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El 2026 está decidido a romper todos los récords posibles. Y lo está logrando. El mes de agosto que acabamos de dejar atrás es, superando por 0,01 ºC a julio de 2023, el mes más caluroso jamás registrado. Esto ha contribuido a que el verano al completo sea el más caluroso tanto en España (lo certificó este miércoles la AEMET) como en Europa Occidental y a nivel global (empatado con verano de 2024), según revela este jueves el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S).
Agosto de 2026 se sitúa 0,85 °C por encima de la media del periodo 1991-2020 y, lo que es aún más crítico, 1,65 °C por encima de los niveles preindustriales estimados entre 1850 y 1900. De este modo, agosto se ha convertido en el primer mes que rompe la barrera de los 1,5 °C de calentamiento global desde noviembre de 2025. Precisamente, hace una semana la ONU reconocía el fracaso político de la última década para limitar el calentamiento a 1,5 ºC y apuntaba a un calentamiento de 1,8 ºC para finales de siglo en el mejor escenario posible.
Océanos en ebullición y la amenaza de El Niño
El calor extremo llega también a los océanos. Durante el mes de agosto, la temperatura media mensual de la superficie del mar en los océanos (excluyendo los polos) se situó en 21,07 °C, la más alta registrada para este mes. Este dato pulveriza el anterior récord de 20,98 °C establecido en 2023, y empata con marzo de 2024 como la media mensual más elevada en cualquier mes del año. Además, se alcanzó una temperatura diaria histórica a nivel mundial en estas zonas extrapolares, llegando a los 21,11 ºC.
Copernicus atribuye este fenómeno marino extremo al calentamiento global provocado por la quema de combustibles fósiles, sumado al rápido aumento de las temperaturas en el Pacífico ecuatorial. En esta región, el fenómeno climático de El Niño sigue intensificándose y amenaza con convertirse en uno de los más fuertes de los que se tiene constancia. Las consecuencias ya son palpables en los continentes: el Servicio de Vigilancia de la Atmósfera de Copernicus (CAMS) advierte que estas condiciones favorecen la intensificación de los incendios forestales estacionales en toda Indonesia. En Europa, las temperaturas del mar también alcanzaron máximos históricos en agosto en el Mediterráneo occidental y la costa atlántica, asociándose a intensas olas de calor marinas.
Europa: calor y sequía
El continente europeo ha sido una de las zonas más castigadas. Agosto puso fin al verano más cálido jamás registrado en Europa occidental, superando el prolongado récord del año 2003. En el conjunto de Europa, el verano de 2026 ha sido el tercero más caluroso de los registros, solo por detrás de 2024 y 2022, y la temperatura media de agosto se situó en 20,26 °C, superando en 1,10 °C su promedio habitual. Esta temporada estival se ha caracterizado por una sucesión de olas de calor excepcionalmente tempranas y persistentes que comenzaron en mayo y se han prologado hasta septiembre.
La falta de precipitaciones y el calor extremo han desencadenado una grave sequía en gran parte de Europa central, oriental y occidental. Países como Francia, Reino Unido, Hungría, Rumanía y Serbia han registrado condiciones de sequía severa. Los efectos en la hidrología son drásticos: arterias fluviales como el Rin, el Danubio, el Dniéper y el Bug Meridional sufrieron caudales excepcionalmente bajos. A lo largo de la temporada estival, tramos de ríos como el Sena, el Ródano y el Loira marcaron sus caudales más bajos desde que comenzaron los registros de datos en 1992. Como contraste, zonas como el oeste de la Península Ibérica, los Alpes y el noreste de Europa registraron lluvias muy superiores a la media que provocaron inundaciones locales.
La advertencia de especialistas
Ante estos datos, Samantha Burgess, responsable estratégica de clima del CEPMPM, ha querido resumir la extrema gravedad de la situación. «Agosto de 2026 fue un mes extraordinario en el historial climático mundial», señaló, advirtiendo de que el retorno a temperaturas globales superiores a los 1,5 °C es innegable. Burgess concluyó que estos registros térmicos del océano y el verano en Europa Occidental demuestran «cómo el cambio climático está provocando fenómenos extremos tanto en la atmósfera como en los océanos», advirtiendo que los ecosistemas y las economías globales están sufriendo cada vez más estos impactos.
A esto esto hay que sumar que los ecosistemas polares siguen retrocediendo: la extensión del hielo marino en el Ártico se posicionó como la duodécima más baja jamás registrada en agosto, mientras que en la Antártida ocupó el cuarto lugar de las menores extensiones históricas.

