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El comienzo del año arrancó con la tónica habitual de los últimos años: con una campaña de desprestigio hacia la Agencia Estatal de Meteorología, acusada (con una imagen falsa, como explican aquí desde Maldito Clima) de fallar en su predicción del invierno. Sin embargo, la AEMET estaba en lo cierto: el invierno meteorológico (que va desde diciembre hasta el 28 de febrero) tuvo carácter muy cálido en el conjunto de la España peninsular, impulsado por un mes de febrero de temperaturas verdaderamente excepcionales.
El 30 de noviembre del año pasado, la AEMET realizó su previsión para los meses de invierno. Entonces, estimó un 60-70% de probabilidad de que fuera “más cálido de lo normal en toda España”, mientras que con las precipitaciones señaló que “no está claro cómo será en cuanto a lluvias en la mayor parte del país”, asegurando que en el suroeste peninsular había un 40% de probabilidad de que fuera “un invierno más seco de lo normal”, frente a un 25% de que fuera más lluvioso.
Ahora, sabemos que la temperatura media de este invierno superó en 1 °C el promedio del período de referencia 1991-2020. Esta anomalía térmica lo sitúa por encima del quintil superior, otorgándole técnicamente el carácter de «muy cálido». Si se amplía el foco a la serie histórica iniciada en 1961, este ha sido el noveno invierno con mayor temperatura media en nuestro país. Lo más revelador de este dato es la aceleración de la tendencia: de los ocho inviernos históricos que han sido más calurosos que el actual, cuatro se han registrado en el corto margen que va desde la temporada 2019-2020.
El principal responsable de elevar la media ha sido febrero. El segundo mes del año registró una temperatura 2,4 °C superior al promedio habitual. Desde 1961, tan solo tres febreros han sido más cálidos (2020, 1990 y 2024).
Lo más preocupante no es solo el calor sostenido, sino la acumulación de extremos absolutos. AEMET señala que durante febrero se batieron seis récords diarios de calor: concretamente los días 10, 11, 23, 24, 25 y 26. Esto significa que esas seis jornadas registraron la temperatura media más alta en el conjunto de España desde al menos 1950. Para dimensionar esta anomalía hay que tener en cuenta que, en un clima no alterado, lo estadísticamente esperable serían cinco récords de este tipo a lo largo de todo un año. Febrero los superó en apenas veintiocho días.

Enésima campaña de bulos
Durante el arranque del año, España se vio afectada por hasta nueve borrascas con nombre (las cuales el cambio climático hizo más intensas y graves). Eso, sumado a una imagen atribuida falsamente a AEMET donde se decía que esperaban un invierno «cálido y seco», sirvió para hacer creer en redes que la agencia había errado en su predicción. Una campaña de desprestigio a la que se sumaron muchos medios, periodistas y personalidades, como es ya habitual.
Pero la realidad es que la AEMET indicó en noviembre una alta probabilidad de un invierno térmicamente cálido, y dejó claro que no había señales concluyentes sobre las precipitaciones en la mayor parte del país, sin prometer en ningún momento una ausencia de lluvias.
Asimismo, que el promedio trimestral sea cálido no excluye los eventos de frío. La propia gráfica de evolución diaria de AEMET refleja un claro episodio gélido en las fechas de navidad y unos valores normales a lo largo del resto del mes de enero. Esa sensación de frío puntual fue explotada en redes para negar el calentamiento global, ignorando que tanto diciembre como febrero estuvieron ampliamente dominados por temperaturas por encima de lo normal.
En conclusión, la lluvia no enfría las estadísticas globales y un abrigo en enero no anula la manga corta de finales de febrero. El invierno 2025-2026 pasa a los anales meteorológicos como una prueba más de que los termómetros en España siguen una clara tendencia al alza, donde los episodios fríos son cada vez más un espejismo puntual dentro de una pauta constante de calentamiento.




