar por mejorar nuestros vínculos socio-afectivos con la naturaleza da sentido a mi vida». Los hijos también es lo primero que le viene a la científica Ivanka Puigdueta, o al educador ambiental Daniel Rodrigo, quien expone: «Hubo un pico de inflexión muy importante cuando nació mi hija. La implicación es mayor a partir de ahí. Me vuelvo más radical a partir de ese momento». También es importante para Serafín Huertas y para Isabel Moreno, quien señala que la maternidad marca todas las decisiones y todo lo que le rodea: «Soy madre en todos los ángulos de mi vida. Es una cosa que está en el cerebro y no se puede quitar».
El periodista ambiental José María Montero identifica la crisis ambiental como un problema «existencial». Ante ello le nace ser activo a través de un elemento presente tanto en la ciencia como en la espiritualidad. Desde el campo científico se trata de la «biofilia»2. «Contemplo –cuenta Montero– las amenazas ambientales como amenazas que ponen en peligro mi casa y mi familia, entendiendo ambos conceptos en toda su amplitud, porque mi casa es la naturaleza en su conjunto y mi familia todos los seres vivos”» Desde el mundo espiritual se trata de «interser»3.
Para ilustrar esta sintonía entre ciencia y espiritualidad, Montero cita al biólogo y poeta David G. Haskell, quien afirma: «No existe el individuo dentro de la biología. La unidad fundamental de la vida es la interconexión y la relación. Sin ellas, la vida termina». Por ello, Montero concluye que «si todo está interconectado, si todos intersomos, ¿cómo permanecer ajeno al desastre ambiental, al incendio de nuestra casa común, al sufrimiento de nuestros semejantes? No concibo la neutralidad ni la inacción en una coyuntura como la que nos ha tocado vivir».
La experiencia de conexión con la vida también es aludida por la profesora Gemma Teso, quien considera que la vida es extraordinariamente única, mágica, trascendente. «Una vida puesta en juego por intereses que van en contra de nuestra propia naturaleza», afirma. Gemma acentúa que «somos naturaleza, compartimos con la vida toda nuestra esencia bioquímica… incluso la cosmovisión de los pueblos indígenas está en nuestro ADN». Ana Sánchez Tejedor también intuye que es algo universal que se va perdiendo, especialmente, en las sociedades occidentales y urbanas. Reconoce que desde pequeña sintió conexión con la tierra: «Me recuerdo de niña –cuenta– hablando con el mar, asombrarme de su belleza y magnitud».
El elemento del bien común está fuertemente marcado en el educador ambiental Jesús de la Osa. Reconoce que le encanta estar en la naturaleza, pasear, o ir al Moncayo. Pero encuentra la motivación profunda en el deseo de justicia social, de equidad, en particular en este caso, en un medio ambiente saludable. Gemma Teso realiza numerosas labores, pero intuye que su principal frente está en tratar de mejorar aquello que sostiene la vida. Para ella es esencial la investigación sobre cómo recuperar la esencia de lo que somos como especie, «volver hacia una cultura más de lo colectivo, del bien común, de vivir en armonía, de respetar unos límites. Algo que parece sensato, pero que, visto con desde los ojos del imperio hegemónico, suena algo casi peligroso». Isabel Moreno señala que fue muy especial asistir al seminario Respuestas desde a comunicación y educación al cambio climático en el CENEAM4 en 2018, el cual le ayudó a personificar el cambio climático, humanizar un problema que puede parecer simplemente numérico.
El aspecto moral está presente en el ecologista Javier Zarzuela, quien tiene un sentimiento profundo de que aquí y ahora es lo que debe hacer. Trata de liberarse de expectativas y deseos. Así evita la ansiedad o frustración. «Hago lo que tengo que hacer y me desapego del resultado», dice. En ocasiones, sus hermanos le preguntan «¿Pero para qué te molestas, si no vas a salvar el mundo?». Para Javier es una pregunta mal planteada: viste de segunda mano, composta sus restos de comida o minimiza el gasto de agua caliente no porque así se salve el planeta, sino porque es lo que hay que hacer como ciudadano. «Me siento, así, coherente, de una pieza, con legitimidad para estar en este mundo, mirándolo con delicadeza, respeto y consideración», explica.
