De Iniesta a Ferran: dos estrellas y 16 años de cambio climático

Entre 2010 y 2026, la selección masculina de fútbol ha logrado dos mundiales, una Eurocopa y una Liga de Naciones. En paralelo, los eventos extremos y los registros climáticos no han dejado de batir récords.
De Iniesta a Ferran: dos estrellas y 16 años de cambio climático
Foto: FIFA.

Han pasado 16 años entre el primer Mundial masculino logrado por la Selección Española en Sudáfrica y el segundo conseguido este pasado domingo en Estados Unidos. 192 meses donde España también ha levantado una Liga de Naciones de la UEFA y dos Eurocopas. Pero más allá de lo deportivo, los 5.844 días que separan una estrella mundial de la otra han supuesto una cascada de eventos y datos que confirman la velocidad y voracidad de la crisis climática.

Concentración de CO₂

El 11 julio de 2010, Andrés Iniesta metió en el minuto 116 de partido el gol que daba a España su primera Copa del Mundo. Ese día, la concentración de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera era de 390,38 partes por millón. El 19 de julio de 2026, cuando Ferran Torres metió el tanto que daba el segundo Mundial de la historia de la selección, la concentración de CO₂ atmosférico fue de 428,76 ppm.

En menos de dos décadas, la concentración de CO₂ (principal gas responsable de calentar el planeta) en la atmósfera se ha incrementado un 10%. Se considera que 350 ppm es el nivel ‘seguro’. Esa cifra se superó a mediados de la década de los 80.

Temperatura global

La acumulación de dióxido de carbono (y otros gases) ha disparado los termómetros a nivel global. La Organización Meteorológica Mundial confirma que el periodo 2015-2025 ha concentrado los 11 años más calurosos jamás registrados. En 2010, año de la primera estrella, el calentamiento global era de unos 1,03 ºC respecto a la época preindustrial (1850-1900), según el conjunto de datos HadCRUT5, de la Oficina Meteorológica del Reino Unido. 16 años más tarde, ya con la segunda medalla, el calentamiento ronda los 1,4 ºC. Y, en vista de que este año se está desarrollando un fuerte evento de El Niño (fenómeno natural recurrente que calienta las aguas del Pacífico), 2026 apunta a ser el año más caluroso jamás registrado.

Nivel del mar

El océano es uno de los grandes golpeados por el cambio climático y el aumento de la temperatura global. Es, además, uno de los grandes aliados al atrapar el exceso de gases que generan las actividades humanas, una gran labor que cada vez le cuesta más llevar a cabo.

Una de las grandes consecuencias del calentamiento global es el ascenso del nivel del mar, con aumentos sin precedentes en los últimos 2.500 años o más. Los principales impulsores de esta subida son la expansión del agua de mar a medida que se calienta y el agua añadida por el derretimiento de las capas de hielo y los glaciares.

En julio de 2010 se registró una subida del nivel del océano de 4,56 cm desde el inicio del registro por satélite en 1993. En julio de 2026, el nivel del mar se situaba ya en 10,14 cm.

Un aumento de apenas unos milímetros puede tener un gran impacto en las inundaciones y la erosión costera, exponiendo a las poblaciones a un mayor riesgo de tormentas e inundaciones e intrusión de agua salada. Además, implica la desaparición de islas y sus habitantes, como es el caso de Tuvalu, uno de los muchos territorios situados a nivel del mar que están condenados por la crisis climática.

Deshielo de los polos

El derretimiento acelerado de los polos es otra de las grandes fracturas climáticas que se han ensanchado en estos 16 años. En julio de 2010, la Antártida ya acumulaba una pérdida de 948 gigatoneladas de masa de hielo respecto a los niveles de 2002. Para cuando España levantó su segunda copa mundial en 2026, esa pérdida se había disparado hasta las 2.609 gigatoneladas. Esto supone que, solo entre un mundial y otro de España, el continente helado del sur se ha desprendido de 1.660 gigatoneladas de hielo.

El escenario en el hemisferio norte es aún más drástico. Durante la primera victoria mundialista, Groenlandia registraba una mengua de 2.067 gigatoneladas de hielo respecto a 2002. En el tiempo transcurrido hasta la segunda estrella, ha sumado a su balance una pérdida de más de 3.500 gigatoneladas de hielo.

