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Las condiciones para que se desarrolle el fenómeno de El Niño ya están aquí. En abril, la Organización Meteorológica Mundial avisaba de que su llegada era inminente. Ahora, el organismo de Naciones Unidas ha actualizado sus previsiones y señala que existe un 80% de probabilidades de que este evento climático se consolide entre junio y agosto de este mismo año, una cifra que asciende a cerca del 90% si proyectamos el pronóstico hasta el mes de noviembre.
Aunque todavía persiste un margen de incertidumbre sobre la intensidad máxima que alcanzará y el momento exacto de su apogeo, la mayoría de los modelos de predicción apuntan a que será, como mínimo, un evento de carácter moderado, sin descartar en absoluto que evolucione hacia un episodio fuerte. Sobre esto último, la OMM recuerda que no utiliza el término «superniño» (término habitual en medios) porque “no forma parte de las clasificaciones operacionales estandarizadas”.
El Niño y La Niña representan fases opuestas de El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), uno de los motores climáticos más poderosos de la Tierra. Históricamente, el fenómeno de El Niño se caracteriza por un calentamiento de la temperatura de la superficie del océano en el Pacífico ecuatorial central y oriental. Suele ocurrir con frecuencias que varían entre los dos y los siete años, y dura entre nueve y 12 meses.
Las observaciones recopiladas por la OMM revelan que, entre finales de abril y mediados de mayo, la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial centro-oriental ya rozaba los umbrales que definen históricamente a El Niño. A nivel subsuperficial, la situación es aún más anómala: se han registrado temperaturas de hasta 6 °C por encima de la media, un enorme depósito de calor profundo que está alimentando directamente el calentamiento en la superficie oceánica.
En un contexto de crisis climática, la llegada de El Niño no es un mero ciclo meteorológico más. «La ciencia es clara: El Niño llega a nuestra puerta en los próximos meses con un 90 % de certeza. El mundo debe tratarlo como la advertencia climática urgente que es», ha señalado António Guterres, secretario general de la ONU. Para el mandatario, este fenómeno «echará leña al fuego de un mundo en calentamiento», provocando que los impactos climáticos golpeen con mayor dureza y crucen fronteras a una velocidad devastadora. Ante esta realidad, Guterres ha vuelto a poner el foco en la raíz del problema, exigiendo poner fin a «la adicción a los combustibles fósiles», acelerar el despliegue de las energías renovables y proteger a las poblaciones más vulnerables.
Precipitaciones y sequías
Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, ha insistido en la necesidad de “prepararnos para un posible fenómeno de El Niño intenso” que “agravará la sequía y las fuertes lluvias, e incrementará el riesgo de olas de calor tanto en tierra como en el océano”.
Como ha recordado Saulo, el último fenómeno de El Niño, ocurrido en 2023-24, fue uno de los cinco más intensos registrados y contribuyó, junto al cambio climático, a las temperaturas globales récord de 2024, hasta ahora el año más caluroso desde que hay registros.
Aunque la OMM recalca que no hay pruebas de que el calentamiento global aumente la frecuencia o la intensidad de los fenómenos de El Niño, sí deja claro que actúa como un poderoso amplificador de sus efectos. Un océano y una atmósfera sobrecalentados implican una mayor disponibilidad de energía y humedad, el combustible perfecto para desencadenar eventos meteorológicos violentos.
Si bien cada fenómeno de El Niño es único en cuanto a su evolución, patrón espacial e impactos, los patrones históricos y las nuevas proyecciones de la OMM indican que este ciclo alterará profundamente el mapa de precipitaciones. Se espera un incremento de las lluvias -y, por tanto, un mayor riesgo de inundaciones- en el Cuerno de África, Asia central, el sur de Estados Unidos y zonas del sur de Sudamérica. Mientras, millones de personas se enfrentarán a condiciones mucho más secas y cálidas en Centroamérica, el norte de Sudamérica, el Caribe, Australia, Indonesia y el sur de Asia.
Además, los efectos se dejarán sentir en la temporada de huracanes. La influencia atmosférica de El Niño tiende a dificultar la formación de ciclones en la cuenca atlántica -motivo por el cual la NOAA estadounidense pronostica una actividad por debajo de lo normal en esa región- mientras que puede avivarlos considerablemente en el Pacífico central y oriental.
La OMM concluye su informe con una actualización climática estacional que deja muy poco margen para el optimismo: para el trimestre de junio a agosto se proyecta un dominio casi universal de temperaturas superiores a la media en todo el planeta.


…Guterres ha vuelto a poner el foco en la raíz del problema, exigiendo poner fin a «la adicción a los combustibles fósiles»
Gas No es Solución muestra su rechazo a la obligación de nuevos objetivos para el biometano
La red rechaza el proyecto de Real Decreto del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico que establece objetivos obligatorios de inyección de biometano en la red gasista.
Gas No es Solución considera que consolida la dependencia del sistema del gas y desvía recursos públicos que deberían destinarse a la reducción del consumo, la electrificación y el abandono definitivo de los combustibles fósiles.
El problema no es el biometano en sí mismo, sino la obligación de inyección de un volumen mínimo en la red que incentiva mantener y ampliar una infraestructura cuyo desmantelamiento debería estar ya planificado, tal y como recoge la Directiva y el Reglamento del “paquete de gas”, normas que el Gobierno español aún no ha transpuesto al ordenamiento jurídico estatal. Mantener esta infraestructura implica seguir repercutiendo sus costes fijos a los consumidores, en especial a los más vulnerables, bloquear inversiones en alternativas más eficientes y retrasar la reducción estructural del consumo de gas.
El biometano no es energía renovable: es gestión de residuos.
La red advierte de que el objetivo principal de producir biogás y biometano no es satisfacer una necesidad energética, para la que existen tecnologías más rentables, seguras y sostenibles, sino reducir los problemas de contaminación de suelos y aguas derivados de la no gestión y acumulación de residuos orgánicos. El elevado coste inicial de inversión, el riesgo de fugas de metano durante su producción y almacenamiento, y los impactos sobre el entorno son razones de peso para cuestionar su categorización como tecnología renovable de producción energética. Además, el coste final del biometano es mucho más elevado que el gas fósil y la electricidad, lo que repercutirá negativamente en los consumidores.
La promoción de la inyección de biometano en la red gasista sin sectorización es incompatible con el requisito de la Directiva de Eficiencia Energética en Edificios (EPBD), que establece 2040 como fecha límite para la eliminación de las calderas de combustibles fósiles: una caldera que funciona con un 6 % de biometano y un 94 % de gas fósil sigue siendo una caldera de combustible fósil. La transición energética no puede consistir simplemente en cambiar el origen de la misma molécula manteniendo intacto el modelo energético del pasado.