Etiquetas:
La física y meteoróloga Alicia López Rejas llegó a la dirección de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) el pasado mes de abril, en un momento de remodelación. La anterior presidenta, María José Rallo, dimitió tras una etapa convulsa en la que la agencia fue objeto de ataques sin fundamento por parte de la extrema derecha tras la dana de València. Al mismo tiempo, la Aemet desdoblaba su jefatura: pasaba a estar presidida por el secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, y dejaba las labores ejecutivas a la nueva directora general. López Rejas, con tres décadas de experiencia en la Administración y un perfil eminentemente técnico, asumía el cargo con el objetivo de humanizar el trabajo y las relaciones laborales y de seguir siendo la mejor fuente de información sobre el tiempo y sobre el clima que hay en España.
Todo el mundo puede imaginarse más o menos cuál es el trabajo de un abogado del Estado, ¿pero cuál es el trabajo de un meteorólogo del Estado?
Me gusta mucho esta pregunta porque estamos haciendo muchas ofertas de empleo público para tratar de reponer las jubilaciones que se están produciendo. En la Aemet hay básicamente tres cuerpos: los observadores, los predictores y los meteorólogos. Los observadores se encargan de la monitorización del tiempo. Pueden acceder quienes tengan el bachillerato o una FP superior. Luego vienen los predictores, que deben ser diplomados en meteorología y se reparten en varias unidades funcionales de predicción: aeronáutica, marítima, de montaña y de fenómenos adversos. Estos son analistas e interpretan los modelos numéricos. Y por último está el cuerpo superior de meteorólogos, que es el más especializado y el de mayor responsabilidad. Además, la Aemet necesita también técnicos de información y comunicaciones, los llamados «TICS», que son fundamentales porque las predicciones tienen una base computacional y la inteligencia artificial y el machine learning son muy importantes. Entre todos generamos la información necesaria para que los organismos que tienen que tomar decisiones lo hagan de una manera veraz y fiable. Y, además, somos una institución operativa: hacemos predicciones para contribuir a la seguridad de vidas y bienes. Es un trabajo bonito, necesario y útil para la sociedad.
Los observadores y los técnicos parecen insustituibles pero, ¿la inteligencia artificial (IA) pone en peligro el trabajo del resto de meteorólogos?
Realmente no. Los distintos usuarios de la información, como los organismos institucionales o los centros de control aeronáutico, están pidiendo sobre todo asesoría experta. Piden una interpretación de los datos automáticos que les proporcionamos. Con el avance de la IA probablemente tendremos mejores datos sobre los campos de viento, por ejemplo. También se tenderá a automatizar una parte de las tareas, pero habrá que enfocarse en la asesoría, que es algo que cada vez nos demandan más.
Si hay un campo en el que los datos son abundantes, con una cronología que abarca siglos, ese es el campo de la meteorología.
Claro. La actividad meteorológica es esencialmente colaborativa. Las observaciones entran desde multitud de sectores y se van introduciendo en los modelos numéricos. Todo empezó a principios del siglo XX. Había muy pocos observatorios y se realizaban lo que llamamos «observaciones sinópticas», de todo el globo. Y no había más remedio que colaborar. La atmósfera es de todos. No tenemos una atmósfera que sea nuestra. Y además se va moviendo.

Y con esos datos son capaces de predecir el tiempo de la próxima semana.
Hay varias formas. Una de ellas, por ejemplo, abarca 15 días y se realiza de manera iterativa, que es una manera de resolución de ecuaciones matemáticas. Eso funciona a corto plazo. Pero también manejamos proyecciones climáticas que operan de manera diferente, en las que obtenemos una representación de cómo va a ser el clima en los siguientes años o décadas. Todo esto ya está automatizado, y desde mucho antes del boom de la IA.
Tras la huelga de Semana Santa, los trabajadores de la Aemet pactaron un aumento de plantilla y dicen que no se está cumpliendo. ¿Cómo evoluciona ese asunto?