Gemma Teso considera que es un valor moral: «saber que estoy en el lado correcto de la historia». Para Ivanka Puigdueta es como un sentimiento de hacer las cosas bien, de cuidar el planeta, nuestra casa común, que pertenece a todo lo vivo. «Un sentimiento de solidaridad, de justicia, de respeto hacia las demás. Se trata de tener tu parcela limpia, así como las zonas comunes, donde habitan otras personas y otros seres vivos», expone. Maribel Ángel se refiere a los valores de humildad y responsabilidad para respetar el entorno en el que se vive, identificando como arrogante la consideración de que el mundo está a nuestro servicio. Rubén Díaz considera que «el sentido hinduista de ‘dharma’ lo refleja: encontrar el deber moral que te corresponde, lo que te toca hacer a ti, con lo que eres y tus circunstancias».
Otro motor tiene que ver con emociones básicas como el miedo y la esperanza. Es lo que señala Isabel Moreno. Se trata de un sentimiento negativo de miedo a perder lo que tenemos, lo que tuvieron nuestras generaciones anteriores, un entorno que no va a volver. También un sentimiento de pena y tristeza al observar la realidad. A la par defiende, «sí o sí», la esperanza de que es posible el mejor futuro para la ciudadanía.
El reto climático también se cuela como motivación profesional. El educador ambiental Sera Huertas identifica la paternidad como una de las motivaciones, pero reconoce que la principal es laboral. Señala que su padre, ebanista, le inculcó mucho amor a la profesión, la cual ejercía las 24 horas. «Vivir así me lleva a prolongar durante mi vida cotidiana muchas de las cosas que hago desde lo profesional; y ver, en muchas ocasiones a amistades y familia como destinatarios de mi trabajo comunicativo y educativo». Reconoce que la profesión le despierta el interés en ir mejorando, explorar sus límites, estar abierto al mundo, a la huella que deja.
El profesor universitario Rubén Díaz señala que el cambio climático se ha convertido en su principal área de trabajo y supone una rápida demanda en formación especializada. Identifica dos motivaciones claras: el mundo del conocimiento, de profundizar en los por qué; y el plano ético, de hacer algo a lo que ve sentido, que tiene implicaciones sociales y conlleva valores. La periodista Maribel Ángel también valora el ámbito científico en su profesión. La ciencia le infunde confianza. De hecho, decidió dedicarse al periodismo ambiental «porque las cuestiones ambientales necesitan el conocimiento científico para identificarse y reflexionarse».
El cultivo de la conexión con la fuente o motivación profunda
La segunda y tercera pregunta tiene a la conexión con la naturaleza como especial protagonista. Ana Sánchez Tejedor reconoce que, en su niñez, le transformó el profundo vínculo con el mar y los continuos juegos al sol en la naturaleza. En la actualidad, durante las vacaciones, pasa unos días en familia en entornos naturales de la forma más sencilla posible. En estas experiencias valora haberse bañado en pozas de un azul casi irreal, subido montes y montañas, admirado cataratas o ser sorprendidos por corzos, ciervos, lobos y jabalíes. O la entrada a la cueva de un volcán: «dentro se escuchaba el agua y olía a setas y a principios del mundo».
Javier Zarzuela señala que estos momentos de conexión o «momentos de conexión plena» aparecen inesperadamente en ocasiones en las que solo observa y se fascina con las manifestaciones de la vida, ya sea un cielo nublado o el lento movimiento de un pulgón. Para él, la fuente de conexión más potente es observar lo pequeño. «Lo pequeño es la representación de lo más grande, del Todo: observar cómo prospera una planta, cómo espera pacientemente la araña… La motivación profunda que pongo al cuidar a la planta, a la araña o a la persona, es de la misma naturaleza que mi activismo ecologista». A Gemma Teso también le conecta especialmente estar en la naturaleza, pasear con amigos, con su marido, con sus hijos… En otras ocasiones lo prefiere en soledad, para poder pensar, sentarse a ver una puesta de sol o reflexionar sobre lo que lee bajo un árbol, los cuales le parecen unos «seres fascinantes». «Conecto mucho cuando leo sobre la vida, sobre nuestra propia especie», comenta.