Más allá de los datos: eventos extremos

Entre 2010 y 2026, el cambio climático provocado por la quema de combustibles fósiles y los usos del suelo no solo se hace evidente a través de cifras y registros. Entre victoria y victoria de España en la Copa del Mundo, España ha sufrido un gran número de eventos extremos dopados por el calentamiento global que han causado innumerables pérdidas humanas y económicas.

Las últimas décadas han marcado la transición hacia incendios más rápidos, incontrolables y capaces de modificar la meteorología local (pirocumulonimbos), impulsados por sequías prolongadas y olas de calor extremas. Entre 2010 y julio de 2026, han ardido en España 1.736.979 hectáreas, según datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS).

En 2012, los incendios simultáneos en la Comunidad Valenciana calcinaron cerca de 50.000 hectáreas en julio. Poco después, el fuego del Alt Empordà (Girona) dejó cuatro fallecidos y arrasó más de 13.000 hectáreas empujado por una fuerte tramontana.

En 2017, una inusual ola de incendios fuera de temporada quemó casi 50.000 hectáreas en el noroeste peninsular. La propagación fue exacerbada por los vientos huracanados asociados a los restos del huracán Ophelia, dejando cuatro víctimas mortales en España y decenas en Portugal. En septiembre de 2021, el incendio de Sierra Bermeja (Málaga) calcinó unas 10.000 hectáreas y se cobró la vida de un bombero forestal.

En el año 2022, destacaron los dos megaincendios de la Sierra de la Culebra (Zamora) en junio y julio, que devastaron más de 60.000 hectáreas de alto valor ecológico, así como el virulento fuego de Bejís (Castellón). Al año siguiente, un incendio extremadamente complejo afectó a la corona forestal de Tenerife, abarcando más de 14.000 hectáreas, lo que obligó a la evacuación de miles de personas.

El año 2025 destrozó todos los registros y se coronó como el más devastador de toda la serie reciente, con 393.079 hectáreas calcinadas en 350 incendios. Esta inmensa pérdida de masa forestal por sí sola representa más del 20% de todo lo quemado en los últimos 16 años.

En lo que llevamos de 2026 han ardido 116.000 hectáreas. La mayoría corresponden al incendio que actualmente se desarrolla en La Mierla (Gudalajara), donde se han quemado hasta el momento más de 33.000 hectáreas.

En estos 16 años, también ha habido lluvias torrenciales e inundaciones. El aumento de las temperaturas oceánicas ha inyectado una dosis de energía y humedad sin precedentes en la atmósfera, alterando drásticamente los patrones de precipitación en España. 

La vertiente mediterránea ha sido la gran zona cero de esta escalada. En septiembre de 2012, una dana desbordó la cuenca del Guadalentín dejando 13 fallecidos entre Murcia y Almería, un trágico balance que se calcó en 2018 cuando un torrente arrasó la localidad mallorquina de Sant Llorenç en apenas dos horas. Un año después, una dana en la Vega Baja sumergió localidades enteras de Alicante y Murcia, cobrándose siete vidas y causando pérdidas multimillonarias. 

Esta dinámica litoral culminó a principios de 2020 con la borrasca Gloria, un temporal de levante sin precedentes que engulló tres kilómetros del Delta del Ebro y dejó 14 víctimas mortales. En enero de 2021, la borrasca Filomena colapsó el centro del país —especialmente Madrid— con una nevada y ola de frío históricas. En septiembre de 2023, una dana barrió Madrid y Toledo, destrozando puentes vitales en zonas como Aldea del Fresno y arrebatando la vida de seis personas.

A finales de 2024, una catastrófica dana devastó la Comunidad Valenciana y amplias zonas del centro y sur peninsular, dejando registros históricos como los casi 500 litros por metro cuadrado en apenas ocho horas en Chiva y un trágico saldo de 239 personas fallecidas (231 en la Comunitat Valenciana, siete en Castilla-La Mancha y una en Andalucía).

Más tarde, en octubre de 2025, la borrasca Alice volvió a golpear el sureste, sumergiendo áreas de Alicante y Murcia bajo nuevas riadas urbanas. Y más recientemente, en Grazalema (Cádiz) se acumularon más de 3.580 mm entre finales de 2025 y principios de 2026.

Si te gusta este artículo, apóyanos con una donación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Siguiente artículo

Artículos relacionados