Yo llegué a la dirección después de que se cerrara ese acuerdo para mejorar las condiciones laborales y lo suscribo totalmente. Es muy necesario. En el equipo directivo lo creemos todos. En eso vamos de la mano de la representación sindical, que hizo un gran esfuerzo para proponer escenarios factibles. Pero la oferta de empleo público de la que le hablaba antes ya estaba en marcha y es algo que implica a varios ministerios. Esa oferta no llegó al número exacto pactado, pero muchos otros puntos del acuerdo están en funcionamiento. Por ejemplo, se ha conseguido más dinero para gratificaciones, con lo que los trabajadores ven más valorado su trabajo. Porque lo cierto es que en la Aemet los sueldos son un poco más bajos que en el resto de organismos del Estado. Y vamos a hacer un esfuerzo grande por que esas plazas que no se han ofertado este año se puedan recuperar en 2027 y 2028. Si la situación política lo permite, claro.
El hecho de dividir la jefatura de la Aemet entre la presidencia y la dirección, ¿le quita o le pone presión a la directora?
Yo creo que quita un poquito. En cualquier caso, la Aemet siempre ha tenido que responder ante la secretaría de Estado correspondiente, la que tocara en cada época. Pero que ahora se hagan cargo de la presidencia creo que puede ayudar. Van a dar líneas de trabajo, van a enfocar, y creo que eso puede ser muy positivo.
Estaba pensando en cómo afectará a esta organización un posible cambio de gobierno.
Pero el estatuto está aprobado. Es un real decreto. La persona que ocupe la secretaría de Estado de Medio Ambiente tendrá que presidir la Aemet. Otra cosa es que eliminen la secretaría de Medio Ambiente o que la adscriban a otro organismo. Entonces ya se verá cómo se hace el reparto de funciones.
Desde Europa resulta complicado pensar en términos americanos. Pero allí no sería extraño poner a un negacionista al frente de una secretaría de Estado como la de Medio Ambiente.
Creo que no debemos hacer futuribles. Si hay cambio de gobierno, ya veremos cómo se organiza. Yo espero que no sea alguien negacionista.
Ahora que es directora, que es un cargo al que se le presuponen más labores administrativas, ¿cuál es el trabajo como física que más va a echar de menos?
Yo siempre me he dedicado al campo de la predicción operativa. Lo que más me gustaba era la predicción de fenómenos meteorológicos adversos y la atención a emergencias.
¿Y cuál es el trabajo que más le motiva ahora como directora?
Ya cuando era técnico tenía una visión de lo que podría mejorarse. Nunca había pensado que fuera desde la presidencia o la dirección, pero sí desde un puesto, digamos, de más responsabilidad. Ahora estoy ahí y aquellas ideas se pueden poner en marcha. Confieso que no tan fácilmente como pensaba [risas]… pero se pueden hacer. Eso me motiva mucho. Me gustaría implantar una forma de trabajar en la que el cuidado fuera muy importante y que se avanzara en todo lo que tiene que ver con la igualdad. Eso al margen de mi labor técnica.
¿Cree que el público general reconoce el trabajo de los meteorólogos?
De meteorología todo el mundo opina. Es algo que nos afecta a todos. Todo el mundo cree saber, ya sea en entornos rurales o en los urbanos, y con eso hay que lidiar. Todos los meteorólogos y los climatólogos ponemos mucho esfuerzo en explicar que esta información es «la buena», la mejor que podemos tener. Eso no significa que una predicción concreta, en un momento específico, justo encima de un señor determinado no se haya cumplido en la hora exacta, claro. Pero quizás por eso no se valore la calidad de esta información y todo el trabajo que hay detrás. Es una percepción social, qué se le va a hacer. ¡Mi propio padre opina y me lleva la contraria! [Risas] Me preocupan más otras personas que hacen sus predicciones sin metodología científica y, además, los medios de comunicación les dan voz. Eso es peligroso, porque se ponen en la misma balanza el trabajo serio, el estudio, la cooperación internacional, la computación… y este tipo de métodos inventados.
¿Cuánto daño ha hecho el escepticismo hacia la ciencia que se fomenta desde la extrema derecha?