José María Montero reconoce que en muchas ocasiones la conexión es espontánea, inesperada, sorpresiva. Tiene identificados qué territorios activan más esa conexión, y los frecuenta. «Siempre funciona internarse en un territorio natural, perderse en un bosque, caminar por la playa o ascender a una cumbre». Además, señala otros escenarios domésticos no tan obvios, como son la cocina y la música, donde cultivar el concepto de bien común y ejercitar el músculo de la empatía. «En la cocina se materializa, de una manera sencilla y doméstica, el interser y las relaciones ocultas con el entramado de la vida, es el lugar donde se conecta la naturaleza y la cultura, el mundo natural y el mundo social». Y lo resume en una frase del periodista Michael Pollan: «lo más importante que he aprendido es que cocinar conecta«5.
En ocasiones, la conexión con la naturaleza está complementada con la espiritualidad. Ana Sánchez Tejedor señala que alimenta la conexión a través de la práctica del yoga, que tiene que ver con sentirse muy conectada con todo lo que le rodea. Lo cultiva con asanas, con lecturas o con la meditación. «Desde ahí me resulta muy evidente sentir que somos naturaleza, y que lo que le hacemos a ella nos lo hacemos a nosotros directamente», comenta.
Ivanka también conecta paseando por la sierra. Reconoce que, ahora mismo, su día a día es caótico y no dispone de mucho tiempo. «Practico yoga y es mi momento de parar, de intentar conectar conmigo misma y con todo. Luego, a veces, puedo ir a dar un paseo por el monte con mi pareja o mi familia y conectar un poco». Cuando sale al campo se asombra, se admira: «La naturaleza me llega profundamente… respirar, escuchar a los pájaros, ver los insectos». También señala los documentales sobre la biodiversidad y ecosistemas como despertadores de conexión.
La práctica de yoga también es clave para Rubén Díaz, quien reconoce que trabajar con el tema del cambio climático genera una frustración grande, un montón de emociones negativas continuadas, de carga psicológica, de ver que todo va a peor y que no llegan las transformaciones necesarias para evitar mucho sufrimiento futuro. Centrarse en ello tiene algo de frustración crónica. «Aquí me ayuda la práctica del yoga, y la conexión y conversación con la gente. Es un ir y venir… Pero permite recargarse, ayudando a estar más tranquilo con lo que hago. Me ayuda a relativizar».
José María Montero conecta cuando logra ser consciente de ese vínculo con lo vivo en lo cotidiano. Para ello precisa aislarse del ruido y el frenesí de la vida urbana, silenciarse y reducir la confusión, ser observador en calma, sin expectativas, sin prejuicios… «Lo experimento a diario cuando miro a mi gata dormitando despreocupada, cuando contemplo un árbol de mi jardín o una simple maceta del salón. Lo vivo con las luces del ocaso, con el discurrir de las nubes o con el sonido de la lluvia o el viento. Hay en esos instantes una conexión profunda con la naturaleza, con lo vivo, y un deseo poderoso de conservar todo ese universo».
El aspecto comunitario vuelve a estar presente en Jesús de la Osa. Se identifica con el trabajo con los grupos y con tender puentes para crear comunidad. «Mi potencial, mi refuerzo, mi combustible (aunque está mal hablar de combustible en temas como el cambio climático, jaja) de conexión son esos grupos de personas. Y si mantengo algunas ganas de tener cierta esperanza es por ellos».
Entre los grupos que señala se encuentra el seminario del CENEAM Respuestas desde la información y la comunicación al cambio climático, con el que aspira a que, aunque se reúna una vez al año, parezca que, quienes participan, se han visto el día anterior. «Trato de intentar cohesionar el grupo partiendo de un espacio virtual, crear un vínculo que sé que, cuando nos veamos, tiene cierta efectividad. Al margen de que me lo pase bien, de que haga mis chascarrillos, de que compartamos información pura y dura,… creo en ese trabajo de hacer comunidad».
