El cambio climático hizo más intensas y graves las 9 borrascas recientes

Los episodios de lluvias extremas y vientos que afectaron a España, Portugal y Marruecos durante todo un mes causaron más de medio centenar de muertes, miles de desplazados y daños económicos millonarios.
El cambio climático hizo más intensas y graves las 9 borrascas recientes
Un vecino de Grazalema rompe un muro de una casa para drenar el agua de las lluvias por la borrasca Leonardo. Foto: REUTERS/Jon Nazca.

Desde mediados de enero de 2026, una sucesión implacable de nueve borrascas con nombre (Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, Marta, Oriana, Nils y Pedro) ha golpeado con dureza a España, Portugal y Marruecos. Este fenómeno, caracterizado por vientos huracanados y precipitaciones torrenciales, no es solo un capricho meteorológico: un nuevo estudio de atribución realizado por científicos internacionales confirma que el cambio climático de origen humano ha intensificado estas lluvias de forma drástica.

El análisis, publicado este jueves por el World Weather Attribution, identifica que los días más lluviosos en el Mediterráneo Occidental son ahora aproximadamente un tercio más húmedos que antes de que el planeta se calentara 1,3 °C por encima de los niveles preindustriales. En concreto, los datos observacionales muestran un aumento en la intensidad de los eventos de lluvia extrema de un 36% en la región sur y de un 29% en la zona norte desde mediados del siglo pasado. A este incremento, además, se sumó la influencia de la Oscilación del Atlántico Norte (NAO), que actuó como un multiplicador y añadió un 5% extra de severidad a las precipitaciones en la parte sur, mientras que su influencia en la región norte fue casi inapreciable.

Los datos de la red de climatología histórica revelan aumentos drásticos en la intensidad de las lluvias en ciudades como Pontevedra (+48%) o Granada (+45%), confirmando que, si bien la tormenta afecta a todo un país, sus latigazos más severos están golpeando con una fuerza sin precedentes a comunidades concretas.

En Grazalema (Cádiz), cayó en pocos días el equivalente a todo un año de lluvia. Por su parte, durante la tormenta Leonardo, regiones de Marruecos y Portugal registraron totales de lluvia diaria tan extremos que solo se esperarían, estadísticamente, una vez cada siglo.

La excepcionalidad de este invierno alcanzó su punto crítico el pasado 4 de febrero. Según el análisis de los investigadores, el sistema de presiones que dominó esa jornada presentó una estructura y una intensidad tan inusuales que los científicos no han logrado encontrar un solo análogo similar en todos los registros históricos

Muertes, destrucción y pérdidas millonarias

Desde el WWA ponen en valor los sistemas de alerta temprana de los tres países, que permitieron evacuaciones y, por ende, que el total de víctimas se mantuviera bajo dada la magnitud del evento. Aun así, el número de muertes superó el medio centenar.

En España, las inundaciones y los daños por vientos obligaron a evacuar a más de 12.400 personas y unos 115.000 habitantes en la Sierra de Cádiz se vieron afectados. Además, tres personas perdieron la vida durante la tormenta Harry. El Gobierno central destinó más de 7.000 millones de euros en ayudas, sumados a los 1.780 millones de la Junta de Andalucía. En Portugal, se registraron 18 víctimas mortales, causadas directa o indirectamente durante el tren de borrascas, con vientos de hasta 202 km/h que dejaron a un millón de personas sin electricidad. El Gobierno luso ha comprometido 3.500 millones de euros para la reconstrucción. En Marruecos, las inundaciones causaron en el norte 43 muertes, desplazaron a 300.000 personas y anegaron 110.000 hogares.

El factor humano y el papel de la atmósfera

Para determinar el papel del calentamiento global en las tormentas de la península ibérica y Marruecos, el WWA combinó el análisis de registros meteorológicos históricos con simulaciones de modelos climáticos para comparar la intensidad de las lluvias actuales frente a la era preindustrial, concluyendo que el cambio climático inducido por el ser humano ha aumentado significativamente la gravedad y el volumen de agua de estos episodios extremos en la región.

En la región norte, los modelos atribuyen directamente un aumento del 11% en la intensidad de las lluvias a las emisiones de carbono resultantes de la actividad humana. Sin embargo, en la región sur, los resultados de los modelos no fueron estadísticamente concluyentes debido a la alta variabilidad local, aunque los científicos subrayan que esto no significa que no haya efecto, sino que la evidencia física en las estaciones es más fuerte que la capacidad de los modelos para replicarla en esa zona concreta.

Varios factores meteorológicos han contribuido a la severidad de este invierno:

  1. Bloqueo atmosférico: un sistema de alta presión persistente sobre Escandinavia y Groenlandia actuó como una barrera física, canalizando tormenta tras tormenta hacia el suroeste de Europa. Sobre la vinculación de estas condiciones con el cambio climático, el WWA señala que es un área activa de investigación.
  2. Ríos atmosféricos y olas de calor marinas: aunque las aguas cercanas a la península ibérica y Marruecos no presentaban temperaturas anormalmente altas, las tormentas se vieron potenciadas por «ríos atmosféricos» que transportaron humedad desde una severa ola de calor marina situada más al oeste, en el Atlántico.
  3. Capacidad de carga de humedad: como apunta la doctora Clair Barnes, del Imperial College de Londres, una atmósfera más cálida retiene más humedad, lo que convierte cada fracción de grado de calentamiento en un factor que aumenta la peligrosidad de las tormentas.

El profesor David García-García, del departamento de Matemática Aplicada e Ingeniería Aeroespacial de la Universidad de Alicante y uno de los autores del estudio, recalca que el volumen de agua registrado es un «choque masivo» para el suelo y las infraestructuras de la región. El mensaje de la comunidad científica es inequívoco: el patrón de lluvias más intensas y extremas es ya una realidad provocada por las emisiones de gases de efecto invernadero.

Vulnerabilidad y gestión de desastres

El estudio subraya que la precipitación extrema representa una amenaza creciente para las infraestructuras y los hogares, especialmente aquellos situados en llanuras inundables. A pesar de los avances en la gestión de desastres en los tres países afectados, los especialistas advierten de la necesidad de mejorar la coordinación entre los sistemas de alerta temprana nacionales y municipales, además de invertir en la capacidad de respuesta local.

Maja Vahlberg, asesora técnica del Centro del Clima de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, destaca que la intensidad de estas lluvias está desbordando las defensas actuales: «No solo estamos luchando contra un cambio en el clima, estamos ante una crisis humanitaria impulsada por el calentamiento global».

Para la doctora Friederike Otto, codirectora de WWA, estas tormentas son «exactamente lo que parece el cambio climático»: patrones meteorológicos que antes eran manejables y que ahora se transforman en desastres peligrosos. La conclusión de los expertos es que, si bien el daño actual es grave, cada fracción de grado de calentamiento que se logre evitar ayudará a frenar la intensificación de futuros diluvios. Por ello, los expertos advierten que, ante la incertidumbre y la violencia de estos nuevos patrones, la planificación urbana precautoria y el cese de nuevas edificaciones en llanuras inundables son ya estrategias de supervivencia urgentes.

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