Los bulos tienen mucha presencia en las redes sociales y para la gente joven cada vez es más importante esta fuente de información, pero nuestra impresión es que no se corresponden con la percepción general. Hay una encuesta de More In Common que se hizo tras la dana y que preguntaba sobre la Aemet y la credibilidad de su información. Alrededor del 75% consideraba que era veraz. El otro 25% desde luego no es desdeñable, pero no se corresponde con la impresión que pueden dar las redes. La Aemet trabaja para que ese 25% también confíe, para que se nos perciba como los mejores, porque realmente creemos que lo somos.
Con los datos en la mano, ese 25% sólo puede explicarse a partir de la psicología o de la ideología, ¿no?
A veces no es fácil comunicar esta información. Podemos hablar de probabilidad de chubascos dispersos en una región y, si luego llueve a tres kilómetros de donde estás tú, puedes pensar que hemos fallado, pero no, la predicción se ha cumplido. Y sobre la predicción climática, la que damos a las diferentes instituciones para prever la adaptación y la mitigación al cambio climático… es que eso no se puede rebatir. En el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático, Aemet aporta información de gran valor para poder desarrollar los indicadores necesarios en la elaboración de estrategias. Y aquí hay que hacer una gran labor de comunicación para que todo el mundo entienda, en los sectores energético, industrial y agrícola, que esa es la mejor información que van a tener.
Se calcula que en 2040 la media de la temperatura de España subirá 2 ºC. ¿Cómo será el país entonces?
Habrá episodios de calor más largos y más intensos. El régimen de precipitaciones va a cambiar. No está muy claro si lloverá menos, pero sí se sabe que cambiará la forma de llover. Lo hará de forma más intensa y localizada. Si esas precipitaciones caen en lugares vulnerables pueden causar desastres. ¿Cómo va a ser el país? Pues dependerá mucho de lo que se haga para adaptarnos, para mitigar los efectos y para empezar a frenar el cambio climático. El panorama no será el mismo si, por ejemplo, se ejecuta una política de reordenación del territorio en la que se vayan quitando viviendas de zonas inundables.
¿Se sabe qué tanto por ciento de nuestro PIB depende directamente de la meteorología?
Ese dato exacto no lo tenemos, pero sí se sabe que por cada euro invertido en sistemas meteorológicos y climáticos se pueden obtener entre 10 y 35 euros en beneficios económicos. Todo lo que se haga para tener mejores observaciones, mejores sistemas de detección, mejores sistemas de predicción va a ahorrar mucho dinero en bienes. Y en vidas también.
Últimamente se habla con mucho alarmismo del fenómeno de El Niño. ¿Está justificado?
El Niño está monitarizado desde hace muchos años y se conoce muy bien. Ocurre cada 10 años, más o menos, y se produce por un calentamiento de las aguas del Pacífico muy por encima de lo normal. Esto tiene consecuencias globales. Hay zonas del planeta donde la correlación entre El Niño y los fenómenos adversos es muy evidente.
¿Estamos en una de esas zonas?
No, España es una zona especialmente vulnerable al cambio climático pero no al Niño. Distintos organismos internacionales están monitorizando las aguas del Pacífico y parece que estamos ante un episodio especialmente intenso. Con El Niño sube la temperatura del planeta. Aumentan las sequías en el Sahel. Se producen regímenes de precipitaciones muy importantes en el noroeste del continente sudamericano. Todos estos efectos se suman, además, a los del cambio climático. Es preocupante porque debemos pensar a nivel global.
La Aemet acaba de estrenar un nuevo índice de peligro de incendios forestales. ¿En qué se diferencia del anterior?
La gran novedad es que ahora incorpora información sobre la cubierta vegetal y el suelo. Antes, sólo con las condiciones atmosféricas, el resultado nos daba zonas muy amplias de peligro extremo de incendios porque estamos viviendo veranos con temperaturas muy altas. Al incluir esta variable del suelo, esta información es más precisa. Además, antes se daba con una resolución de 5 kilómetros y ahora es de 1 kilómetro. Así se afina mejor dónde se pueden producir los incendios. Pero hay que señalar algo muy importante: que el peligro de incendio sea muy alto, incluso extremo, no implica que vaya a haber un incendio. Tiene que haber un mecanismo de disparo, algo o alguien que haga que salte la chispa.


Una puta a la que se le termina el chiringuito…