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Al menos tres personas han muerto como consecuencia del temporal de lluvias que afecta a España desde el pasado jueves. Una de ellas, en la provincia de Albacete; las otras dos en la de Barcelona, donde este lunes por la mañana aún seguía un joven desaparecido.
El episodio ha dejado acumulados superiores a los 200 litros por metro cuadrado en distintos puntos de Catalunya, y ha provocado crecidas extraordinarias de varios ríos. En Barcelona, la estación de Can Bruixa, en el distrito de Les Corts, registró 213 l/m² en 24 horas, su mayor acumulación diaria desde que comenzó a funcionar hace 39 años. Por su parte, el río Besòs alcanzó en Santa Coloma de Gramenet un caudal cercano a los 936 m³/s, su mayor crecida del siglo XXI. En la comarca del Maresme, algunos puntos superaron también los 200 l/m² durante el episodio.
Un temporal que todavía no ha terminado
Tras varios días de lluvias especialmente intensas en la fachada oriental, la inestabilidad se ha extendido este lunes a buena parte de la Península. Nueve comunidades autónomas mantienen avisos meteorológicos, aunque el nivel de riesgo es ya inferior al alcanzado durante las jornadas más críticas en Catalunya. La AEMET mantiene avisos naranjas en Catalunya, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Extremadura, mientras otras cinco comunidades permanecen con avisos amarillos.
La situación meteorológica está condicionada por una dana situada al oeste de Portugal, que favorece el desarrollo de chubascos y tormentas en amplias zonas del país. Este lunes, las precipitaciones afectan especialmente al centro y al este peninsular, mientras que el martes se espera una extensión de la inestabilidad a más territorios. Desde la Agencia Estatal de Meteorología avisa de que los chubascos podrán ser localmente fuertes o muy fuertes y estar acompañados de granizo. A partir de la segunda mitad de la semana, la previsión apunta a una progresiva disminución de las lluvias.
En Cataluña, sin embargo, la jornada ha comenzado con un nuevo episodio de lluvias torrenciales. La AEMET llegó a activar durante la mañana el aviso meteorológico rojo en el prelitoral de Barcelona, haciendo especial hincapié en el entorno de Granollers. En esta zona, debido a la formación de tormentas estacionarias, se llegaron a superar los 90 litros por metro cuadrado en menos de una hora. Ante el alto riesgo de inundaciones y crecidas súbitas, el episodio obligó a activar alertas e instar a la población a seguir las indicaciones de Protección Civil.
Las consecuencias se han trasladado también a las infraestructuras. La circulación de Rodalies se ha visto afectada en varias líneas, con tramos ferroviarios sustituidos por autobuses, mientras las lluvias han provocado incidencias en carreteras y en distintas líneas del metro de Barcelona. El agua también ha afectado a centros sanitarios, centros educativos y viviendas. Hasta las 10:00 horas de este lunes, el teléfono de emergencias 112 había recibido 8.914 llamadas relacionadas con 6.595 incidentes en Cataluña.
El Mediterráneo, un hervidero
Como explica Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), en este episodio «ha sido sin duda un factor relevante la temperatura del agua del mar Mediterráneo». En zonas concretas como el mar Balear, los registros superaban a finales de septiembre los 26 ºC, «una temperatura más propia de finales de agosto y récord para las fechas en las que se registraron».
Esta anomalía térmica provoca que las aguas marinas actúen como «un extraordinario aporte de energía» para la atmósfera. El meteorólogo detalla que las altas temperaturas disparan la evaporación, lo que humedece de forma extraordinaria las masas de aire superficiales y favorece la rápida formación de potentes núcleos tormentosos.
Esta inmensa cantidad de energía permite que estas células descarguen «mucha cantidad de precipitación sin que a priori las condiciones atmosféricas fueran las más favorables para ello». Y sobre las causas de fondo de esta virulencia, Rubén del Campo sostiene que «el calentamiento de las aguas del mar, impulsado por el cambio climático antropogénico, hace que las situaciones de lluvias torrenciales sean más adversas».