Gemma Teso también conecta con el elemento comunitario con aquellas personas que están en sintonía. «Ese compartir, ese estar juntos para encontrar soluciones, para apoyarnos en el camino, para hacernos sentir que no estamos solos, es una gran fuente de confort y de motivación». Rubén Díaz, igualmente, considera que «la ciencia en comunidad es importante». Recuerda lecturas que le inspiraron para reconocer una aspiración de formar parte de algo que juntase la academia con la transformación. Otra experiencia de conexión fueron las manifestaciones juveniles de Fridays For Future en Madrid, también apuntado por Ivanka.
El educador ambiental Dani Rodrigo señala diversas experiencias comunitarias, tales como facilitar que la ciudadanía conociera espacios naturales, o contactar con personas muy sensibilizadas con la transformación de la sociedad en la creación de un partido verde. También encamina sus energías a saber más sobre el tema climático, que difunde a través de la investigación y la divulgación. Dirigir el podcast Diálogos por el Clima le permite entrevistar y conocer a gente que, de otra manera, no sería posible.
Isabel Moreno, por su parte, valora rodearse de personas que tienen el mismo espíritu y los mismos objetivos. «Los trabajos de tantísima gente durante muchos años nos muestran que las historias de éxito, las historias positivas nos mueven a continuar esa senda. Ciertamente necesitamos continuar teniendo mensajes positivos y esperanzadores. Es importante rodearte de personas que van en esa línea creativa de confiar en la lucha, de confiar en el hacer».
Sera Huertas cultiva la motivación con su profesión. Reconoce que quienes se dedican a la educación ambiental ven en el día a día conexiones que quizás el ciudadano normal no visualiza. Identifica el suceso catastrófico de la dana de Valencia como uno de los eventos que más profundamente le han marcado. Le supuso un fuerte impacto emocional, personal y profesional, por las conexiones de amistad, incluso familiares, que se vieron directamente afectadas. Menciona el dolor de observar la persecución que sufrieron en el ámbito de la comunicación científica y del periodismo. Isabel Moreno sufrió ese acoso en primera persona en las redes sociales, aunque en la actualidad ya no es objeto de esta agresividad. Su labor en la comunicación climática le lleva a tener muy presente el tema, relacionando muchas cosas. Aunque los escenarios geopolíticos actuales nos ponen en un escenario de futuro peor, Isabel valora que «a veces hay resultados cuando haces cosas, cuando te quejas. Un ejemplo es que el gobierno ha mandado a la fiscalía esa carta denunciando los ataques que sufren los meteorólogos y los divulgadores climáticos». Estos resultados positivos le animan a seguir luchando. Por su parte, Maribel Ángel, coordinadora de la verificadora maldita.es conecta con la voluntad de análisis de la realidad, indagando en la ciencia, para aplicarlo en sus decisiones cotidianas.
Conclusiones
Al observar las fuentes o motivaciones profundas se percibe un caleidoscopio diverso de respuestas complementarias: elementos afectivos, existenciales, morales/éticos, comunitarios, profesionales o científicos. Los motores de la acción climática y ambiental surgen tanto de fuentes internas como colectivas. Los/as hijos/as aparecen como el principal motor de implicación, modificando la percepción de los desafíos en los progenitores. También son identificados la conexión con la naturaleza, la experiencia de interrelación con la vida, la opción por la justicia social, el bien común, el ámbito profesional o la referencia científica. Por otro lado, predomina la apuesta por la acción climática o ambiental sin depender de los resultados, esto es, actuar por considerar que «es lo que hay que hacer».
La conexión con la naturaleza tiene un especial peso a la hora de cultivar el nexo con la fuente, bien sea en espacios naturales o en la atención a lo que nos rodea en lo cotidiano. El sentido de pertenencia a ella estimula la acción. La práctica espiritual, particularmente el yoga, aparece en varias entrevistadas, como herramienta de recomposición emocional a través del silencio y de la contemplación. La creación de comunidad, los espacios colectivos, el ejercicio profesional, las movilizaciones sociales y el aval de la ciencia también son identificados como una inspiración y un apoyo, ligados al ejercicio de la solidaridad. En cuanto a las experiencias especiales, la mayoría de las referencias señalan a vivencias en espacios naturales. También se alude a momentos cotidianos, a la participación en grupos afines, a movilizaciones o a acontecimientos impactantes.
Si bien hay literatura científica al respecto, se ha intentado buscar la frescura de no encasillar las respuestas a priori. Como conclusión, como también han recogido distintos tipos de estudios, se aprecia que la acción climática arranca de elementos afectivos, éticos, comunitarios, de valores y de experiencias, entre los que la ciencia está presente, aunque con un protagonismo relativo. Estas observaciones dan pistas para reflexionar sobre ellas o para tenerlas presente en estrategias comunicativas y educativas. Sería interesante profundizar con una ampliación de la muestra en distintos entornos socioculturales y profesionales, y estudiar si ciertas motivaciones prevalecen más en unos que en otros. Se atribuye a Séneca la frase «Si no se sabe hacia qué puerto se navega, ningún viento es favorable». En esta ocasión se trata de qué puerto se parte, un elemento clave en la ecuación, aunque Séneca no lo nombrara.
Notas al pie:
1. En el ámbito del periodismo y la divulgación se entrevistó a Isabel Moreno, José María Montero, Ana Sánchez Tejedor y Maribel Ángel; en el ámbito académico a Gemma Teso, Rubén Díaz e Ivanka Puigdueta; en el ámbito de la educación ambiental a Jesús de la Osa, Serafín Huertas y Daniel Rodrigo; y en el ámbito del activismo ecologista a Javier Zarzuela.
2. Propuesta por Edward O. Wilson. Viene a identificarse con una afinidad innata, instintiva y genética que tenemos los seres humanos por conectarnos con la naturaleza y todas las formas de vida.
3. Propuesta por el budista Thich Nhat Hanh. Viene a significar que nada existe por sí solo, sino que todo está interrelacionado y es interdependiente.
4. Este grupo también es citado como inspirador por Rubén Díaz, Jesús de la Osa y Dani Rodrigo.
5.
José María prosigue: “La música es una suerte de enzima que acelera los procesos de conciencia, de asombro, de conexión con nuestras raíces, de sentimiento de pertenencia (y por tanto de comunidad). En ninguna de estas dos actividades funciona la suma de beneficios individuales, sino el beneficio compartido, y ese es justamente el soporte de bienes colectivos imprescindibles para una transición ecológica justa. Pensar en un futuro deseable es ineludible, y para poder pensar en positivo hay que hacer de nuestra vida un espacio agradable donde el bien común se trabaja desde la alegría y no desde el sacrificio”. Y concluye: “la única revolución posible es la revolución de lo próximo, de lo cercano”.


Anuncien una gran mobilització el 20 de setembre contra l’ampliació de l’aeroport del Prat.
El passat dijous, 28 de maig, entitats socials i ambientals han anunciat, per al dia 20 de setembre, a les 12:00, una gran mobilització contra el projecte d’ampliació de l’aeroport del Prat. El moment per a aquesta gran mobilització és estratègicament clau, ja que serà un període preelectoral, farà cinc anys de la concorreguda concentració a Barcelona contra el mateix projecte, i el Govern de l’Estat ja haurà aprovat, o estarà a punt de fer-ho, el Document de Regulació Aeroportuària 2027-2031 d’AENA, que preveu 13000 milions d’euros per a molts aeroports de l’Estat, entre els quals, el del Prat.
Els governs de la Generalitat i de l’Estat continuen apostant obsessivament per l’ampliació de l’aeroport del Prat, tot i els claríssims impediments ambientals que existeixen per dur-la a terme i els evidents impactes de tota mena que pot ocasionar. I, malgrat això, el projecte d’ampliació de l’aeroport s’està duent a terme, segons els seus plans previstos, però d’amagat, per no causar una contestació ciutadana extra davant els diversos conflictes socials que han d’afrontar (Rodalies, educació, sanitat, habitatge…). Així, AENA, ja està licitant per més de 5 milions d’euros la redacció del Pla Director de l’aeroport que inclourà l’ampliació prevista i, amb el beneplàcit d’ambdós governs, preveu destinar, com a mínim, 3200 milions d’euros a l’ampliació, més de 1000 milions dels quals ja s’invertiran en el quinquenni 2027-2031 per ampliar la T1, reformar la T2 i recondicionar la pista mar. Tot plegat incrementarà la capacitat actual de l’aeroport i és el primer pas de la futura gran ampliació planejada…
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